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9 septiembre 2014 2 09 /09 /septiembre /2014 16:14

 


Cuando estaba por aparecer el libro “Ciudadanos sin República” (Planeta), una recopilación de ensayos y artículos del politólogo Alberto Vergara. "Espacio 360" reprodujo la primera semana de agosto de 2013, a manera de adelanto,  algunos extractos del ensayo que abre el mencionado volumen y que resulta de innegable actualidad frente a la coyuntura política.
http://espacio360.pe/noticia/cultura/alberto-vergara-ciudadanos-sin-republica-8ed0

Ciudadanos sin república - Alberto Vergara

[…] Alfredo Torres ha escrito que el Perú atraviesa la paradoja del crecimiento infeliz. […] Los artículos aquí compilados pertenecen plenamente a ese horizonte temporal, económico y anímico. Pero vayamos más allá: ¿qué quiere decir “crecimiento infeliz”?, ¿de dónde brota el crecimiento y de dónde la infelicidad? Lo que quiero defender aquí es que el Perú contemporáneo está definido por el desencuentro de dos promesas: la neoliberal y la republicana. […] El contrapunto peruano contemporáneo está dado por el éxito de la promesa neoliberal y por el fracaso de la republicana. Lo primero es responsable de nuestro crecimiento, lo segundo produce la infelicidad. Así, la foto precisa y estática de Alfredo Torres se convierte en película; una película con un origen por indagar pero, sobre todo, con un futuro por pelear.


La república, como teoría y como experiencia histórica, es la libertad por la vía del autogobierno. Nació por oposición a aquellos regímenes o Estados donde los individuos no eran libres pues no se autogobernaban sino que delegaban tal función a un monarca. En Europa durante el siglo XVI y XVII solo era considerado libre quien vivía en un Estado libre, esto es, en una república autogobernada por sus ciudadanos y no una en donde mandaba un Rey o Príncipe. La idea republicana alude a unas condiciones para que los ciudadanos vivan libremente sin ser dependientes de algún ente superior a ellos. […]  Es lo que Tocqueville llamó l’égalité des conditions: un orden político constituido por semejantes. Como recomendó Maquiavelo: donde no haya igualdad instituye un principado y solo erige una república donde encuentres igualdad. […]. Ese ideal republicano, aunque presente en cada una de nuestras constituciones y cacareado por nuestros políticos desde el inicio de nuestra vida independiente, nunca pudo cumplirse. […] De ahí esa ambivalencia esquizofrénica que nos define políticamente desde hace tanto tiempo: una tierra de caudillos y constituciones, para retomar el título de Cristóbal Aljovín. 


[…] El fin del siglo XX no estuvo marcado únicamente por el último descalabro de la promesa republicana, también lo estuvo por el ascenso de otra promesa: la neoliberal. Si el republicanismo es una teoría y práctica política, el neoliberalismo es una teoría y práctica económica. […] En el centro de su preocupación está la libertad del individuo. Pero ya no se trata de una libertad, como hubiera querido el liberalismo tradicional, definida por las libertades políticas —libertad de prensa, de credo, de asociación, etc—  sino por la vía de la economía. En la agenda neoliberal, un individuo libre es aquel que no encuentra intromisiones del Estado al actuar en el mercado. En tal sentido, como el marxismo, el neoliberalismo es un economicismo. Contiene un programa político, pero se deriva de una agenda primordialmente económica.


[…] Ese movimiento intelectual y político también aterrizó en el Perú. Hernando de Soto fue el encargado de recibirlo y adaptarlo a estas tierras en los años ochenta. […] Esos preceptos neoliberales se convirtieron en programa político cuando en 1990 se encontraron con el desconcertado presidente Alberto Fujimori y con las Fuerzas Armadas que habían largamente abrigado la esperanza de un Pinochet peruano.


[…] Entonces, si el republicanismo es una teoría política que promete igualdad, instituciones y ciudadanos, el neoliberalismo promete libertad, mercado y emprendedores. […] Ahora bien, el desencuentro de estas promesas en el Perú contemporáneo no proviene de la teoría sino de la experiencia histórica: en veinte años el neoliberalismo cumplió con sus promesas, el republicanismo se apresta a cumplir doscientos y nos sigue fallando.


