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14 mayo 2015 4 14 /05 /mayo /2015 18:47

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El historiador británico Antony Beevor, autor de Stalingrado, publicó en 2012 su nueva obra La Segunda Guerra Mundial, -Editorial Pasado y Presente- un momumental ensayo sobre la mayor conflagración de la Historia, que rechaza la clásica  división entre Europa y Pacífico e integra los conflictos paraleos como la Guerra Chino-Japonesa, los orígenes de la guerra civil entre los nacionalistas de Chan Kai Shek y los comunistas de Mao, las confrontaciones entre Japón y Rusia o la irrupción de Ho Chi Minh en Indochina, por citar algunos de ellos y analiza  la interrelación  de cada uno con los dos grandes escenarios de la lucha de las cinco grandes potencias: Gran Bretaña, Alemania, EEUU, Japón y la URSS.

Una ambiciosa revisión que aporta, además de las novedades de la guerra en Asia, nuevos datos sobre las operaciones en el frente Este entre los soviéticos y los nazis, que según sus propias palabras sigue deparando aspectos desconocidos. El autor atendió a La Aventura de la Historia  brindándonos una extensa entrevista en la que desgrana algunos de los pormenores del libro, además de comentar la actualidad de la crisis europea y sus similitudes y diferencias con la gran crisis de los años 30, que abocó a Europa al desastre. En el próximo número de noviembre se publicará, además, un completo análisis de la obra a cargo del historiador Julio Gil Pecharromán.
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P.- En su libro comenta que el factor dominante de la IIGM fue un guerra civil internacional entre la izquierda y la derecha. ¿En que consiste esa apreciación?
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R.- Bueno eso es sólo un aspecto, lo importante es que fue una mezcla de dos cosas, una variedad de coflictos civiles por un lado y el choque de las grandes potencias por otro. No se puede decir que fuera la izquierda contra derecha porque, obviamente, Churchill y Stalin tenían una ideología opuesta y sin embargo fueron aliados, así que por una parte hubo un conflicto entre Gran Bretaña, Alemania, Unión Soviética, EEUU y Japón, pero paralelamente, de forma soterrada, había un guerra civil internacional que afectó a muchos países, especialmente aquellos que fueron ocupados, debido a una gran división, muy maniquea, que existía entonces entre comunismo y fascismo y que pervivió desde 1917 hasta los años treinta.
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P.- Explíqueme como afecta la visión de esos conflictos en el contexto de la IIGM.
“Durante la IIGM se produjo una guerra civil internacional entre la izquierda y la derecha”

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R.- Sí, creo que el problema es que tendemos a focalizar la IIGM desde la perspectiva puramente europea, como resultado se considera sólo los conflictos entre las grandes potencias, pero de hecho, casi cualquier país del mundo se vio afectado de una manera u otra, y por eso se necesita integrar o mostrar al menos cómo estos distintos conflictos interactuaron entre ellos y en general en la IIGM. Éste es el planteamiento principal del libro, porque creo que se ha simplificado mucho en el pasado, incluso con la tradicional división de la guerra en Europa y la guerra en el Pacífico, ya que esto facilitó que no se establecieran las interrelaciones entre ambos escenarios.
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P.- En este sentido sorprende la gran dedicación en el libro a adentrase en la complejidad de la guerra en Asia, un aspecto que en Europa tendemos a minimizar.
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R.- He tratado de integrar la guerra en Asia en el conjunto total y para ello he incluido los antecedentes de la guerra chino-japonesa e incluso los orígenes de la guerra civil entre los nacionalitas de Chan-Kai-Shek y los comunistas de Mao, y de cómo la causa de los nacionalistas estaba abocada al fracaso, o si lo prefiere, cómo Roosevelt y los estadounidenses hicieron tanto para que Chan Kai Shek no ganara, que es una de la ironías de la Historia, de las muchas que brindó la Segunda Guerra Mundial.

