Wednesday 2 may 2012 3 02 /05 /May /2012 18:34

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Circulacion_termohalina.jpg

 

 

DESCUBREN CORRIENTES PROFUNDAS OCEÁNICAS DE GRAN CAUDAL Y VELOCIDAD CERCA DE LA ANTÁRTIDA

 

 

Los científicos han descubierto el rápido movimiento de una corriente del océano profundo, moviendo un volumen equiparable a 40 ríos como el Amazonas, cerca de la Antártida, esto servirá a los investigadores para controlar los impactos del cambio climático en los océanos del mundo.

 

El equipo de científicos australianos y japoneses, en un estudio publicado en la revista Nature Geoscience, consideró que la corriente es clave dentro del modelo de circulación oceánica global que ayuda a controlar el clima del planeta.

 

Ya se habían detectado con anterioridad la prueba de esta corriente, pero no se tenían datos de la misma.

 

"No sabíamos si formaba parte importante de dicha circulación o no, y esto demuestra claramente que sí lo es", digo uno de los autores, Steve Rintoul.

 

Rintoul, del Antarctic Climate and Ecosystems Cooperative Research Center en Hobart, señaló que es la corriente más rápida del océano profundo encontrada hasta la fecha, con una velocidad media de 20 cm. por segundo. También se calculó que transporta más de 12 millones de metros cúbicos por segundo de agua muy fría y salada de la Antártida.

 

"A estas profundidades, por debajo de los tres kilómetros de la superficie, estas son las velocidades registradas más fuertes que hemos visto hasta ahora, realmente toda una sorpresa para nosotros".

 

La corriente arrastra un agua densa y rica en oxígeno de los fondos cercanos a la Antártida hacia las cuencas oceánicas profundas de más al norte, alrededor de la meseta Kerguelen en el Océano Índico meridional, y luego expandirse.

 

El cinturón de arrastre planetario

 

La corriente forma parte de una red mucho más grande que se extiende por todos los océanos del mundo, actuando como una gigantesca cinta transportadora que distribuye el calor por todo el globo.

 

Los océanos son un importante depósito de dióxido de carbono, el principal gas de efecto invernadero que se emite de manera natural y por la humanidad, principalmente por la quema de combustibles fósiles.

 

Por ejemplo, la Corriente del Golfo lleva aguas cálidas al Atlántico Norte, dando el norte de Europa un clima relativamente suave. Un fallo de la corriente, como ocurrió en el pasado, sumiría a partes de Europa en una congelación profunda, según los científicos.

 

"La profunda corriente a lo largo de la meseta Kerguelen, es parte de un sistema mundial de corrientes oceánicas llamada circulación termohalina, la cual determina cuánto calor y carbono puede absorber el océano", dijo Rintoul.

 

Una clave importante de la circulación, es la creación de grandes volúmenes de agua salada y muy fría, en varias áreas costeras a lo largo de la Antártida, que luego se hunde hasta el fondo y fluye a otras cuencas oceánicas.

 

El equipo desplegado dispositivos de medición anclados en el fondo marino, a profundidades de hasta 4,5 km., y registró la velocidad de la corriente, su temperatura y salinidad, durante un período de dos años.

 

"Las mediciones continuas proporcionados por tales dispositivos nos permiten, por primera vez, determinar la cantidad de agua profunda que arrastra la corriente hacia el norte", señaló Rintoul.

 

Según dijo, un aspecto clave para predecir el clima consiste en saber si la circulación termohalina conserva su actual fuerza o si se torna sensible a los cambios, como el cambio climático.

 

Por eso es importante seguir mejorando las mediciones de la velocidad y el volumen del agua fría y salada que se crea alrededor de la Antártida.

.28/04/2010.

 

 

 

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      LA CALAMITOSA “PEQUEÑA EDAD DE HIELO”

Durante varios siglos una ola de frío glacial arrasó el hemisferio norte, especialmente Europa, condicionando fuertemente la vida, las sociedades humanas e incluso los acontecimientos históricos que se nos han inculcado. El viejo continente se vio sumergido en una era glacial que hoy se conoce como  “La Pequeña Edad de Hielo”.

Se extendió durante más de seis siglos, desde comienzos del siglo XIV hasta mediados del siglo XIX. Millones de personas murieron por el frío. Enormes glaciares avanzaron sobre Europa, los ríos permanecían congelados durante mucho tiempo y los esquimales podían bajar en kayak hasta Escocia.