El neoliberalismo no prometió un país más igualitario, tampoco uno más democrático; ni prometió uno más justo, tampoco una comunidad de ciudadanos fortalecidos. Como hemos visto, su agenda era otra: mercados desregulados, crecimiento económico, desigualdad si hacía falta, el individuo como consumidor y/o empresario. Y el neoliberalismo cumplió su promesa. Eso le ofreció al Perú y eso le trajo. En un país donde las promesas políticas se pasan por el wáter permanentemente, los neoliberales peruanos cumplieron su palabra.


[…] Ahora bien, como enseñó Albert Hirschman en Las pasiones y los intereses, las promesas incumplidas pesan sobre las sociedades tanto o más que aquello que ellas sí consiguen. La frustración del deseo no realizado las acompaña en el tiempo y ningún orden social puede sobrevivir legítimamente si aquello que se prometió construir fracasa frente a todo el mundo. Ese es el caso del republicanismo en el Perú. Nos pesa esa promesa tan vieja, tan deseada y tan incumplida. El Perú contemporáneo no está marcado únicamente por el éxito de la promesa neoliberal, también lo está por el fracaso de la promesa republicana. La confianza de los peruanos hacia sus instituciones, hacia la ley o entre ellos mismos es paupérrima; los peruanos detestan al congreso que los representa; ricos y pobres desconfían mutuamente de ellos; la educación incumple su papel de integrar a la comunidad política, perduran distintas formas de discriminación, carecemos de canales que permitan que Estado y sociedad se escuchen y cada vez que enfrentamos conflictos sociales (Bagua, Conga, etc) o cuando nuestros procesos electorales visibilizan a los sectores frustrados de nuestro país, entonces el fracaso republicano nos explota en la cara y se nos aparece transparentemente eso que no somos: una comunidad política legítima de ciudadanos iguales.


[…] ¿Podemos amistar al mercado dinámico y efervescente con la construcción de unas instituciones políticas legítimas? ¿Es posible reconciliar la frustración republicana con el éxito neoliberal? Los enamorados de la teoría responderán que tal tarea es imposible. Sostendrán que entre república y neoliberalismo media un abismo insalvable: […] a más neoliberalismo menos república, y viceversa. Pero las nítidas contradicciones de la teoría son mal lazarillo en el mundo sin guión de la historia política. Entre república y neoliberalismo no hay una contradicción, hay una distancia.


[…] A fines de los ochenta, el historiador Alberto Flores Galindo escribió un texto titulado “República sin ciudadanos” que cerraba su exploración histórica del Perú de entonces. Aunque centrado en la colonia y en el siglo XIX, era un diagnóstico ineludiblemente vinculado al Perú de la violencia senderista: la segregación y el racismo de las elites costeñas había creado una sociedad tan pobre, desigual, racista y dividida que carecíamos de ciudadanos. Aquel ensayo de Flores-Galindo, que como buena parte de su obra sirvió de insumo teórico a la izquierda de los ochenta, ha perdido vigencia. Este ya no es un país sin ciudadanos. La abolición del pongaje y la servidumbre hace cuatro décadas, la inclusión definitiva de los analfabetos en nuestra democracia en 1980, más de tres décadas votando ininterrumpidamente, algunas lecciones aprendidas tras el gobierno autoritario de Fujimori y, finalmente, la reducción abismal de la pobreza en el Perú han confluido en la construcción de ciudadanos. El Perú ya no es el país de los ochenta, ni volverá a serlo. Hoy quedamos mejor definidos como “ciudadanos sin república”. Porque son las instituciones republicanas las que nos siguen siendo esquivas (instituciones que, además, no recibían el interés de Flores Galindo, centrado únicamente en el análisis de la sociedad peruana).


[…] Carmen McEvoy afirma que el nudo político del siglo XIX peruano se resumía de la siguiente manera: ¿Cómo pasar del esquema caudillo/pueblo al de partido/ciudadano? En el siglo XXI, ¿quién podría afirmar que nuestro dilema es otro? […] Hace más de treinta años Julio Cotler le respondió a César Hildebrandt: “Yo no creo que la política sea el arte de lo posible, […] la política consiste en hacer posible lo necesario”. Y lo necesario en nuestra época es la recuperación de ciertas consideraciones republicanas y políticamente liberales. Alguien debe convertir esa necesidad en posibilidad. Del capitalismo popular al republicanismo popular. ¿Cómo se emprende con éxito la tarea de reconciliar el desarrollo económico con el desarrollo institucional? Obviamente, la respuesta no está en este libro. Este libro recoge, más bien, los rastros dispersos e implícitos, episódicos y anárquicos, de cómo fui elaborando esa pregunta en los últimos años.

