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15 septiembre 2014 1 15 /09 /septiembre /2014 23:02

 

Throughout "The Climate Casino", Nordhaus's tone is slightly cynical but basically calm and optimistic: this is ultimately a problem we should be able to solve.

 

 

 

 

  A lo largo del libro "The Climate Casino", el tono de Nordhaus es un poco cínico, pero, básicamente, tranquilo y optimista: esto del cambio climático es en última instancia, un problema, que debemos ser capaces de resolver.

Ojalá pudieramos compartir su convicción optimista. En lugar de ello, muchos estamos perseguidos por una figura que se presenta al principio del libro, que demuestra que hemos estado viviendo en una época de inusual estabilidad
climática -que "los últimos 7.000 años han sido el periodo climático más estable en más de 100.000 años." Como señala Nordhaus, este era de estabilidad coincide casi exactamente con el surgimiento de la civilización,
y probablemente esto no es un accidente, esa estabilidad nos habría permitido desarrollar.

Ahora ese período de estabilidad está por terminar- por culpa de la civilización, de la Revolución Industrial y la quema masiva de carbón y otros combustibles fósiles. La industrialización, por supuesto, nos ha hecho más capaces de adaptarnos a las circunstancias cambiantes. La revolución científica que acompañó a la revolución industrial también nos ha dado mucho más conocimiento sobre el mundo, incluyendo una comprensión de lo que nosotros mismos estamos haciendole al medio ambiente.
Pero parece que, sin saberlo, hemos hecho una apuesta sumamente peligrosa: a saber, que vamos a ser capaces de usar el poder y el conocimiento que hemos adquirido en el último par de siglos para hacer frente a los riesgos
climáticos desatados durante el mismo período. ¿Vamos a ganar esa apuesta? El tiempo lo dirá. Por desgracia, si la apuesta sale mal, no vamos a tener otra oportunidad. Es un Casino Climático.



Throughout this book, Nordhaus's tone is slightly cynical but basically calm and optimistic: this is ultimately a problem we should be able to solve. I only wish I could share his apparent conviction that this upbeat possibility will translate into reality. Instead, I keep being haunted by a figure he presents early in the book, showing that we have been living in an age of unusual climate stability-that "the last 7,000 years have been the most stable climatic period in more than 100,000 years." As Nordhaus notes, this era of stability coincides pretty much exactly with the rise of civilization, and that probably isn't an accident.

Now that period of stability is ending-and civilization did it, via the Industrial Revolution and the attendant mass burning of coal and other fossil fuels. Industrialization has, of course, made us immensely more powerful, and more flexible too, more able to adapt to changing circumstances. The Scientific Revolution that accompanied the revolution in
industry has also given us far more knowledge about the world, including an understanding of what we ourselves are doing to the environment.

But it seems that we have, without knowing it, made an immensely dangerous bet: namely, that we'll be able to use the power and knowledge we've gained in the past couple of centuries to cope with the climate risks we've unleashed over the same period. Will we win that bet? Time will tell. Unfortunately, if the bet goes bad, we won't get another chance to play.

 

 

 

Nordhaus priorizó como temas de investigación el calentamiento global y el cambio climático, sobre los cuales ha escritos libros entre los que se destacan Managing the Global Commons: The Economics of Climate Change (1994), Warming the World: Economic Models of Global Warming (2000, con Joseph Boyer) y A Question of Balance: Weighing the Options on Global Warming Policies (2008).

Nordhaus considera que "la humanidad está jugando a los dados con el medio ambiente natural a través de una multitud de intervenciones"5 En los modelos de cambio climático ha analizado el impacto sobre los sectores económicos que como la pesca o la agricultura dependen en alto grado de los ecosistemas no gestionados.6 Ha tomado en serio los efectos potencialmente catastróficos del calentamiento global.7 Ha criticado a quienes tratan de sembrar dudas sobre los peligros del cambio climático y los ha comparado con quienes en el siglo pasado cuestionaron las pruebas de los daños causados a la salud por el consumo de tabaco.8

 

http://es.wikipedia.org/wiki/William_Nordhaus

 

 

 

 

El crecimiento verde es un objetivo que vale la pena

Por Martin Wolf // 28 noviembre, 2013

 

La semana pasada fue el turno de Varsovia de celebrar una reunión sobre el cambio climático que resultó ser decepcionante. En las últimas dos décadas, muchas otras ciudades han tenido ese placer. Esta vez, 195 países acordaron fuertemente hacer una “contribución” a la lucha contra el cambio climático, en lugar de un “compromiso” más robusto. El objetivo sigue siendo lograr un acuerdo sólido en París en 2015. Las posibilidades de éxito deben ser insignificantes. La experiencia muestra eso.

Lo que hace que esto sea deprimente es que el mundo probablemente podría eliminar los riesgos de resultados catastróficos a un coste limitado, siempre que se actuara con rapidez, eficacia y en concierto.

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En su nuevo libro, El Casino Climático, William Nordhaus de Yale, decano de los economistas climáticos, sostiene que el costo de limitar el aumento de la temperatura global de 2º C sería de un 1.5% de la producción mundial, siempre que se tomaran las medidas correctas.

