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1 junio 2015 1 01 /06 /junio /2015 18:51

 The 1970 Ancash earthquake (also known as the Great Peruvian earthquake) occurred on May 31 off the coast of Peru in the Pacific Ocean. Combined with a resultant landslide, it was the worst catastrophic natural disaster ever recorded in the history of Peru.

Aquí una foto de la montaña en la actualidad. Se puede ver claramente el trozo ENORME que se desprendió y cayó en el valle, arrasando un pueblo entero. Fue verdaderamente "la mitad de la montaña." Fue el peor desastre natural registrado en la historia de Perú -

Here is a photo of the mountain today. You can clearly see the ENORMOUS chunk that broke off and fell down into the valley below, wiping out an entire village. It was truly “half the mountain.”  It was the worst catastrophic natural disaster ever recorded in the history of Peru - See more at: http://sprinterlife.com/2012/06/1970-great-peruvian-earthquake-rip-yungay.html#sthash.btBiRwMY.dpuf

Resulting landslide

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El gobierno peruano ha prohibido la excavación en la zona donde está enterrado el casco antiguo de Yungay, declarándolo un cementerio nacional. La ciudad actual fue reconstruida 1.500 metros al norte de la ciudad destruida. El casco antiguo sigue enterrado.

Forty two years later, the bus debris pile still shows the tragedy - See more at: http://sprinterlife.com/2012/06/1970-great-peruvian-earthquake-rip-yungay.html#sthash.btBiRwMY.dpuf

Forty two years later, the bus debris pile still shows the tragedy

1970 Great Peruvian Earthquake – RIP Yungay - Sprinter Life

sprinterlife.com/.../1970-great-peruvian-earthquake-...

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Yungay sobrevive aún al terremoto y alud de hace 45 años

 

Junto a un pequeño monumento, cual mausoleo en un cementerio, Mauro Dueñas Alegre (67) recuerda con pesar a los más de 20 familiares que perdió aquella tarde del 31 de mayo de 1970, cuando -a sus 19 años- un terremoto de 7,8 grados se trajo abajo un bloque del nevado Huascarán causando un alud que arrasó con su tierra, su gente, con su entrañable Yungay. Hoy, ya con 67 años a cuestas y tras la experiencia de ser alcalde, está parado junto a esa simbólica edificación. En realidad, sobre el lugar donde se ubicaba su casa.  En su mirada hay nostalgia; en su voz, resignación.

 

1/6/2015 // ELCOMERCIO.PE

 

Él es una de los cerca de 300 yungainos que, de distintas maneras, lograron sobrevivir a aquel fatídico día para el país. Y luego de 45 años, siguen sobreviviendo a los invasivos recuerdos, al luto y al dolor. Mauro fue el único que quedó entre los familiares que vivían en su casa, había salido a pasear con su enamorada. Lo salvó aquel amor juvenil. “Vimos que se derrumbaba el hielo. Dijimos ‘alud, alud’ y corrimos a un cerro. Volteamos y un manto blanco había tapado todo Yungay. Luego se llenó de un polvo negruzco”, recuerda reconociendo que a veces lo hace con rabia, y que tras lo vivido tenía que seguir adelante, porque ya no había lágrimas para llorar.

El alud tardó en llegar 3 minutos a la ciudad. Quienes se salvaron se preguntaban por sus seres queridos. “Mi papá y mi mamá quedaron en la casa con la intención de dirigirse a mi chacra. No sé si llegaron salir o permanecían todavía en la casa, porque después nunca más los he visto”, cuenta el profesor Javier León León (67). Recuerda que se salvó por haber salido a pasear con varios amigos detrás del cementerio, y que con ellos encontró a más sobrevivientes con los que vivió en campamentos improvisados.

Los reportes oficiales dan cuenta de que fueron 53 millones de metros cúbicos los que arrasaron con esa zona del Callejón de Huaylas. Gladys Gonzales Obando -entonces de 8 años y ahora de 56, se recuerda corriendo cargando a su hermano de año y medio en un campo cercano a la ciudad. “Llamaba a mi mamá y no estaba. Es muy triste, pasamos por el barro y vimos restos de personas”, narra la esposa del actual alcalde provincial, que perdió a cinco hermanos.

Y así como algunos se salvaron en el mismo Yungay -entre ellos muchos niños por estar en un circo en el estadio, cercano a un cerro- otros sobrevivieron fuera. Solo dos días antes de la catástrofe, José Mallqui Babilón, un joven de 18 años aficionado al fútbol, se había ido a Lima para ver los partidos del mundial México 70, pues en su ciudad natal no había televisor.

Cuatro de sus 9 hermanos murieron y, casi una semana después, retornó junto a su padre, que también estaba en la capital por esos días. “Encontré todo devastado, era increíble, me quedé como un zombi. No tenía reacción para nada. De ahí, cada uno tenía que ver qué hacía por su vida, nos habíamos quedado sin rumbo”, sobre lo que fue la casa de su hermana, en lo que es hoy un enorme cementerio. Ahí llegan al mes unos 15 mil turistas, que dejan una recaudación de al menos 30 mil soles.