 

http://espacio360.pe/noticia/cultura/alberto-vergara-ciudadanos-sin-republica-8ed0

 

 

Ciudadanía y República 2.0, por Carmen McEvoy

Heduardicidio 03-09-14

 

 

 

 2 de junio del 2014

Ciudadanía y República 2.0, por Carmen McEvoy

Comentario a “Ciudadanos sin República”, de Alberto Vergara

http://elcomercio.pe/opinion/columnistas/ciudadania-y-republica-20-carmen-mcevoy-noticia-1733355

 

 

La ética republicana va ganando adeptos entre la nueva generación de politólogos peruanos. Prueba de ello es “Ciudadanos sin República” (Lima, Planeta, 2013), de Alberto Vergara, cuya segunda edición acaba de aparecer. Con una pluma ágil, un puñado de ideas claras y una propuesta heterodoxa, Vergara aborda una serie de preocupaciones fundamentales: ¿Cómo compatibilizar el interés privado con el bien común? ¿Cómo crear un sistema económico sólido sin dejar de lado la virtud, la dignidad, el mérito, la justicia y el respeto por la ley? ¿Será posible republicanizar al Perú?

Establecer un puente entre la República económica y la República de las libertades civiles, la virtud y la justicia –por la que lucharon los liberales del siglo XIX y los radicales del XX– no es tarea fácil. En el siglo XIX el civilismo se propuso, mediante la alegoría de la República Práctica, sintetizar el proyecto político y cultural de una élite que creció a la sombra del ‘boom’ exportador. Esos ciudadanos-productores a los que Manuel Pardo convocó en 1872 eran responsables por omisión de la fragilidad de las instituciones republicanas. La burguesía, que Vergara no encuentra en el siglo del espectáculo, el ‘selfie’ y la alta tecnología, asumió en el XIX un liderazgo sin precedentes en la historia nacional. Sin embargo, la crisis de 1873, la bancarrota fiscal que le sucedió y la guerra de 1879 hirieron de muerte el proyecto burgués que, con todas sus limitaciones, consideraba la integración de capital, trabajo e institucionalidad republicana.

Dotado del espíritu constructivista de los que lo precedieron, Vergara se aventura por viejos caminos y descubre que existe un ciudadano, forjado en la vorágine de la economía de mercado, muy a pesar de las limitaciones de la democracia y su marco republicano. Si bien el título del libro es provocador e incluso controversial, su autor no pretende sermonearnos desde las alturas del pensamiento correcto. Lo que se descubre, más bien, es el diario de bitácora de una mente obsesionada con el Perú. Ahí reside la frescura de una propuesta que oscila entre el pesimismo y el optimismo, y que se vale de una narrativa ágil para buscar una salida –mala, buena o regular– a la ‘jungla’ peruana contemporánea, que es como Vergara define esa realidad difícil y a ratos surrealista que nos ha tocado vivir.

Un caminante que –escuchando a Dylan, a Cohen y a Blades– se vale de una brújula republicana para recorrer el Perú “dulce y cruel” de Basadre. Esa es la imagen que me queda de este magnífico texto dirigido a un público no académico.

La regla fundamental de la política –dijo alguna vez Robert McNamara– es empatizar con tu adversario. Las críticas que Vergara ha recibido de la izquierda, entre ellas la de ser un defensor a ultranza del neoliberalismo, muestran no solo la poca empatía que ella exhibe con el que piensa diferente sino su negación de la realidad. Porque si bien es cierto el libro de Thomas Piketty se ha encargado de recordarnos la enorme desigualdad que el capitalismo promueve, tampoco hay que olvidar el crecimiento económico sin precedentes que ha vivido el Perú en estos recientes años. El libro de Vergara es una respuesta a ese crecimiento desordenado y, además, un recordatorio de que la política es el único instrumento que tenemos los seres humanos para vivir en comunidad.

