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30 diciembre 2014 2 30 /12 /diciembre /2014 16:46

 

La desintegración de Yugoslavia es un ejemplo extremo del callejón sin salida en que se encuentra el nacionalismo en los tiempos de la globalización. Los distintos nacionalismos en pugna apenas puede decirse que tengan algún rasgo progresivo. Es cierto que ha sido correcto apoyar a algunos de ellos mientras encarnaron la aspiración de los pueblos a quitarse de encima la opresión o la amenaza de opresión de Serbia y las antiguas Fuerzas Armadas federales. Pero inmediatamente, en cuanto se libraron de la tenaza serbia (e incluso antes) estos nacionalismos mostraron una radical incapacidad para cumplir la tarea que, en teoría, hubieran debido realizar: la constitución de naciones independientes.

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Extractos de GUERRA de KOSOVO de Andrés Méndez

en REVISTA HERRAMIENTA #10 julio 1999.

http://www.herramienta.com.ar/revista-herramienta-n-10/la-guerra-de-kosovo

http://www.herramienta.com.ar/revista-herramienta-n-10/la-guerra-de-kosovo

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Los diversos nacionalismos dentro de Yugoslavia mostraron una radical incapacidad para cumplir la tarea que, en teoría, hubieran debido realizar: la constitución de naciones independientes. Y mostraron también una fuerte tendencia a asumir velozmente todos los rasgos más repugnantes del nacionalismo : el odio étnico y la crueldad para aplastar los derechos nacionales de los otros.
Por supuesto, el caso de Serbia es paradigmático. Sin embargo, también sus oponentes croatas encontraron demasiado a menudo su fuente de inspiración, no en los nacionalismos revolucionarios del pasado, sino en uno de los episodios más negros de su historia : el fascismo ustasha, colaborador del nazismo ... EL NAZIONALISMO ...

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NACIONALISMOS y NAZIONALISMOS
Desde un punto de vista marxista, el nacionalismo siempre tuvo una doble cara. Si por un lado era un instrumento para construir Estados-naciones, barriendo con el pasado feudal y colonial, por otra parte esa construcción nacional siempre se hizo pisoteando los derechos de otras nacionalidades y, apenas constituidas como naciones, avanzaron sobre otros países para conquistar territorios, recursos o posiciones estratégicas. Ningún nacionalismo ha sido unilateralmente progresivo.

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El nacionalismo en los tiempos de la globalización

La desintegración de Yugoslavia es un ejemplo extremo del callejón sin salida en que se encuentra el nacionalismo en los tiempos de la globalización. Los distintos nacionalismos en pugna apenas puede decirse que tengan algún rasgo progresivo. Es cierto que ha sido correcto apoyar a algunos de ellos mientras encarnaron la aspiración de los pueblos a quitarse de encima la opresión o la amenaza de opresión de Serbia y las antiguas Fuerzas Armadas federales. Pero inmediatamente, en cuanto se libraron de la tenaza serbia (e incluso antes) estos nacionalismos mostraron una radical incapacidad para cumplir la tarea que, en teoría, hubieran debido realizar: la constitución de naciones independientes. Y mostraron también una fuerte tendencia a asumir velozmente todos los rasgos más repugnantes del nacionalismo : el odio étnico y la crueldad para aplastar los derechos nacionales de los otros.

Por supuesto, el caso de Serbia es paradigmático. Sin embargo, también sus oponentes croatas encontraron demasiado a menudo su fuente de inspiración, no en los nacionalismos revolucionarios del pasado, sino en uno de los episodios más negros de su historia : el fascismo ustasha, colaborador del nazismo.

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Desde un punto de vista marxista, el nacionalismo siempre tuvo una doble cara. Si por un lado era un instrumento para construir Estados-naciones, barriendo con el pasado feudal y colonial, por otra parte esa construcción nacional siempre se hizo pisoteando los derechos de otras nacionalidades y, apenas constituidas como naciones, avanzaron sobre otros países para conquistar territorios, recursos o posiciones estratégicas. Ningún nacionalismo ha sido unilateralmente progresivo.