Este es el crecimiento económico mundial de solo medio año. Pero la reducción sería mucho más costosa que si los países responsables de la mitad de las emisiones no participaran: mantener los aumentos de temperatura de 2ºC hasta sería factible.

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Nordhaus, una voz moderada en este debate, explica por qué el mundo debe aceptar los costos de la acción. El efecto invernadero es la ciencia básica. Las emisiones han aumentado rápidamente. Las concentraciones atmosféricas de dióxido de carbono son ahora más de 400 partes por millón – un 50% más alto que antes de la revolución industrial y muy por encima de los niveles de los últimos años de un millón.

Las temperaturas globales han aumentado en los últimos 150 años. La reciente estabilización de la temperatura no es excepcional. Los científicos del clima han sido incapaces de encontrar una explicación para el aumento de la temperatura, excepto las actividades humanas.

Los escépticos argumentan si la incertidumbre significa que lo que hay que hacer es nada. En un camino nuboso, el número y la velocidad de otros autos son particularmente inciertos. Pero esta ignorancia extrema hace cautelosa la conducción esencial. Lo mismo se aplica al clima. Dadas las incertidumbres sobre el sistema climático, lo más prudente es sin duda conducir con cuidado.

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Un aspecto particularmente importante de esa incertidumbre son los puntos de inflexión. Sabemos que el clima del planeta ha cambiado drásticamente en el pasado. Es posible -incluso probable– que ese cierto proceso insuficientemente comprendido podría inclinar al mundo hacia otro estado quizás irreversible: el colapso de las grandes capas de hielo es una posibilidad, y otro es de los grandes cambios en la circulación oceánica, como también lo es la retroalimentación positiva en los procesos de calentamiento.

Por otra parte, mientras que la humanidad puede aspirar a manejar los efectos económicos de este tipo de eventos, lo mismo no puede decirse de su impacto en los océanos o en las extinciones masivas.

Es irracional jugar en el casino climático sin buscar eliminar los resultados del peor de los casos. Algunas personas están entusiasmadas con la posibilidad de la geoingeniería. Pero eso es para agregar aún otro juego de azar.

Sin duda, es más sensato limitar la acumulación excesiva de gases de efecto invernadero, siempre que esto pueda hacer menores los agobiantes costos.

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Entonces, las emisiones son un derrame mundial negativo de la actividad económica. No sabemos el costo de dichas externalidades. Pero podemos estar seguros de que es mayor que cero.

Las externalidades no se arreglan por sí solas. Ante la falta de efectivos derechos de propiedad individual se requiere de la acción del Gobierno, y en este caso de la acción de cerca de 200 gobiernos. La solución más simple sería que todos los países estén de acuerdo en un precio.

Cada país tendría entonces un impuesto: Nordhaus sugiere que este debería ser de US$25 por tonelada de carbono. La ganancia sería entonces quedarse en casa. Las negociaciones serían solo sobre ese precio. Mientras tanto, los países de ingresos altos se centrarían en la inversión en la investigación y en el desarrollo de nuevas tecnologías pertinentes y en asegurar las mejores tecnologías disponibles a bajo precio a los países emergentes y en desarrollo. ¿Por qué deberían hacerlo? La respuesta es: porque un ambiente de bajo carbono es un bien público global.

Por ahora es imposible ser optimista de que algo como esto suceda. Esto en parte es porque el acuerdo es necesario que sea a largo plazo y global. Eso, a su vez, plantea difíciles cuestionamientos sobre la equidad intrageneracional e intergeneracional.

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Pero la probabilidad de fracaso también se debe a los esfuerzos (exitosos) de los escépticos de enturbiar las aguas intelectuales y la comprensible resistencia de los grupos de interés afectados. Algunas industrias – utilidades eléctricas y actividades de energía intensiva – se quejarán. Pero estas quejas tienen que ser mantenidas en su contexto.

La pérdida de puestos de trabajo en la políticamente poderosa industria del carbón de EEUU podría ser de 40,000 en una década. Contra lo que ha ocurrido con el mercado laboral de EEUU desde el 2008, esta sería una papa muy pequeña.

Más allá de eso están las comprensibles preocupaciones de la gente común que serían mucho peores si no pudieran tratar la atmósfera como un sumidero libre. También está claro que las fuentes de energía de baja emisión de carbono siguen siendo caras y algunas tecnologías no han sido acreditadas en la escala pertinente. Por otra parte, un gran esfuerzo requiere una aceleración de la tasa de descarbonización. Eso no sucederá por sí solo. Se necesita un empujón.

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La combinación de precios más altos y el apoyo a la investigación fundamental debe aportar solo un buen empujón. Felizmente, la evidencia indica que, ya sea por ignorancia o por inercia, los hogares y las empresas no están actualmente optimizando su consumo de energía. La combinación de precios más altos para el carbono y una firme regulación podrían incluso ofrecer algunos sabrosos almuerzos gratis: emisiones de carbono más bajas sin ninguna pérdida en la producción.