 

http://elcomercio.pe/opinion/columnistas/ciudadania-y-republica-20-carmen-mcevoy-noticia-1733355

 

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Comentarios disidentes a Ciudadanos sin República. "¿Cómo sobrevivir en la jungla política peruana?", de Alberto Vergara.

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El libro de Alberto Vergara, Ciudadanos sin República. ¿Cómo sobrevivir en la jungla política peruana?, es un conjunto de ensayos que reflexionan agudamente sobre el poder, la política y los actores que pugnan en el Perú actual. Vergara es un virtuoso de la palabra y entrelaza sus análisis con un sentido del humor que combina referencias musicales y de la jerga popular. Resulta imposible referirse a cada uno de sus planteamientos, de modo que me limitaré a algunos comentarios sobre la tesis que considero más controversial, la que azuza más el diálogo y el intercambio de ideas.
 
Dice Vergara, aludiendo a una expresión de Alfredo Torres, que el Perú enfrenta una suerte de paradoja del “crecimiento infeliz” debido al desencuentro entre la promesa neoliberal y la republicana. Por promesa neoliberal se entiende básicamente el crecimiento económico y el bienestar material que experimenta el país desde hace casi dos décadas. Esto es calificado por Vergara como un “éxito de la promesa neoliberal”. El problema es que al mismo tiempo que dicho “éxito” se vive el fracaso de la promesa republicana, es decir, la frustración de no poder constituirnos como una sociedad de hombres iguales ante la ley, con instituciones políticas representativas y con un sentido de fraternidad general que otorgue estabilidad al sistema político. Así, el neoliberalismo habría cumplido con traer crecimiento, y correspondería ahora consumar la promesa republicana de instituciones fuertes para que seamos completamente felices. 
 
Empecemos con una precisión. El título del libro de Vergara alude al ensayo de Alberto Flores-Galindo “República sin ciudadanos”, incluido en Buscando un inca. Identidad y utopía en los Andes. Mientras que para Vergara el Perú tiene ciudadanos pero faltan instituciones, Flores Galindo no quería decir que existieran instituciones republicanas y debíamos pasar a la etapa de formar ciudadanos. Lo que nos sugería era que una república sin ciudadanos no era una república. Era un imposible político. Recordemos que su horizonte era el cambio social y no la reafirmación del sistema liberal. En el argumento de Flores-Galindo durante la temprana república hubo un vacío de poder en al ámbito local debido al declive de corregidores, curas y curacas que fue cubierto por los terratenientes, que acumularon poder político gracias a la formación de milicias con las que se plegaron a favor de los caudillos. Estos “terratenientes con poder político” (fenómeno desconocido en la época colonial) prolongaron la servidumbre de los indios y obstruyeron el “imperio de la ley” en el Perú rural, haciendo imposible la constitución de una república en sentido pleno.
 
Ahora bien, Vergara plantea que una consecuencia del actual crecimiento económico es el afianzamiento de la ciudadanía por la vía del consumo: “el individuo enriquecido o desempobrecido es ya más ciudadano” (p. 27), y lo que corresponde sería construir las instituciones que doten de vida política y representación a esos ciudadanos embrionarios. El problema evidente es si la construcción de esa institucionalidad es posible dentro del actual modelo neoliberal. ¿Acaso no se implantó este modelo recortando drásticamente los derechos laborales de los trabajadores? Si la ciudadanía supone el ejercicio de derechos políticos y sociales, el neoliberalismo ha tenido efectos regresivos sobre la institucionalidad que protege los derechos de los trabajadores y ha inclinado la balanza de poder a favor del capital. No se puede soslayar que el neoliberalismo supone también una visión de la política y la sociedad, visión que asume que el gasto en educación y salud públicas resta competitividad a la economía nacional. No es seguro que las instituciones que garanticen el ejercicio de derechos ciudadanos avance significativamente en el marco del actual modelo neoliberal. Por el contrario, para afianzar la ciudadanía será necesario reformar este modelo. Volveré al final sobre este punto.
 