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Hoy se sabe que la destrucción de “La armada invencible” de España se debió a las desastrosas condiciones climáticas en el Canal de la Mancha mucho más que a la armada inglesa.

También se conjetura que el hambre y la desesperación por las privaciones y los rigores que el clima imponía, impulsaron el levantamiento de las masas que condujo a la Revolución Francesa.

La imprevisible derrota de las tropas de Napoleón en las congeladas estepas rusas, que cambió el destino del caudillo francés, puede haberse debido grandemente al clima. El clima glaciar que atrapó a Eurasia influyó en multitud de hábitos, por ejemplo el cambio de bebida de la población: dado que las cosechas de cereales resistieron mejor el frío que los viñedos, se instaló en los países del norte el consumo del whisky y de la cerveza, en detrimento del vino que permaneció en los países del sur.

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Escena en el hieloHendrick Barentsz1625

.Los glaciares crecieron y alcanzaron dimensiones de hace 10,000 años, las dimensiones de fines de la última glaciación. En Inglaterra el río Támesis se congeló con frecuencia y se popularizaron “Las ferias del hielo”, por más de doscientos años, entre 1607 y 1814.

 

La Pequeña Edad de Hielo (PEH) fue un período frío que abarcó desde comienzos del siglo XIV hasta mediados del XIX. Puso fin a una era extraordinariamente calurosa llamada óptimo climático medieval. Hubo tres máximos: sobre 1650, alrededor de 1770 y hacia 1850.1Inicialmente se pensó que era un fenómeno global, pero posteriormente fue desmentido. Bradley y Jones (1993), Hughes y Díaz (1994) y Crowley y Lowery (2000),2 describen la PEH como «una época donde el hemisferio norte tuvo un modesto enfriamiento de menos de 1°C». La NASA define el término Pequeña Edad del Hielo como un periodo frío entre 1550 y 1850 con tres periodos especiales de frío: uno comenzando en 1650 (Mínimo de Maunder1645-1715), otro en 1770 y el último en 1850, separados periodos de pequeños calentamientos, y según Martin y Olcina señalan en España cuatro períodos de sucesos catastróficos (mitad del siglo XV, 1570–1610, 1769–1800 y 1820–1860).

 

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Durante décadas, los investigadores han tratado de reconstruir los fenómenos que originaron “La Pequeña Edad de hielo”, pero la escasez de datos impedía clarificar los eventos, la información de la pluviometría (lluvia) y de la temperatura data apenas dos siglos, sin embargo quedan pistas, hay un registro natural que ahora está proporcionando una información extraordinaria.

 

Uno de los archivos más ricos se halla bajo la superficie de los océanos, bajo las capas del lecho marino. Perforaciones en profundidad han permitido extraer tubos repletos de hielo y material acumulado durante siglos y milenios, estos fósiles geológicos son los “testigos” de la evolución climática: cada cinco o diez centímetros representan mil años de acumulación. En las muestras hay microorganismos fosilizados que informan de las temperaturas durante  “La Pequeña Edad de Hielo”.

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La pequeña edad glaciar del segundo milenio de nuestra era, apareció de súbito, en términos geológicos, hacia el año 1300, cuando se disfrutaba de un clima cálido muy parecido al actual. El feudalismo dominaba Europa, la agricultura en la tierra de la nobleza medieval sustentaba las poblaciones; surgían las  ciudades, crecía el comercio y la Iglesia Católica iba volviéndose omnipresente.

 

 

Archivo:2000 Year Temperature Comparison es.png


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Por cuatro siglos, del 900 hasta el 1300, la temperatura media habían sido entre 3° y 7° superior a las de siglos, por lo que a esta época extraordinariamente cálida se le ha denominado "periodo medieval cálido" o también, “pequeño óptimo climático”. Esta época extraordinariamente cálida coincidió con uno de los periodos más prósperos de la civilización. Existía la sensación de progreso, la sensación de crecimiento, vitalidad y creatividad. La gente dependía de cosechas bastante seguras. La población se multiplicó en Europa y las enfermedades se redujeron notablemente. Por ciertos datos, parece que  los viñedos del norte competían con los del sur. Fue la época de relativo optimismo, aunque es cierto que el campesinado no acababa de salir de la miseria. Se llegó a pensar que el clima sería inmutable.