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Volver a empezar
Los años siguientes, todo tuvo que empezar de nuevo. A un kilómetro de la antigua ciudad se erigió el nuevo Yungay, con 70 mil habitantes en la actualidad y la agricultura como principal actividad. Pero además, con el problema de tener una red de agua y desagüe en mal estado, un mercado y el único hospital colapsados.  El alcalde Enrique Chávez indica que el panorama en este punto cambiará: “Ya está el perfil de la obra, en setiembre debe estar iniciándose la construcción por dos años. El anterior local del colegio Santa Inés albergará al hospital”.

Así, Yungay sigue levantándose y emprendiendo, como lo hicieron los padres de Hernán Gómez Romero (51). Sobrevivió con ellos a los 7 años y recién al tercer día, cuando bajó el polvo que cubrió la ciudad, notó desde un cerro que esta ya no estaba.“Han sido 45 años bastante duros, de mucho sacrificio. Empezamos de nuevo”, cuenta. Muchos lo hicieron incluso solos, sin familia. Era la única opción.

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NEVADOS Y LAGUNAS, RIESGO LATENTE
El peligro es latente y,  la prevención, parte de la sobrevivencia de estos y los próximos años. De acuerdo a  la Unidad de Glaciología de la Autoridad Nacional del Agua (ANA), 57 lagunas representan un riesgo de desembalse, en caso ocurra el desprendimiento de un glaciar, en Cusco, Puno, Junín, Huánuco, Áncash y la sierra de Lima.

Un modelo de prevención -que se espera repliquen autoridades locales- es el Sistema de Alerta Temprana implementado desde el 2011 para monitorear con cámaras -en tiempo real- el nevado Hualcán y la laguna 513, en Carhuaz, enviando información a una aún incipiente central en el municipio provincial. Ello ha permitido sensibilizar a la población y establecer zonas seguras.  “En un caso extremo de avalancha en Acopampa y Carhuaz, la población tendría 32 minutos para evacuar”, advierte César Gonzales, coordinador de CARE Perú, que ejecutó el proyecto financiado por la cooperación suiza. Al menos 5 mil personas podrían verse afectadas, se estima.

“En la Cordillera Blanca, unas 14 lagunas tienen un grado de riesgo y necesitan ser equipadas con este sistema para poder salvar vidas”, sostiene el ingeniero Alejandro Cochachín, de la ANA. Agrega que solo en Huaraz, los nevados Pulcaraju y Pucaranra, sobre la laguna Palcacocha, son un riesgo para 50 mil pobladores. Otra situación a tomar en cuenta es el retroceso de glaciares por el cambio climático, lo que forma nuevas lagunas.

 

[Tengo 72 años soy profesor emérito de Antropología en la Universidad de Florida y miembro del Centro de Estudios Latinoamericanos. Tenía 24 años cuando llegué a Yungay por primera vez, en 1966. Retorné tras la tragedia de 1970 y registré durante 10 años el proceso de recuperación y reconstrucción de la ciudad. Publiqué “La ciudad mártir: muerte y renacimiento en los Andes”), un libro con las conclusiones de mi investigación que fue el cual fue nominado al Premio Pulitzer en 1986]

Traditional street in the 1960s

“Yungay era muy hermosa, un lugar realmente muy bello. Era uno de los pocos lugares del mundo donde una persona podía sentarse a la sombra de un árbol y ver un glaciar como parte del paisaje. Era un medioambiente con una belleza enorme y una ciudad muy acogedora”.

Este es el primer recuerdo que Anthony Oliver-Smith tiene de la ciudad de Yungay. Tenía apenas 24 años cuando visitó por primera vez la ciudad ancashina para hacer sus prácticas en investigación tras graduarse de la Universidad de Florida. Se quedó tres meses participando en un programa de trabajo de campo organizado por
varias universidades estadounidenses.

Tenía vivo interés por conocer el folclor local y las historias de los pueblos andinos. Había planeado retornar a Yungay a inicios de 1970 para llevar a cabo una investigación sobre la economía de la ciudad andina como parte de su doctorado, pero tuvo que postergar el viaje hasta setiembre de aquel año. El retraso se debió a la tragedia que marcó la historia del siglo XX en nuestro país: un poderoso terremoto de 7,8 grados de magnitud causó un gigantesco aluvión que en minutos borró Yungay del mapa y acabó con la vida de 20 mil pobladores.

De aquel 31 de mayo se cumplen mañana 45 años.

 

Today a plaza, tomorrow a grave. 1969

 

 

Usted decidió regresar a Yungay a pesar de la catástrofe que la había afectado. ¿Por qué?
Mi asesor académico me motivó a regresa al Perú después del terremoto. Yo me decidí a hacerlo para llevar adelante mi investigación pero lógicamente cambié el enfoque. Fui a documentar el proceso de recuperación y reconstrucción de un pueblo destruido por una violenta desdicha.