Un problema adicional a la tesis de Vergara es que no queda claro quiénes son esos “republicanos” que deben hacer del Perú una sociedad de ciudadanos. Mientras que sabemos que los neoliberales que cumplieron con su promesa de crecimiento económico están en el Ministerio de Economía, desde el cual controlan buena parte del Estado, no se identifica a los “republicanos”, y se desconoce si cuentan con una organización o liderazgos. Este es un punto problemático, pues por “republicanos” parece que se alude al liberalismo político, cuyo programa es precisamente la democracia, la ciudadanía y el Estado de derecho. Se trata de una cuestión de difícil resolución dadas las transformaciones del liberalismo. En el siglo XIX, el liberalismo político y el liberalismo económico compartían puentes ideológicos y tradiciones programáticos. Ambos formaban parte del “campo liberal”, y se puede decir que mientras el primero privilegiaba las instituciones democráticas frente al mercado, el segundo consideraba que el mercado importaba más que una democracia plena. En el siglo XX, el liberalismo político confluyó en la socialdemocracia y construyó en Europa el Estado de bienestar. El liberalismo económico siguió su propio camino. En las décadas de 1970 y 1980 abdicó de sus elementos democráticos y desmontó las instituciones del Estado de bienestar que habían expandido los derechos sociales y políticos, reconcentrando el ingreso.1 Esto significó la conversión del liberalismo económico en neoliberalismo. La suerte del liberalismo político se vio comprometida con la debacle del Estado del bienestar y del socialismo realmente existente. En algunos países europeos los ideales del liberalismo político están volviendo a escena, pero eso no parece ocurrir en el Perú. Aquí los liberales comprometidos con la democracia y la construcción de una sociedad de ciudadanos son básicamente periodistas, profesores universitarios y académicos. 
 
Por otro lado, Vergara califica de “exitoso” el modelo neoliberal. ¿Es tanto así? Es cierto que, comparado con la década de 1980, las reformas neoliberales aportaron estabilidad macroeconómica, control de la inflación, incremento de la inversión privada y reducción de la pobreza por la vía del aumento del empleo. Pero ¿qué tan sostenible es este crecimiento? En la historia del Perú contamos con periodos similares de crecimiento asociados a los ciclos de exportación de materias primas (la era del guano, la República Aristocrática y la post Segunda Guerra Mundial) como para no estar advertidos de la vulnerabilidad de este crecimiento. En realidad, nuestro crecimiento se debe, antes que al desarrollo de las fuerzas productivas, al “súper ciclo” de los precios de los comodities y del desarrollo de China.2 Como este crecimiento ocurre paralelamente a la reconcentración del ingreso, se ahondan las desigualdades, y sus beneficios llegan principalmente a los sectores urbanos y mejor vinculados con la economía de exportación. Asimismo, empeoran las condiciones de los sectores que no pueden engancharse con la economía de mercado y deben padecer las consecuencias de la inflación de precios. Se entiende, entonces, que el modelo no resulte exitoso para el tercio del electorado que voto por Humala en la primera vuela y que una mayoría rechazara en la segunda vuelta a la candidata que representaba la continuidad intacta del modelo neoliberal. 
 
Una última cuestión es que la tesis de Vergara presenta la economía y la política como dos dimensiones separadas en la realidad. Ya vino el crecimiento, ahora toca que venga la ciudadanía. Aquí el problema es suponer que se puede hacer economía sin hacer política. ¿No es acaso la propia tecnocracia neoliberal que creó las “islas de eficiencia” (BCR, Sunat, SBS y otras) la que bloquea las reformas institucionales de sectores como educación y salud? La reciente desavenencia entre el premier Villanueva y el ministro Castilla sobre el sueldo mínimo vital es ilustrativa de que los neoliberales no están dispuestos a ampliar la institucionalidad y la representación en el Estado de sectores sin capacidad de presión. Casi 25 años de neoliberalismo deberían bastar para darnos cuenta de que no llegará una segunda etapa institucional. Como se dijo, para construir institucionalidad y ciudadanía será necesario salirnos del modelo neoliberal. Esto no significa desechar la economía de mercado, sino integrarla a un modelo de sociedad en el que prevalezca la democracia, el bienestar general, la igualdad de oportunidades y el respeto a la diversidad cultural. La economía de mercado no es patrimonio del neoliberalismo, y la administración de economías de libre mercado por “partidos de izquierda” muestra que hacerlo es posible. Quisiera cerrar estos comentarios reseña con una cita de Rousseau, en la que advierte que la democracia no era compatible con las desigualdades, y que pareciera ser escrita para contradecir el credo neoliberal: 
 