Cuando piensas en todas las guerras civiles que emergieron -como en China- es más fácil percibir ese componente de la guerra civil internacional que se gestó durante la IIGM y que en algunos casos se interrumpió debido al choque de las grandes potencias, pero que cuando el gran conflicto terminó en 1945, estallaron de nuevo. No fue sólo China, también en Vietnam donde los nortreamericanos habían estado prestando apoyo a Ho Chi Minh, en parte porque estaban en contra del colonialismo francés.

Hay por lo tanto una serie de corrientes o influencias contradictorias de fondo, pero el devenir fundamental de la guerra chino-japonesa está en el libro aunque nadie ha escrito todavía una historia verdaderamente completa. Para hacerse una idea de lo difícil que es aún, hasta ahora lo que se sabía es que en total murieron unos 20 millones de chinos, mientras que nuevos historiadores asiáticos comienzan a dar unas cifras de 40 millones…Lo que muestra lo limitado que es nuestro conocimiento sobre este conflicto. Lo único que podemos hacer por el momento es el de dar una idea de cómo encaja esta confrontación en el esquema general de la guerra de las grandes potencias.

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 P.- ¿Se debe a la dificultad de acceder a los archivos de China y Japón?
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R.- Sí es uno de lo problemas claros. Sin embargo, lo que es esperanzador es que nuevos historiadores japoneses, jóvenes, están trabajando por conseguir nuevos datos, pero no sólo de los archivos de su país.  Por ejemplo,  un historiador japonés  ha encontrado información sobre el el tema del canibalismo, que fue censurado, y enterrado, y lo obtuvo de los archivos norteamericanos, así que nunca se puede preveer de que fuente puede surgir, pero lo verdaderamente positivo es que la nueva generación de historiadores está plantando cara a la negativa de la anterior generación a admitir las atrocidades cometidas, de forma que la verdad comenzará a surgir, aunque todavía quede un camino largo por recorrer.
“No es la obra ‘definitiva’ sobre la II Guerra Mundial, ninguna puede serlo, siempre habrá nuevos datos”

En ese sentido los redactores del Washington Post fueron muy amables al reseñar mi libro como la historia definitiva de la IIGM, pero sencillamente no es verdad, ningún libro de Historia es definitivo, no puede serlo, es de locos.  Siempre va ha haber nuevo material que aparezca, de archivos que aún hoy están cerrados, otros que no lo estuvieron pero ahora sí y que no se estudiaron en profundidad.
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P.-  Respecto a Europa la historiografía clásica señala la Guerra Civil Española como el primer escenario de la IIGM…
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R.- No lo creo. No se puede definir cada conflicto en relación a la IIGM. Yo diría que España sí formaba parte de esa guerra civil internacional que se había desatado en 1917 , pero no necesariamente una parte de esa gran guerra de potencias que comenzó en 1939. Desde ese punto de vista, si la República hubiera resisitido hasta septieembre de 1939 se podría haber argumentado que la Guerra Civil Española fue una vertiente más de la IIGM, pero no fue así.
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P.-  En su obra escribe que la “crisis global del capitalismo llevó a un declive de las democracias liberales y una eclosión del radicalismo”  ¿Qué similitudes encuentras con la actual crisis del Euro y la debacle del capitalismo en los años 30? ¿Se pueden esperara unas consecuencias similares?
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R.- Desde luego, hay muchas similitudes, pero también unas cuantas diferencias, la más fundamental es que no tenemos aquella división entre fuerzas fascistas y comunistas, más bien al contrario, no tenemos una ideología alternativa que seguir. Nadie sabe muy bien que hacer en un momento en que el socialismo ha fallado y el capitalismo también, y hay una gran pregunta sin respuesta: ¿Hacia dónde vamos?

Esto se puede ver muy bien respecto al fracaso del capitalismo: en el pasado éste se podía justificar sobre la base de que, aunque existía una gran brecha entre ricos y pobres, al menos los más desfavorecidos mejoraban lentamente su estatus, pero eso ya no ocurre. Los pobres se hacen más pobres, por lo que el capitalismo ha perdido su gran baza, la justificación moral que se basaba en el paulatino progreso de la clase baja. Y esta es la gran pregunta porque ¿Cómo cambias ahora?