¿Qué fue lo que encontró al llegar a Yungay?
Habían pasado cuatro meses desde el terremoto pero el panorama en la zona aún era desolador. Era como si todo el Callejón de Huaylas hubiera sido borrado en todos los aspectos del desarrollo: carreteras y casas estaban en escombros. Todo lo que se había logrado en 30 años de proyectos, fue aniquilado”.

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¿Dónde se alojó y cómo desarrollo su investigación en medio de esta ciudad destruida?
Me instalé en el campamento de sobrevivientes en Yungay, al norte del aluvión. Los siguientes 14 meses viví rodeado de los pocos sobrevivientes de la tragedia, quienes habían perdido a hermanos, padres, tíos, abuelos y amigo. Solo cuatro familias completas salvaron de morir. En aquella zona, se percibía un notable espíritu de sobrevivencia pero era innegable que la gente estaba muy afectada.

¿A cuántas personas llegó a acoger ese campamento?
En setiembre de 1970 el campamento de sobrevivientes tenía entre 300 y 400 habitantes pero al cabo de un año superaban las 1.200 personas. La gente que vivía en el campo se iba acumulando en el campamento de Yungay. Se les había caído la casa y no había dónde hospedarse. Fue entonces que las autoridades colocaron módulos para que vivan más cómodos. Las viviendas provisionales durarían dos años supuestamente.

¿Cuáles fueron las conclusiones de su investigación?
El proceso de recuperación y reconstrucción debe tener continuidad con el pasado. Para reponerse de una tragedia de esta envergadura, es muy importante que los sobrevivientes puedan ligar lo importante del pasado perdido con un presente. Es decir, de no vivir en el pasado, sino sacar lo más importante para darle presencia en el presente. Honrar el pasado. Para seguir viviendo.

¿Usted ha realizado estudios como este en otras partes del mundo?
Sí, he hecho la investigación antropológica y consultoría sobre cuestiones relacionadas con desastres y el reasentamiento involuntario en Perú, Honduras, India, Brasil, Jamaica, México, Japón y EE.UU. Mi trabajo sobre desastres se ha centrado en temas de post-desastre de ayuda y reconstrucción, análisis de la vulnerabilidad y organización social. En cuanto a reasentamiento involuntario, me dediqué al investigar los impactos del desplazamiento, apego al lugar, los movimientos de resistencia y análisis de proyectos de reasentamiento. He editado y coeditado ocho libros sobre estos temas.

¿Dónde fu publicada su investigación sobre Yungay?
Las conclusiones fueron plasmadas en el libro “The Martyred City: Death and Rebirth in the Andes” (“La ciudad mártir: muerte y renacimiento en los Andes), publicado en 1986, el cual fue nominado al Premio Pulitzer ese mismo año en la categoría “No ficción”. El libro fue reeditado en 1992 y cuenta la historia del proceso de sobrevivencia de Yungay, de cómo sus pobladores lucharon en contra de fuerzas enormes para que sus tradiciones no desaparezcan. Lamentablemente no se encuentra disponible en español.

¿Ha regresado usted a Yungay recientemente?
Sí, estuve ahí el año pasado para visitar el pueblo y reencontrarme con amistades que hice durante el tiempo en el que la ciudad se recuperaba de la catástrofe.

 

Plaza in 1954

Plaza de Yungay en 1954

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DATO
“The Martyred City” –disponible en Amazon- da cuenta de todos los procesos involucrados en la reconstrucción de la sociedad, de los cambios provocados por el desastre y su secuela en términos sociales, económicos, políticos y culturales a lo largo de una década (1970-80).

 

RELACIONADO

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1970 Peru earthquake
Peru zemlyatrus.jpg
1970 Ancash earthquake is located in Peru
Yungay
Yungay
Lima
Lima
1970 Ancash earthquake
Date May 31, 1970
Origin time 15:23:29 local [1]
Duration ~ 45 seconds [2][3]
Magnitude 7.9 Mw [1][4]
Depth 45 km (28 mi) [1]
   
Areas affected Peru
Max. intensity VIII (Severe) [2]
Peak acceleration .1g at Lima [3]
Tsunami .38 m (1 ft 3 in) [5]
Casualties 66,794 – 70,000 dead [5]
50,000 injured [5]

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Published by Malcolm Allison H malcolm.mallison@gmail.com - en PELIGROS GEOLÓGICOS
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  • : Ecología y sostenibilidad socioambiental, énfasis en conservación de ríos y ecosistemas, denuncia de impacto de megaproyectos. Todo esto es indesligable de la política y por ello esta también se observa. Ecology, social and environmental sustainability, emphasis on conservation of rivers and ecosystems, denounces impact of megaprojects. All this is inseparable from politics, for it, the politics is also evaluated.
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  • Biólogo desde hace más de treinta años, desde la época en que aún los biólogos no eran empleados de los abogados ambientalistas. Actualmente preocupado …alarmado en realidad, por el LESIVO TRATADO DE(DES)INTEGRACIÓN ENERGÉTICA CON BRASIL
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