 

Pero con el siglo XIV llegó el frío, un inesperado descenso de las temperaturas recorrió el mundo, en el curso de tan solo una década la temperatura media global se redujo 4° centígrados. El cambio fue calamitoso, se pusieron de manifiesto las debilidades medievales y se desató una reacción en cadena que duró más de 500 años. El cambio golpeó particularmente el norte y el este en Europa. Los glaciares crecieron y alcanzaron las dimensiones de 10,000 años atrás, las dimensiones de fines de la última glaciación. En Inglaterra el río Támesis se congeló con frecuencia y se popularizaron “Las ferias del hielo”, por más de doscientos años, entre1607 y 1814.

 

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La pequeña edad glaciar del segundo milenio de nuestra era no solo fue una época de temperaturas más bajas, también hubo fortísimas tormentas arrasaron el suelo y las cosechas. Las masas campesinas no tenían que llevarse a la boca. Terminando 1300 hubo hambruna, en 1305 un millón y medio de personas había muerto en Europa, por hambre o enfermedades relacionadas. Se asaltaba por comida. En toda Europa las cosechas eran vulnerables un siglo tras otro y las hambrunas se sucedían unas tras otras. La gente siempre se hallaba hambrienta y expuesta a los estallidos de la “peste bubónica”. Durante “La Pequeña Edad de Hielo” esta enfermedad, importada por vía marítima desde Asia, encontró el caldo de cultivo ideal. La gente empezó a morir a millones. La plaga acabó en 1351, habiéndose llevado por delante a 25 millones de personas, un tercio de la población de la época, y los que sobrevivieron siguieron padeciendo sucesivas hambrunas. La histeria colectiva acabó echando la culpa de la situación calamitosa a algunos grupos marginales: la “persecución de las brujas” se acometió con fanatismo ciego. En 1484 el papa Inocencio VIII tuvo la peregrina y mortal ocurrencia de culpar públicamente a las brujas del clima frío y destructivo de Europa y hasta el siglo XVII la caza de brujos y brujas estuvo asociada con el clima frío. Más de 50,000 hombres y mujeres, acusados de prácticas diabólicas, murieron en la hoguera.

 


Persecución y hoguera de las brujas

                                      

Hoy 700 años después de comenzada “La Pequeña Edad de Hielo”, se han propuesto  muchas explicaciones para justificar este fenómeno climático: disminución de la radiación solar, aunque se sabe que fue muy pequeña; erupciones volcánicas, evidenciadas por los “testigos de hielo” de Groenlandia y la Antártica que confirman que se produjeron una media de cinco erupciones volcánicas por siglo en aquel tiempo, cada una con una potencia equivalente al de Krakatoa, lo cual evidentemente contribuyó al descenso de temperatura, aunque no parece que sea la causa del fenómeno a nivel planetario. Hoy no se producen, de momento, erupciones tan potentes. El efecto refrigerante que tienen las erupciones volcánicas se debe a la expulsión de gases de azufre que en la estratosfera reaccionan con el vapor de agua y forman cristales de ácido sulfúrico, que perduran por años en la alta atmósfera y reflejan los rayos del Sol, enfriando la superficie de la Tierra.

 

Para muchos científicos la verdadera causa de “La Pequeña Edad de Hielo” se encuentra en la “cinta transportadora oceánica”. Se trata de un potente curso de agua templada, un río enorme dentro del mar, de entre 80 y 100 kilómetros, que traslada el calor desde el trópico a las latitudes del norte. “La Corriente del Golfo” es un fragmento de esta enorme circulación global de agua.

 

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La Cinta Transportadora Oceánica

                                     

Opera así: en el trópico las masas de agua se calientan por la alta incidencia de radiación solar y fluyen superficialmente hacia el norte rumbo a Islandia. A medida que el agua se enfría, se vuelve más densa porque adquiere una mayor proporción relativa de sales y acaba hundiéndose; el curso de agua cambia de dirección y vuelve por las profundidades del océano hacia el sur para mantener el equilibrio con el agua templada.

 

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Corriente del Golfo

                    

Los científicos piensan que  “La Pequeña Edad de Hielo” se produjo cuando se interrumpió la Corriente del Golfo. Se postula que el intenso calor que se desarrolló por cuatro siglos, del 900 hasta el 1300, con temperatura media entre 3° y 7° superior a las de siglos previos, fundió el “hielo ártico”, aportando agua dulce al mar, rebajando la salinidad marina. Como consecuencia el agua del mar perdió densidad y capacidad de hundirse en el océano, deteniéndose la Corriente del Golfo.