Desde luego los países del sudeste asiático o las economías emergentes como India o China no lo van a hacer en absoluto, es decir no van a mutar hacia un modelo económico más amable, por llamarlo de alguna manera. Ellos entienden que es su momento para tomar el control, sobre todo porque perciben cómo el Oeste ha entrado en declive.

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 P.- ¿Asia es la amenaza?
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R.- Sí, porque entienden que es su momento para convertirse en las potencias hegemónicas del mundo. La otra similitud obvia entre los años treinta y hoy es la del nacionalismo, emergente otra vez, debido a que el poder de las instituciones europeas de la UE se está concentrando peligrosamente en muy pocos lugares: Frankfurt, Bruselas, lo que llevará sin duda a una reacción cada vez mayor en España, Italia, Grecia etc por el sentimiento de no tener las riendas de su propio destino. Esto va a ser siempre un peligro, pero no veremos otra vez una segunda o tercera guerra mundiales simplemente porque la Europa de hoy no está militarizada, como sí lo estaba la de los años treinta. Será un mundo en desorden, con revueltas, acciones callejeras etc pero no en guerra.

Es muy sorprendente, sin embargo, la tranquilidad con la que España está viviendo un periodo tan convulso. Aunque ha habido manifestaciones de protesta y concentraciones en el Parlamento, en general la reacción está siendo muy tímida y muy poco violenta, si tenemos en cuenta el nivel de paro de la juventud y su grado de descontento.

El propio embajador británico en Madrid se sorprendía de ello y argumentaba que el recuerdo de la Guerra Civil Española ejercía como freno…puede que sea verdad o no, aunque ciertamente es un elemento a tener en cuenta. Lo mismo pasa en Grecia donde ya no es un recuerdo sobre la guerra civil si no sobre la dictadura de los coroneles y sabemos que ahora mismo el Ejército griego está en disposición de tomar el control , pero no sabrían que hacer con él, así que prefieren que los ciudadanos carguen primero con el problema.

 

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P.- ¿Qué hay de nuevo respecto a al guerra en Europa?
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R.- Sobre todo se refieren a la guerra en el frente Este. Como la Operación Marte por ejemplo. Fue una de las más cínicas y crueles operaciones de toda la historia de las campañas militares. Sacrificaron 215.000 hombres tan sólo para una operación de diversión, un señuelo, y creo que eso es muy relevante, porque de hecho filtraron los detalles de la operación a los alemanes con antelación para asegurarse de que la Werchmacht no desplazara las unidades que tenía en el centro, en Moscú,  hacia Estalingrado cuando la verdadera gran ofensiva comenzó en ese escenario.

Ahora bien ¿Qué tipo de gobierno democrático podría haber tomado una decisión asi? Sería totalmente impensable, inasumible, ni siquiera podrían haberlo considerado, sacrificar directamente más de 200.000 vidas sólo para crear un gran señuelo. Esto es sólo una muestra de por qué la guerra en el Este fue totalmente difernete  a la del frente occidental. Ningún ejeército democrático hubiera sobrevivido a Estalingrado. Los norteamericanos, ingleses o franceses se habrían rendido, porque existe una idea del límite del sufrimiento.
“Las bombas de Hiroshima y Nagasaki salvaron, irónicamente, muchas vidas”
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P.- Exactamente igual que en el caso de los japoneses entonces, que tenían la intención de sacrificar hasta el último soldado antes que rendirse…
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R.- Sí, sólo que en ese caso estaba respaldado por una cultura muy específica, una idiosincrasia muy particular transmitida durante siglos que lo hacía aceptable, honorable, deseable incluso. Aunque es cierto que en el ejército rojo existía la orden personal de Stalin de que los soldados se quitaran la vida antes de ser apresados por los nazis, al igual que ocurría en el caso de Japón.
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P.- Esto va también un poco en la dirección de sus argumentos sobre las bomba atómicas lanzadas sobre Hiroshima y Nagasaki, que en su libro considera que fue una decisión dolorosa pero acertada.
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R.- Estoy cada vez más seguro de ello y más aún después de ponerlo en común con otros colegas. Creo que no hay duda de que las bombas salvaron más vidas japonesas, lo cual resulta una terrible paradoja, pero es cierto, porque si la lucha se hubiera prolongado hasta 1946 con los civiles japoneses obligados por los militares a defender incluso con espadas de bambú si hiciera falta a lo largo y ancho de toda la isla habría significado la muerte de otros dos millones o más, sin contar con los que habrían muerto de hambre, ya que el país se encontraba ya en en ese momento en el borde de la hambruna.