Y en cuanto a la riqueza, que ningún ciudadano sea suficientemente opulento para poder comprar a otro, ni ninguno bastante pobre para ser obligado a venderse […] igualdad en los rangos y en las fortunas, sin lo cual la igualdad de derechos y de au-toridad no podría subsistir mucho tiempo.3
 

* Historiador, Investigador del Instituto de Estudios Peruanos
1 Harvey, David (2007). Breve historia del neoliberalismo. Madrid: Akal. 
2 Campodónico, Humberto. “Se acaba el súper ciclo”. La República, 10 de febrero de 2014.

3  Rousseau, Jean Jacobo (1993). El contrato social o principio de derecho político. Barcelona: Atalaya, p. 62.

 

 

http://revistargumentos.org.pe/comentarios_disidentes.html

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Ciudadanía y República 2.0, por Carmen McEvoy

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PERÚ 2013 - SciELO

www.scielo.cl/scielo.php?pid=S0718-090X2014000100013&script...
de R BARRENECHEA - ‎2014
Peru is a democracy without parties sustained in a weak state, which limits the ... linkages with citizens, but has not had serious consequences for the stability of the ... En el Congreso de la República la fragmentación de las bancadas ...... El Perú político en perspectiva comparada, Alberto Vergara y Carlos Meléndez (eds.).

 

PERÚ 2013: LA PARADOJA DE LA ESTABILIDAD*

RODRIGO BARRENECHEA Northwestern University

PAOLO SOSA VILLAGARCIA Pontificia Universidad Católica del Perú Instituto de Estudios Peruanos

Este artículo es una revisión del devenir político peruano durante el 2013. El Perú es una democracia sin partidos sostenida en un Estado débil, lo que si bien limita la capacidad de los políticos para establecer vínculos estables con la ciudadanía, no ha afectado seriamente la estabilidad del régimen político. Por un lado, una élite política desprestigiada, precaria y fragmentada coexiste con una influyente tecnocracia económica, fortalecida por los buenos resultados económicos del país en los últimos años. Por otro, esta brecha entre Estado y sociedad hace que la sorprendente (y precaria) estabilidad peruana coexista con signos de descontento entre sectores urbanos que rechazan el sistema político y se ven asediados por la inseguridad ciudadana, mientras que en zonas rurales se registren fragmentados episodios de movilización que dan cuenta de la contracara del crecimiento económico, sostenido en la extracción y exportación de materias primas.

Peru 2013: The Paradox of Stability

This paper is a review of the main political events of 2013 in Peruvian politics. Peru is a democracy without parties sustained in a weak state, which limits the capacity of politicians to establish stable linkages with citizens, but has not had serious consequences for the stability of the political regime. On the one hand, this discredited, fragile and fragmented political elite coexists with an influential economic technocracy, strengthened by the good economy performance of recent years. On the other, this gap separating state and society makes the surprising (and precarious) Peruvian stability coexist with signs of discontent among urban sectors which reject the political system and are besieged by insecurity; while, the existence of fragmented episodes of mobilization in rural areas show the flipside of economic growth sustained in the boom of commodities.

 

Ciudadanía y República 2.0, por Carmen McEvoy

Heduardicidio Heduardicidio

 

Ciudadanos sin república | Columnistas | LaRepublica.pe

www.larepublica.pe › ColumnistasVirtù e Fortuna
1/9/2013 - En esta línea vale comentar la reciente aparición del libro de Alberto Vergara, Ciudadanos sin república. ¿Cómo sobrevivir en la jungla política ...

 

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Rolando Rojas
Y en cuanto a la riqueza, que ningún ciudadano sea suficientemente opulento para poder comprar a otro, ni ninguno bastante pobre para ser obligado a venderse […] igualdad en los rangos y en las fortunas, sin lo cual la igualdad de derechos y de au-toridad no podría subsistir mucho tiempo. 
La tesis de Vergara presenta la economía y la política como dos dimensiones separadas en la realidad. Ya vino el crecimiento, ahora toca que venga la ciudadanía. Aquí el problema es suponer que se puede hacer economía sin hacer política.

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