Por otra parte, los nacionalismos de menor fuerza siempre fueron utilizados como peones por las potencias mayores. Marx y Engels, que sostuvieron con fuerza la causa de la unidad alemana o italiana, así como las luchas por su independencia de Polonia y Hungría, denostaban a los movimientos nacionales de los eslavos del sur, a los que consideraban (con buenas razones) agentes de la mayor fuerza reaccionaria de la Europa del siglo XIX : la Rusia zarista. En su visión, el nacionalismo que merecía apoyo por parte del socialismo era aquel que revolucionaba la sociedad y desbrozaba el terreno para el desarrollo pleno del capitalismo moderno, dentro del cual la clase trabajadora podía preparar su propia revolución social.

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La cuestión nacional fue materia de intensos debates en el movimiento socialista de principios de este siglo (siglo XX). En esas discusiones, Lenin sostuvo el apoyo al derecho de autodeterminación de las naciones, que implicaba su derecho a la formación de su propio Estado para cada nacionalidad que así quisiera hacerlo. Consideraba que éste era un paso necesario para completar “la transformación democrático-burguesa de los Estados, que conduce en todo el mundo, en mayor o menor grado, a la creación de Estados nacionales independientes o de Estados con la composición nacional más homogénea y afín”[5]. Pero agregaba que el reconocimiento de ese derecho “no significa en modo alguno que los socialdemócratas renuncien a apreciar de modo independiente la conveniencia de la separación estatal de una u otra nación en concreto. Por el contrario, los socialdemócratas deben hacer precisamente una apreciación independiente, tomando en consideración tanto las condiciones de desarrollo del capitalismo y de la opresión de los proletarios de las distintas naciones `pr la burguesía unida de todas las nacionalidades como las tareas generales de la democracia, y, en primer lugar y ante todo, los intereses de la lucha de clase del proletariado por el socialismo”[6]. A lo cual añadía una hostilidad manifiesta hacia el nacionalismo : “la socialdemocracia debe poner en guardia con toda energía al proletariado y a las clases trabajadoras de todas las nacionalidades para que no se dejen engañar por las consignas nacionalistas de «su» burguesía, la cual con discursos melifluos o fogosos acerca de la «patria», intenta dividir al proletariado”[7]. Como se ve, estaba muy lejos de brindar un respaldo irrestricto a todo ejercicio del derecho a la separación y formación de un Estado nacional.

La postulación leninista y el consecuente respaldo a los movimientos que se reivindicaran el derecho a su propia autodeterminación tenían un sólido anclaje en la existencia del sistema imperialista, bajo el cual la mayor parte de los países del mundo se encontraban en situación de colonias controladas por un puñado de potencias europeas y Japón. En esas condiciones, el derecho a constituir un Estado era la condición para que esos países pudieran desarrollar su capitalismo.

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Hoy, es evidente que esas condiciones ya no existen. Con pocas, y en general minúsculas excepciones, no hay colonias. Por supuesto, no ha desaparecido la dominación de unos países por otros, tanto económica como políticamente, pero ese problema no se resuelve con la formación de Estados, que por otra parte ya existen. El derecho a la autodeterminación nacional, esgrimido como definición abstracta fuera de las condiciones reales, no ofrece una respuesta automática a las necesidades e intereses de los pueblos. Y, lo que es más grave, aplicado como un principio universal con prescidencia de las condiciones concretas, conduce a un callejón sin salida. Ese callejón en el que, en los meses pasados, los intelectuales europeos se han acuchillado (con palabras, naturalmente) para dirimir la cuestión de si la se deben apoyar los derechos nacionales de los albaneses de Kosovo frente a la agresión serbia o los derechos nacionales de los serbios ante la agresión de la OTAN. Cuestión que, desde luego, es insoluble si se la plantea exclusivamente desde el ángulo de los derechos nacionales.

La constitución de nuevos Estados nacionales, por lo tanto, ya no responde a las mismas condiciones y objetivos que en la época de los análisis clásicos del marxismo clásico. Con una frase ajustada, el historiador Eric Hobsbawm sostiene que los nacionalismos de hoy no son constructores, sino destructores de Estados-nación[8]. El reclamo contra la opresión nacional de los albaneses de Kosovo o de los kurdos de Turquía, Irak e Irán merece la solidaridad de todas las fuerzas que se consideran revolucionarias, progresistas o meramente democráticas. Pero no tiene ninguna relación con la constitución de naciones capaces de desarrollarse como tales. Los problemas de esos pueblos, como los de otros que sí tienen “su” propio Estado, sólo pueden resolverse en el terreno mundial. En las actuales condiciones económicas y políticas, la independencia no es capaz de darles solución y es ilusorio pensar en un desarrollo capitalista que borre las desigualdades. La desigualdad (entre países y entre clases) es una característica intrínseca del capitalismo y no son los actuales Estados nacionales, y tampoco los nuevos que se formen, los que la supriman.