Si hubieran continuado un año más habría llevado a todo eso. No hay más que ver el ejemplo de Okinawa , alrededor de 100.000 civiles murieron y eso que no estaban luchando, estaban escondidos en escondrijos y cuevas simplemente porque no se rendían, y había que seguir bombadeando con artillería. Si solo por el hecho de seguir resistiendo, no ya luchando, porque carecían de posibilidades para hacerlo, murieron ya 100.000, imagínate lo que habría sido en Japón. No, creo que no hay duda sobre el tema de las bombas, en retrospectiva fue una decisión correcta

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 P.- Respecto a la entrada de EEUU en la guerra y la declaración de guerra de Hitler, hay un capítulo en el que cita que los oficiales alemanes estaban ya completamente seguros de la derrota, ¿Que hay de Hitler? ¿Podía no saber que eso iba ocurrir? ¿pensaba realmente que ya era imposible ganar?
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R.- Bueno Hitler era muy extraño en el sentido de que a menudo su mente trabajaba en dos niveles diferentes al mismo tiempo. Cuando invadió la Unión Soviética justificó la decisión ante sus generales sobre la base de que aquello rendiría a Gran Bretaña, un razonamiento un tanto peregrino que se fundamentaba en que los ingleses estaban resistiendo con la esperanza de que los soviéticos acabarían entrando en la guerra como sus aliados. Luego si ellos golpeaban primero con la invasión de la Unión Soviética y la opcupaban, eliminado esa amenaza, Gran Bretaña se quedaría sin nada a lo que agarrarse y acabarían rindiéndose. Éste era uno de sus argumentos preferidos desde el punto de vista estratégico.

De la misma forma, cuando decidió declararle la guerra a los EE.UU en diciembre de 1941, sus generales estaba horrorizados pero de nuevo utilizó un argumento similar: para acabar con Gran Bretaña era necesario hundir literalmente su cordón umbilical de suministros, material, pertrechos, combustible etc que llegaba desde el otro lado del oceáno vía EE.UU, si podía  trasladar la guerra submarina total sin restricciones ni cortapisas de ningún tipo a la misma costa este de EE.UU hundiendo cada barco que zarpara en el atlántico norte, podía conseguir el abatamiento de los británicos, que quedarían totalmente aislados, aunque eso en realidad ya lo estaba haciendo, y por tanto sabía que pasara lo que pasara Roosevelt acabaría entrando en la guerra, algo en lo que no se equivocaba, así que era mejor ser los primeros en atacar.

Sin embargo, como ya ocurrió en otros de los movimientos audaces de Hitler lo que le falló fue la planificación, no la estrategia. La Kriegsmarine se deseperó con la declaración de guerra sin que le hubieran dado dos o tres semanas para poder concentrar los submarions necesarios en la costa este y aniquilar cualquier intento de salir de EE.UU por el atlántico norte, se precipitó porque se dejaba llevar por el orgullo, la pasión y además no escuchaba nunca consejos sobre las cuestiones técnicas, le aburrían los pormenores de las operaciones.
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P.- Es decir que sí debía saber que era imposible ganar.
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R.- En algunos momentos de lucidez sí, sabía que la guerra podía estar perdida, pero entonces se autoengañaba a sí mismo con cualesquiera argumentos que pudieran servirle, especialemente el del desarrollo de nuevas armas que le dieran la supremacía. Fantaseaba a menudo en este sentido  y lo hizo hasta el último momento. Hitler no se dio verdaderamente por vencido, a nivel personal hasta la misma Batalla de Berlín cuando supo que el noveno ejército jamás llegaría a socorrerlo, que es cuando así se lo hizo saber a todo sus allegados y colaboradores cercanos.

