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3 julio 2015 5 03 /07 /julio /2015 18:19

The Deceptions of Disaster Relief in Nepal

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ESTAFA HUMANITARIA EN LA AYUDA A NEPAL

 

Un reciente estudio realizado por el Proyecto de Responsabilidad de Desastres, una organización no lucrativa que promueve la transparencia y la supervisión de los sistemas de gestión de desastres, revela que las agencias de ayuda internacional desvían grandes cantidades de dinero que nunca se materializan en ayudas reales.

 

Dichas agencias de ayuda internacional, que recolectan dinero para ayudar al Nepal tras su terremoto, especialmente la OMS, Oxfam y CARE, están desviando los fondos para otros proyectos no especificados y que grandes cantidades de dinero se pierden en los enquilosados aparatos burocráticos de estas organizaciones.

El estudio indica que sólo un 0.8 % del total de 422 millones de dólares en ayudas, irán a parar realmente a las ONG’s Nepalíes que trabajan sobre el terreno.

Una investigación anterior centrada en la ayuda tras el terremoto de Haití, revela que la Cruz Roja de EEUU solo construyó 6 de las 130.000 viviendas que afirmó haber construido.

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Fuente: http://america.aljazeera.com/opinions/2015/7/the-deceptions-of-disaster-relief-in-nepal.html

http://elmicrolector.org/2015/07/02/estafa-humanitaria-en-la-ayuda-al-nepal/

Los engaños del alivio de desastres en Nepal

El complejo de la ayuda-industrial está en extrema necesidad de una revisión

02 de julio 2015 por Rafia Zakaria

El 25 de abril un devastador terremoto mató a más de 8.700 personas en Nepal y dejó un estimado de medio millón de desplazados.
Como al menos US$ 3,000 millones en ayudas ya se habìan comprometieron para el socorro, el desastre fue una bendición para las organizaciones de ayuda internacional.
Pero aun cuando los nepaleses luchaban para hacer frente al terremoto y sus réplicas, la INDUSTRIA de la AYUDA también se ocupaba defendiendo sus pobres ayudas en Haití, donde una investigación en junio de ProPublica y National Public Radio revelò que la Cruz Roja de Estados Unidos construyó sólo 6 casas de los 130.000 hogares que afirmaban haber construìdo.

Si los métodos contables de la Cruz Roja Americana sirven de guía, sólo una fracción de la ayuda prometida para la reconstrucción de Nepal, iría en realidad a los afectados del desastre. De hecho, la mayoría de los errores en Haití están siendo repetidos en Nepal, donde los organismos de socorro están operando con poca o ninguna rendición de cuentas. Por ejemplo, y tal como se ha visto en Haití, algunas organizaciones benéficas que operan en Nepal estàn sub-reportando sus gastos generales mediante la exclusión de los gastos de muchos de sus subcontratistas.

Una reciente encuesta realizada por el Proyecto de Responsabilidad de Desastres (Disaster Accountability Project), una organización no lucrativa que promueve la transparencia y la supervisión de los sistemas de gestión de desastres, revela que las puntuaciones de las agencias de recolección de dinero para el alivio en Nepal están desviando los fondos para otros proyectos, cuyos detalles no se especifican. Y las organizaciones locales de Nepal están una vez más, quedando fuera de la asignación de los dólares donados. Una tabulación por el periodista Emily Troutman indica que sólo $ 3.5 millones o 0.8% del total de US$ 422 millones en proyectos propuestos irán realmente a las ONG de Nepal.

Un rápido vistazo a las organizaciones para el alivio de desastres demuestra que los ganadores de la maratón de recaudación de fondos son los gigantes del COMPLEJO DE AYUDA INDUSTRIAL, incluida la Organización Mundial de la Salud, OXFAM y CARE. Sus enormes burocracias y la evolución de trucos en la contabilidad de los donantes permiten a estos grupos sacar provecho de la catástrofe. En el corazón del sistema se encuentra la premisa tácita de que los occidentales deben desembolsar donaciones occidentales y que la ayuda humanitaria debe ser empaquetada como altruismo en lugar de asistencia a los afligidos. En consecuencia, el apoyo prestado a los afectados por el desastre es solamente incidental para toda la operación, cuya finalidad principal es la de financiar una vasta burocracia cuyos miembros muy bien pagados saborear su reputación como salvadores.


Por ello, el deseo de ser los salvadores a menudo triunfa sobre las necesidades de las víctimas. En Nepal, por ejemplo, personal médico extranjero irrumpiò en el país en el período inmediatamente posterior al terremoto, determinado a ayudar en el rescate de las personas enterradas en los escombros. Pero las exigencias de los equipos médicos entrantes abrumaron la logística disponible, dominando el uso de aviones y helicópteros


El 28 de abril, el gobierno de Nepal pidió detener la avalancha de trabajadores médicos extranjeros. Sin inmutarse, continuaron llegando, al menos 1.300 más, después de la prohibición del gobierno. A su llegada, muchos, si no la mayoría, encontrò poco que hacer, dado que los nepalís locales ya estaban haciendo un trabajo excelente de recuperaciòn de cuerpos

El desperdicio de recursos es parte de una cultura más amplia en la ayuda humanitaria y la industria de desarrollo que se centra casi exclusivamente en la producción en lugar de en las mejoras mensurables. A menudo hay poca evaluación visible de si la inversión en realidad produjo ningún beneficio. En un ensayo reciente de Asuntos Exteriores, los jefes del Comité Internacional de Rescate, David Miliband, y Ravi Gurumurthy, señalaron esto como un problema central en la ayuda humanitaria. Ellos sostienen que la solución se encuentra en los donantes.