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Por eso, el nacionalismo en nuestros días no conserva los rasgos progresivos que tuvo en el pasado. En cambio conserva, y exacerbados, sus aspectos más nocivos.

 

Las tendencias nacionalistas responden, no ya a un desarrollo económico y democrático dentro de las fronteras nacionales, sino a las convulsiones de una globalización capitalista que atropella a pueblos e individuos de todo el mundo. El nacionalismo es una reacción sin perspectivas ante las calamidades y enfrenta pueblo contra pueblo y etnia contra etnia. El actual auge de la xenofobia y de los separatismos no es signo de vitalidad del nacionalismo, sino de su profunda decadencia. El internacionalismo, más que nunca, es la única vía posible para encarar los problemas de la Humanidad. La globalización ha derribado, en gran medida, las fronteras para las mercancías y los capitales, pero mantiene las rejas de las fronteras para los trabajadores. La salida no está en la ya imposible vuelta a levantar fronteras y aduanas, sino en suprimir las rejas, externas e internas, que aprisionan a la inmensa mayoría de seres humanos que trabajan y producen.

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[1] Chetniki es el plural de chetnik. Las milicias serbias en Bosnia y Kosovo han adoptado en nuestros días la denominación de aquellos combatientes nacionalistas que, en su pugna con los comunistas, no dudaron muchas veces en hacer alianzas tácticas con las propias fuerzas de ocupación alemanas.

[2] Jean-Phillippe Divès y Gérard Combes, “La cuestión albanesa en la ex Yugoslavia” en Nuevo Curso Nº 2, pág. 53.

[3] En adelante, todas la referencias a esta organización se harán con su sigla en la lengua original : UCK.

[4] “El imperialismo contra los pueblos de los Balcanes”, en Nuevo Curso Nº 2, abril-junio de 1999, pág. 24.

[5] V.I. Lenin, Tesis sobre la cuestión nacional, en Obras Completas, Editorial Progreso, Moscú, 1984, t. 23, pág. 332.

[6] Idem, pág. 333.

[7] Idem, pág. 334.

[8] E.J. Hobsbawm, Naciones y nacionalismo desde 1780, Grijalbo Mondadori, Barcelona, 1995.

Extractos de GUERRA de KOSOVO de Andrés Méndez

en REVISTA HERRAMIENTA #10 julio 1999.

http://www.herramienta.com.ar/revista-herramienta-n-10/la-guerra-de-kosovo

http://www.herramienta.com.ar/revista-herramienta-n-10/la-guerra-de-kosovo

Algunos historiadores sostienen que la guerra de Kosovo formó parte de una campaña orquestada por Estados Unidos con el objetivo de aumentar su control en los Balcanes, debilitar a Serbia (tradicional aliado de Rusia), derribar el régimen de Milošević21 y lograr establecer bases militares en un territorio relativamente cercano a Rusia. Para ello, se argumenta que las cifras de muertos fueron deliberadamente aumentadas,20 y que efectivos de inteligencia norteamericanos colaboraron con la guerrilla del UÇK, a quien adiestraron para su lucha contra las fuerzas federales yugoslavas.22

Tras la derrota de Serbia en la Guerra de Kosovo, el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas adoptó la Resolución 1244 con el fin de dar una solución transitoria al problema kosovar. El territorio de Kosovo, aunque se mantuvo de iure como parte de la RF de Yugoslavia, pasó a ser administrado de forma autónoma y provisional por la Misión de Administración Provisional de las Naciones Unidas en Kosovo (MINUK) mientras la seguridad y estabilidad de la zona y la conservación del alto al fuego fue encargada a la fuerza multinacional KFOR. Pese a esto, se realizaron varios actos de venganza por parte de albaneses contra la comunidad serbia, lo que provocó el éxodo de los afectados hacia Serbia; aunque las cifras varían según la fuente, son entre 65,000 y 250,000 los desplazados. Otros grupos de serbios formaron enclaves en algunas zonas del país, especialmente en el sector al norte del río Ibar.