Supongamos que, a pesar de toda la lógica, demuestra ser imposible lograr un acuerdo global relevante. ¿Tiene sentido para cualquier país o grupo de países tomar medidas decisivas por su cuenta? Si el objetivo es hacer frente al cambio climático, la respuesta es: absolutamente no, a menos que los países sean China o Estados Unidos. De hecho, incluso si los países fueran China y EEUU, no sería suficiente, ya que representan en conjunto solo un poco más de las dos quintas partes de las emisiones globales. Pero podría ser posible para un país demostrar la prueba del concepto: eso es ciertamente posible para las economías crecer rápido, mientras reducen las emisiones. En el proceso, un país podría incluso, como algunos argumentan, lograr una ventaja importante en algunas nuevas industrias pertinentes.

En cualquier caso, algunos países tienen que tratar. De lo contrario, mientras todo el mundo se queda atrás, los efectivos esfuerzos del acuerdo deben fallar. Entonces podríamos terminar teniendo una apuesta por la ausencia de cualquier resultado malo e irreversible. Podemos ser afortunados. ¿Qué sentirá nuestra progenie si no lo somos?



Making commitments what we need from WARSAW rel=

http://wwf.panda.org/what_we_do/footprint/climate_carbon_energy/cop19/






Gambling with Civilization

Paul Krugman // Nov 2013

The Climate Casino: Risk, Uncertainty, and Economics for a Warming World
by William D. Nordhaus
Yale University Press, 378 pp.


Forty years ago a brilliant young Yale economist named William Nordhaus published a landmark paper, "The Allocation of Energy Resources," that opened new frontiers in economic analysis.1 Nordhaus argued that to think clearly about the economics of exhaustible resources like oil and coal, it was necessary to look far into the future, to assess their value as they become more scarce-and that this look into the future necessarily involved considering not just available resources and expected future economic growth, but likely future technologies as well. Moreover, he developed a
method for incorporating all of this information-resource estimates, long-run economic forecasts, and engineers' best guesses about the costs of future technologies-into a quantitative model of energy prices over the long term.

The resource and engineering data for Nordhaus's paper were for the most part compiled by his research assistant, a twenty-year-old undergraduate, who spent long hours immured in Yale's Geology Library, poring over Bureau of Mines circulars and the like. It was an invaluable apprenticeship. My reasons for bringing up this bit of intellectual history, however, go beyond personal disclosure-although readers of this review should know that Bill Nordhaus was my first professional mentor. For if one looks back at "The Allocation of Energy Resources," one learns two crucial lessons. First, predictions are hard, especially about the distant future. Second, sometimes such predictions must be made nonetheless.

Looking back at "Allocation" after four decades, what's striking is how wrong the technical experts were about future technologies. For many years all their errors seemed to have been on the side of overoptimism, especially on oil production and nuclear power. More recently, the surprises have come on the other side, with fracking having the biggest immediate impact on markets, but with the growing competitiveness of wind and solar power-neither of which figured in "Allocation" at all-perhaps the more fundamental news. For what it's worth, current oil prices, adjusted for overall inflation, are about twice Nordhaus's prediction, while coal and especially natural gas prices are well below his baseline.

So the future is uncertain, a reality acknowledged in the title of Nordhaus's new book, The Climate Casino: Risk, Uncertainty, and Economics for a Warming World. Yet decisions must be made taking the future-and sometimes the very long-term future-into account. This is true when it comes to exhaustible resources, where every barrel of oil we burn today is a barrel that won't be available for future generations. It is all the more true for global warming, where every ton of carbon dioxide we emit today will remain in the atmosphere, changing the world's climate, for generations to come. And as Nordhaus emphasizes, although perhaps not as strongly as some would like, when it comes to climate change uncertainty strengthens, not weakens, the case for action now.


READ MORE

http://www.nybooks.com/articles/archives/2013/nov/07/climate-change-gambling-civilization/
http://www.nybooks.com/articles/archives/2013/nov/07/climate-change-gambling-civilization/

 

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140408 600 COP 19 in Warsaw cartoons


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  • : Ecología y sostenibilidad socioambiental, énfasis en conservación de ríos y ecosistemas, denuncia de impacto de megaproyectos. Todo esto es indesligable de la política y por ello esta también se observa. Ecology, social and environmental sustainability, emphasis on conservation of rivers and ecosystems, denounces impact of megaprojects. All this is inseparable from politics, for it, the politics is also evaluated.
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  • Malcolm Allison H malcolm.mallison@gmail.com
  • Biólogo desde hace más de treinta años, desde la época en que aún los biólogos no eran empleados de los abogados ambientalistas. Actualmente preocupado …alarmado en realidad, por el LESIVO TRATADO DE(DES)INTEGRACIÓN ENERGÉTICA CON BRASIL
  • Biólogo desde hace más de treinta años, desde la época en que aún los biólogos no eran empleados de los abogados ambientalistas. Actualmente preocupado …alarmado en realidad, por el LESIVO TRATADO DE(DES)INTEGRACIÓN ENERGÉTICA CON BRASIL

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