Respecto al comportamiento de Hitler, hablé una vez con un psiquiatra inglés tremendamente prestigioso y respetado, muy interesado además en la figura de  Hitler y Stalin y le pregunté: ¿cómo analizarías el comportamiento la personalidad de Hitler? Me contestó: puedes estar seguro de que Stalin era un esquizofrénico paranoico pero lo que ocurre con Hitler es que sufría más bien de un desorden de la personalidad…Y yo le dije ¡Vaya! si eso es todo es increíble hasta donde llegó ese desorden de la personalidad. Estuve en Noruega hace poco justo después de los asesinatos que tuvieron lugar, y el país estaba absolutamente conomocionado, confuso y aterrorizado preguntandose si el Mal como ente existía o si se puede justificar como una enfermedad mental que provoca estos asesinatos, es decir que el mal como tal no existe que es sólo una enfermedad. Es una de esas cuestiones filosóficas y que ningún historiador es capaz de responder.
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P.- ¿Se han olvidado las atrocidades de los Aliados?
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R.- Bueno, todo hay que verlo en contexto, ciertamente no eran ángeles pero es algo que hay que ver en contexto sin llegar a cometer lo que se denomina psicoanacronismo y es el de tratar de imponer la visión de nuestros principios morales a una época pasada. Pero aún teneindo en cuanta eso, tenemos diferentes aspectos, está el hecho de matar  a prisioneros que es un fenómeno propio de la guerra y que tiene su vertiente puramente práctica y militar, que no sé si se puede considerar una atrocidad, así que cuando entras en la definición de crímenes de guerra yo creo que hay un aspecto esencial que lo diferencia del resto de muertes acaecidas cuando se produce una guerra y es la muerte deliberada de  civiles indefensos.

En este sentido, el único verdadero crimen de guerra en el que se vieron involucrados los ingleses y los norteamericanos, especialmente los primeros, fue en la campaña de bombardeos estatégicos sobre Alemania. Y esto es una cuestión que se va a debatir en Gran Bretaña en las proximas semanas y en el que yo voy a defender una posición en contra de esa campaña de bombardeo, aunque no en todos los aspectos.

Por ejemplo, creo que era totalmente innecesario seguir bombardeando las ciudades alemanas a partir del verano de 1944.  Pero hasta entonces antes de juzgar esa estrategia hay que entender como se gestó y se desarrolló.

Después de la destrucción de las ciudades británicas y otras muchas europeas a partir de 1941 y 1942, la única esperanza de los ingleses para que los soviéticos no fueran derrotados residía en el hostigamiento de las ciudades alemanas y esto se debía también a un factor que se pasa por alto a veces: la poca precisión de los bombarderos de esa época y más aún durante el invierno, lo que hacía que bombardear ciudades garantizase al menos que se alcanzaba algún objetivo, si este era uno estratégico militar bien, si no, al menos se había causado daño a la infraestuctura de la ciudad y, desde luego, a la moral.