Actualmente Kosovo o Kósovo1 (en albanés: Kosova o Kosovë; en serbio: Косово o Косово и Метохија, Kosovo o Kosovo i Metohija) es un territorio en disputa ubicado en la península de los Balcanes, en el sureste de Europa.

El estatus de Kosovo es motivo de controversia.
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Serbia considera a Kosovo una provincia autónoma dentro de su propio territorio, en conformidad con su propia constitución y con la Resolución 1244 del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas.6 El gobierno serbio ya no interviene directamente en la administración de este territorio desde 1999, puesto que, al finalizar la Guerra de Kosovo, su administración quedó en manos de la OTAN y de la Misión de Administración Provisional de las Naciones Unidas en Kosovo por mandato del citado Consejo de Seguridad.
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Por su parte, el gobierno provisional de Kosovo, en cuyo territorio la etnia albanesa tiene predominio numérico, declaró unilateralmente su independencia de Serbia el 17 de febrero de 2008 con el apoyo de Estados Unidos y la mayoría de los países que integran la Unión Europea.
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Actualmente es reconocido como Estado por 108 de los 193 miembros de Naciones Unidas. Serbia, Rusia, España y otros países no aceptaron este hecho unilateral ni reconocen a la República de Kosovo como Estado soberano. La comunidad internacional se encuentra dividida entre los países que han reconocido oficialmente la independencia de Kosovo, los que se niegan a reconocerla y los que han declarado su neutralidad o su esperanza de una evolución positiva de los acontecimientos.
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http://es.wikipedia.org/wiki/Kosovo

 

http://www.kosovo.net/3dmap.html

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El Oto 357

Ollanta Humala tratando de deshacerse de su pasado etnocacerista ...

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NAZIONALISMO OLLANTA HUMALA STYLE

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El dilatado historial político de Ollanta Humala en el Perú.

En 2008 pide un referendum constitucional para reinsaturar la Constitución del 79.

En el 2007 mantuvo contactos con el antiguo presidente Alejandro Toledo en quien encuentra un apoyo frente a Alan García. Humala mantiene el liderazgo en la zona sur del país.

En las elecciones de 2006 perdió por escasa diferencia frente a Alan García Pérez (Alan 52,62% – Humala 47,37%). En abril de ese mismo año Ollanta Humala era enjuiciado por el caso Andahuaylas, acusado de ser el autor intelectual de aquellos sucesos en los que murieron seis personas.

En octubre del 2005, pasaba a convertirse en el líder del Partido Nacionalista Peruano. Es entonces cuando anuncia su intención de llegar a la Presidencia del Perú en el 2006. Al no poder inscribir su partido para las elecciones, se alía con Unión por el Perú. Esa candidatura, llevó a Ollanta Humala, de 42 años, a ocupar un alto puesto en las votaciones de la primera vuelta.

En abril de 2005 funda el Partido Nacionalista Peruano con su mujer Nadine Heredia. En este mismo año, había tenido lugar una sublevación militar contra el gobierno dirigida por su hermano pocos días después de que a Ollanta le relevaran de su cargo de asesor militar en Corea del Sur.

El 1 de enero de 2005 Antauro Humala dirige un grupo de militares y toma la comisaría de la ciudad sur andina de Andahuaylas, para forzar la renuncia de Alejandro Toledo. Mueren cuatro policías y dos etnocaceristas. Antauro Humala, hermano de Ollanta, lidera el Movimiento.

Desde mayo de 2004 hasta diciembre, en que pasa a retiro forzoso, Ollanta Humala reside en Seúl como agregado militar.

Desde el 2002 hasta mayo de 2004 estuvo destinado a la Embajada del Perú en Francia, como agregado militar adjunto. El gobierno de Alejandro Toledo, le dio este destino tal vez como compensación por su sublevación contra Fujimori o tal vez para alejar de los círculos de poder a un militar conflictivo que ya tenía cierto predicamento.

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  • Biólogo desde hace más de treinta años, desde la época en que aún los biólogos no eran empleados de los abogados ambientalistas. Actualmente preocupado …alarmado en realidad, por el LESIVO TRATADO DE(DES)INTEGRACIÓN ENERGÉTICA CON BRASIL
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