"En vez de pagar a las organizaciones para crear un cierto número de escuelas y capacitar a un determinado número de profesores", escriben Miliband y Gurumurthy, "los donantes deberían conceder subvenciones a los programas que pueden ofrecer las mayores mejoras en la alfabetización funcional y la aritmética para la mayoría de la gente. "


Sin embargo, mientras que prácticas, soluciones como las propuestas por Miliband y Gurumurthy, no abordan el problema de no confiar en los locales, para tomar decisiones, acerca de sus propias necesidades de reconstrucción. La lección de Haití y Nepal, es que las agencias de ayuda internacionales operan ceñidas al principio de que una ayuda eficaz y experta, sólo puede venir del exterior. Este acuerdo refuerza la arquitectura básica del altruismo global, donde dadores y sus agentes, dictan los términos y los receptores debe sumisamente estar agradecidos.
Y el trabajador humanitario valeroso y generalmente occidental llega en medio de un desastre para desembolsar bolsas de comida o lonas o medicamentos, y los locales sucios y desesperados agarrar todo, con sus rostros agradecidos debidamente filmados y fotografiados como evidencia visual de la benevolencia occidental. Permitir a los que están en necesidad, tomar sus propias decisiones, sobre cómo y dónde utilizar la ayuda humanitaria, eliminaría la jerarquía de poder de la que el altruismo occidental depende.


Además, los trabajadores humanitarios a menudo son ciegos a las disparidades entre la compensación que reciben y la que reciben los lugareños o al hecho de que su presencia afecta el trabajo de los lugareños. En su informe sobre el desarrollo mundial 2015, el Banco Mundial pone de relieve cómo el sesgo de la contratación en el sector del desarrollo afecta a los resultados del proyecto. Basado en una encuesta del personal del Banco Mundial y de los individuos en tres países en desarrollo, el informe encontró "una gran brecha entre cómo los profesionales de desarrollo perciben la pobreza y la forma en que el tercio inferior (los más pobres) lo ve", destacando la disparidad entre las percepciones de desarrollo de los profesionales y la de los "beneficiarios" de sus intervenciones.


El Complejo de Ayuda Industrial necesita urgente renovación. Esto implica cambiar las mediciones actuales que evaluan los resultados y otra forma de la toma de decisiones, distinta de la errónea de profesionales del desarrollo ricos y extranjeros. Esto ayudaría a eliminar la premisa de que los jefes extranjeros saben màs y empoderar a las comunidades locales y se centran en la entrega de los resultados previstos.


Sin embargo, dada la influencia y el alcance de la industria de la ayuda, tal transformación es poco probable en el corto plazo. Cuando el próximo desastre golpee, los miles de millones en ayuda transferidos a través de textos, llamadas telefónicas y clics volverán a verterse en las arcas de las agencias de ayuda internacionales. Ellos harán lo que hicieron en Haití y lo que están haciendo en Nepal, tal vez sabiendo muy bien que sus habilidades cruciales no son la prestación efectiva de la ayuda humanitaria, sólo el empaquetado del altruismo a los donadores.

 

 

The deceptions of disaster relief in Nepal

The aid-industrial complex is in dire need of overhaul

July 2, 2015 by Rafia Zakaria 

On April 25 a devastating earthquake killed more than 8,700 people in Nepal and left an estimated half-million displaced. With at least $3 billion in aid already pledged for relief efforts, the disaster was a boon for international aid organizations. But even as the Nepalese struggled to cope with the quake and its aftershocks, the aid industry was also busy defending its poor practices in Haiti, where an investigation in June by ProPublica and National Public Radiorevealed that the American Red Cross built only 6 houses out of the 130,000 homes it claimed it constructed.

If the American Red Cross’ accounting methods are any guide, only a fraction of the aid pledged for Nepal’s reconstruction would actually go to the disaster stricken. In fact, most of the blunders in Haiti are being repeated in Nepal, where relief agencies are operating with little to no accountability. For example, as seen in Haiti, some charities operating in Nepal are alreadymisreporting their overhead costs by excluding the expenses incurred by their many subcontractors.

A recent survey by the Disaster Accountability Project, a nonprofit that promotes transparency and oversight in disaster management systems, reveals that scores of agencies collecting money for relief in Nepal are diverting the funds to other projects, whose details are not specified. And local Nepalese organizations are once again being left out of the allocation of donated dollars. A tabulation by journalist Emily Troutman indicates that only $3.5 million or 0.8 percent of the total $422 million in proposed projects will actually go to Nepalese NGOs.