Luego está el componente intrínsecamente estratégico que tenía la RAF desde su creación como arma separada del ejército o la Armada. Tenían independencia desde 1918 y querían mantenerla, y la mejor manera de hacerlo era llevando su plantemaiento hasta el final, tratando de ganar la guerra por el aire. De hecho, lo único que podían hacer en Europa durante los años 41, 42 y parte del 43 y que creían que podría funcionar, lo mismo que pensaron los estadounidense con Japón.  Esto se probó falso, pero en cualquier caso, no se podia encontrar a nadie en Gran Bretaña en esa época que estuviera en contra del Raid, querían venganza, y querían que los alemanes probaran las bombas que antes les habían enviado a ellos.
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P.- ¿Se puede decir que ganaron los “buenos“?
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R.- Es ridículo pretender presentar la IIGM como una guerra entre el bien y el mal que ganaron los primeros, aunque se recurra a ella como icono de esta confrontación simbólica. Lo que es cierto es que se derrotó al mal en el sentido de que se eliminó al nazismo, pero fue a costa de sacrificar media Europa, que se vio atrapada por otro totalitarismo sanguinario como era el de Stalin. Los buenos sólo la ganaron parcialmente.

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Julio MARTÍN ALARCÓN

La Segunda Guerra Mundila de Antony Beevor La Aventura ...

www.laaventuradelahistoria.es/.../la-segunda-guerra-mundila-de-antony-...

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Antony Beevor estudió en el Winchester College y en la Real Academia de Sandhurst. Siguiendo las huellas de uno de los más célebres historiadores sobre la Segunda Guerra Mundial, John Keegan, Beevor es autor de numerosas obras que para algunos son controvertidas, e innovadoras para otros, en particular sobre las batallas de la Segunda Guerra Mundial (Stalingrado, Berlín y Creta).

También una historiografía de Beevor de la Guerra Civil española ha recibido igualmente críticas, por parte de la derecha española. Es autor de otras obras sobre el siglo XX en general.

Sus obras hablan de las atrocidades cometidas por ambas partes en conflicto, pero resultan especialmente remarcables por su estudio prácticamente exhaustivo de los crímenes menos conocidos cometidos por el Ejército Rojo desde su entrada en territorio alemán, incluyendo el pillaje y la violación masiva y sistemática de mujeres alemanas.

Otro de sus libros trata sobre Creta durante la guerra: Crete: The Battle and the Resistance (Creta: la batalla y la resistencia), y por el que recibió el Runciman Prize. Mientras que en "El día D. La batalla de Normandía", sostiene que, tras el desembarco, la inhumanidad de los nazis (ejecución de prisioneros, mutilaciones, quema con lanzallamas de paracaidistas atrapados en los árboles) fue contestada por los aliados con igual «salvajismo», denunciando así las matanzas sumarísimas de alemanes y los bombardeos aéreos indiscriminados sobre poblaciones normandas, que acabaron con miles de civiles franceses.

En septiembre de 2003 relevó a Philip Pullman como presidente de la Sociedad de Autores. En julio de 2004 recibió el título honorífico de Doctor de Letras de la Universidad de Kent.

Es miembro del comité de la Biblioteca de Londres y profesor invitado de las Cátedras de Historia, Ciencias de la Antigüedad y de Arqueología en la Universidad Birkbeck de Londres.

En tanto que antiguo oficial del 11º Regimiento de Húsares del Ejército británico, ha tenido acceso, tanto para la batalla de Stalingrado como para la de Berlín, a los archivos soviéticos, inaccesibles para los investigadores hasta 1991. De este modo ha renovado en profundidad la Historia militar y política de la Segunda Guerra Mundial.

Sus trabajos más conocidos, los superventas Stalingrado y Berlín 1945 - La caída, explican batallas de la Segunda Guerra Mundial entre la URSS y la Alemania nazi. Han sido celebrados por su estilo vibrante y preciso, y por el uso de los archivos soviéticos recientemente puestos a disposición de los investigadores para su consulta. Por el libro Stalingrado recibió el Samuel Jhonson Prize, el Wolfson History Prize y el Hawthornden Prize.

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CRÍTICAS A BEEVOR

Berlín 1945 - La caída tuvo que afrontar duras críticas en Rusia1 y otros países.2 El embajador ruso en el Reino Unido denuncia la obra como una "pesadilla" y una "calumnia contra los hombres que liberaron al mundo del nazismo".3 O.A. Rzheshevsky, profesor y presidente de la Asociación rusa de historiadores de la Segunda Guerra Mundial, ha acusado a Beevor de resucitar en la práctica los puntos de vista racistas y desacreditados de los historiadores neonazis, que describieron en su momento a las tropas soviéticas como unas "hordas de infrahombres asiáticos"4 Los temas centrales de esta obra -no por el lugar que ocupan en ella, sino por su amplitud- son cabalmente las brutales atrocidades cometidas por los soldados y oficiales soviéticos contra la población alemana, la resurrección de la imagen de las "hordas asiáticas", que la propaganda nazi martilleó en las cabezas de los alemanes, así como más tarde lo hizo un pequeño grupo de historiadores neonazis, de los que Alemania se separó ya hace tiempo. La principal conclusión del libro, a partir de la cual el autor conduce la totalidad de sus discusiones sobre el tema de las brutales atrocidades cometidas por los militares soviéticos, y especialmente las violaciones de mujeres alemanas, se resume en este párrafo:

La imagen de soldados portando antorchas en llamas encima de rostros de mujeres refugiadas en un búnker, seleccionando a sus víctimas, es característica de la totalidad de los ejércitos soviéticos que participaron en la batalla de Berlín. (p.326)"

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Beevor ha respondido a las protestas rusas. Afirma que utiliza extractos del informe del general Tsigankov, el jefe del departamento político del 1 Frente Ucraniano, por citar el incidente. Él respondió a Rzheshevsky diciendo: "El profesor OA Rzheshevsky incluso me acusó de repetir la propaganda nazi, cuando en realidad la mayor parte de la evidencia sobre el tema surgió a partir de fuentes soviéticas, especialmente los informes del NKVD en GARF (Archivo Estatal de la Federación Rusa), y una amplia gama de informes personales fiables ". Beevor declaró que espera que los historiadores rusos "adopten un enfoque más objetivo al material en sus propios archivos que están en desacuerdo con el mito heroico del Ejército Rojo como 'libertadores' en 1945". Otros historiadores británicos, como Richard Overy, de la Universidad de Exeter, han criticado la indignación de Rusia respecto al libro y han defendido a Beevor. Overy acusó a los rusos de negarse a reconocer los crímenes de guerra soviéticos; "En parte, esto se debe a que consideran que gran parte de ellos fue la venganza justificada contra un enemigo que había cometido actos mucho peores, y en parte se debió a que estaban escribiendo la historia de los vencedores". Beevor ha declarado que las mujeres alemanas eran parte de una sociedad que apoyó a Hitler, y por tanto eran incapaces de identificar a sí mismas como víctimas de la misma manera que los judíos, polacos y rusos. (Ver citas en la edición inglesa de Wikipedia.)

 

 

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Antony Beevor está relacionado con una larga sucesión de mujeres escritoras, ya que es hijo de Carinthia "Kinta" Beevor (1911 – agosto de 1995), ella misma hija de Lina Wakefield, y descendiente de Lucie Duff-Gordon (autora de un carné de viaje a Egipto). Kinta Beevor es por su parte la autora de A Tuscan Childhood (una infancia toscana).

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Published by Malcolm Allison H malcolm.mallison@gmail.com - en HISTORIA PENSADORES Y PLUMAS libros-revistas
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  • : Ecología y sostenibilidad socioambiental, énfasis en conservación de ríos y ecosistemas, denuncia de impacto de megaproyectos. Todo esto es indesligable de la política y por ello esta también se observa. Ecology, social and environmental sustainability, emphasis on conservation of rivers and ecosystems, denounces impact of megaprojects. All this is inseparable from politics, for it, the politics is also evaluated.
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  • Biólogo desde hace más de treinta años, desde la época en que aún los biólogos no eran empleados de los abogados ambientalistas. Actualmente preocupado …alarmado en realidad, por el LESIVO TRATADO DE(DES)INTEGRACIÓN ENERGÉTICA CON BRASIL
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