A cursory glance at the appeal for disaster relief shows that the winners in the fundraising marathon are the behemoths of the aid-industrial complex, including the World Health Organization, Oxfam and CARE. Their vast bureaucracies and evolving tricks in donor accounting allow these groups to capitalize on catastrophe. At the heart of the system lies the unspoken premise that Westerners must disburse Western donations and that humanitarian relief should be packaged as altruism rather than assistance for the afflicted. Consequently, the support provided to those afflicted by disaster is only incidental to the whole operation, whose primary purpose is to fund a vast bureaucracy whose well-resourced members relish their reputation as saviors.

This is why the desire for saviordom often trumps the needs of the victims. In Nepal, for example, foreign medical personnel stormed the country in the immediate aftermath of the quake, determined to assist in rescuing those buried in the rubble. But the demands of the incoming medical teams overwhelmed the available logistics, dominating the use of planes and helicopters.

On April 28, the Nepalese government called for a halt to the flood of foreign medical workers. Undeterred, they continued to come, with at least 1,300 more arriving after the government’s plaintive prohibition. Upon arrival, many, if not most, found little do since local Nepalese were already doing a superb job digging out as many bodies as possible, given the circumstances. 

When the next disaster hits, the billions in aid transferred via texts, phone calls and clicks will once again pour into the coffers of international aid agencies. 

The waste of resources is part of a wider culture in the humanitarian aid and development industry that focuses narrowly on output rather than measurable improvements. There is often little visible evaluation of whether the investment actually yielded any benefits. In a recent essay for Foreign Affairs, the heads of the International Rescue Committee, David Miliband and Ravi Gurumurthy, point to this as a core problem in humanitarian relief. They contend that the solution lies with donors.

“Rather than paying organizations to build a certain number of schools and train a certain number of teachers,” write Miliband and Gurumurthy, “donors should award grants to the programs that can deliver the biggest improvements in functional literacy and numeracy for the most people.”

Still, while practical, solutions such as the ones proposed by Miliband and Gurumurthy do not address the problem of not trusting locals to make choices about their own rebuilding needs. The lesson from Haiti and Nepal is that international relief agencies operate on the principle that effective and expert help can only come from abroad. This arrangement reinforces the basic architecture of global altruism, where givers and their agents dictate the terms and the takers must enact their grateful subservience. And the valorous and usually Western aid worker arrives in the midst of disaster to disburse bags of food or tarps or medicines, and dirty and desperate locals grab it all, their grateful faces duly filmed and photographed as visual evidence of Western benevolence. Allowing those in need to make their own decisions on how and where to use the humanitarian aid would eliminate the power hierarchy on which Western altruism depends.

Furthermore, humanitarian workers are often blind to disparities in local versus expat compensation or the fact that their presence takes jobs away from locals. In its 2015 World Development report, the World Bank underscores how the hiring bias in the development sector affects project outcomes. Based on a survey of World Bank staff and individuals in three developing countries, the report found “a large gap between how development professionals perceive poverty and the how the bottom third (the poorest) views it,” highlighting the disparity between the perceptions of development professionals and the “beneficiaries” of their interventions.

The aid-industrial complex is in dire need of overhaul. This entails changing the current metrics for evaluating outcomes and the attendant flawed decision making of rich and foreign development professionals. This would help eliminate the premise that expatriate bosses know best and empower local communities and focus on delivering the intended results.

However, given the heft and reach of the aid industry such a transformation is unlikely anytime soon. When the next disaster hits, the billions in aid transferred via texts, phone calls and clicks will once again pour into the coffers of international aid agencies. They will do what they did in Haiti and what they are doing in Nepal, perhaps knowing full well that their crucial skills are not the effective provision of humanitarian relief but only the packaging of altruism to the givers.

Rafia Zakaria is an attorney, a political philosopher and the author of “The Upstairs Wife: An Intimate History of Pakistan.”

The views expressed in this article are the author's own and do not necessarily reflect Al Jazeera America's editorial policy.

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Published by Malcolm Allison H malcolm.mallison@gmail.com - en COSTUMBRES MEGANEGOCIOS Y MEGAPROYECTOS PELIGROS GEOLÓGICOS
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  • : Ecología y sostenibilidad socioambiental, énfasis en conservación de ríos y ecosistemas, denuncia de impacto de megaproyectos. Todo esto es indesligable de la política y por ello esta también se observa. Ecology, social and environmental sustainability, emphasis on conservation of rivers and ecosystems, denounces impact of megaprojects. All this is inseparable from politics, for it, the politics is also evaluated.
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  • Malcolm Allison H malcolm.mallison@gmail.com
  • Biólogo desde hace más de treinta años, desde la época en que aún los biólogos no eran empleados de los abogados ambientalistas. Actualmente preocupado …alarmado en realidad, por el LESIVO TRATADO DE(DES)INTEGRACIÓN ENERGÉTICA CON BRASIL
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