Sin dicha corriente, el clima de la Tierra, fundamentalmente el de Europa, se enfriaría enormemente. El calor ya no se transportaría a la atmósfera del Atlántico norte y los vientos procedentes del mar ya no serían cálidos, sino fríos. Las temperaturas en toda Europa serían gélidas, como en Siberia.

A mediados de “La Pequeña Edad de Hielo”, entre 1645 y 1715, la temperatura media en Europa bajó aún más todavía, presumiblemente debido a la dinámica nuclear del Sol, ya que hubo un mínimo de “manchas solares” en la superficie del Sol, esto es, se atravesó lo que hoy se conoce como el “Mínimo de Maunder”. Cuando hay menos “manchas solares” en la superficie el Sol, nuestra estrella emite menos radiación y la Tierra se enfria.

 

 

                  File:Papamuseolarco.jpg

 

File:Dumont - Portrait of Antoine Parmentier.jpg 

                                 

LA PAPA SALVÓ A EUROPA

 

 

El enfriamiento del “Mínimo de Maunder” fue el que desencadenó el derretimiento glaciar de los Alpes, que invadieron poblaciones y tierras de cultivo. Una adaptación fue el cultivo de la patata, que hasta entonces, desde que llegó de América, era poco más que una curiosidad botánica. Su mayor resistencia al frío la hizo cultivo de elección, su consumo se generalizó y sirvió para paliar las hambrunas, en unas tierras que habían sido preponderantemente cerealistas. El clero consideraba pecado la ingestión de la papa, la consideraban la planta del diablo, por cultivarse bajo tierra y combatía su cultivo y consumo: el hambre y el buen sentido hicieron caer las consejas de los frailes en saco roto. Sin embargo, muchas personas “del rebaño del señor” les hicieron caso, a pesar del hambre y pagaron sus disparates con la vida.

Finalmente la “Guerra de los treinta años” arrasó con todo tipo de cultivos menos con las patatas, que estaban protegidas de la devastación de las hordas guerreras bajo el suelo. La población del viejo mundo terminó redescubriendo los beneficios de las humildes satanizadas y regias papas, salvando a muchas zonas de Europa donde las cosechas abortaban.

 

 

Francia se negó cerradamente al cultivo de la papa, el frío acentuó la hambruna y la miseria del campesinado alcanzó límites insostenibles, la crisis alimentaria terminó llevando a la Revolución Francesa.

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Corrientes-oceanicas-2.jpg

 

Cinta transportadora oceánica

 

En el trópico las masas de agua se calientan por la gran cantidad de radiación solar que soportan, esa agua fluye y se traslada al norte, a la latitud aproximada de Islandia, allí pierde calor que se fuga a la atmósfera. El impulso de la “cinta transportadora” continúa a medida que el agua se refresca, se vuelve más densa porque entonces hay una mayor proporción relativa de sales y acaba hundiéndose; entonces cambia de dirección y vuelve hacia el sur para mantener el equilibrio con el agua templada, que antes había fluido hacia el norte por la superficie.

 

 

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Antiguas ilustraciones que recrean las ferias del hielo celebradas en 1683 y 1814 en Londres. Durante la Pequeña Edad del Hielo, el río Támesis se congeló numerosos inviernos entre os siglos XVI y XIX, permitiendo la instalación de carpas. Desde finales del siglo XIX el Támesis no se ha vuelto a helar.

Evolución de la temperatura media anual en el observatorio del Ebro, cerca de Tortosa, durante 100 años. A diferencia de numerosos observatorios, el del Ebro dispone de una larga serie climatológica en la que no se han producido alteraciones de temperatura relacionadas con la influencia urbana. La curva muestra una tendencia al calentamiento más matizada que las de los informes de la ONU a escala planetaria. Obsérvese el máximo de 2003 y el mínimo de 1956. (Fuente: Observatorio del Ebro).           

http://www.estrellasyborrascas.com/clima.php?ID=5

 

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Los violines de Antonio  Stradivari y un golpe de suerte en medio del frío

                                                                 

LLoyd Burckle, climatólogo de la universidad de Columbia, planteó un único factor positivo de “La Pequeña Edad de Hielo”. Burckle sostiene que la madera utilizada por Stradivari para fabricar sus violines Stradivarius había crecido durante el “Mínimo de Maunder”, el periodo más frío de “La Pequeña Edad de Hielo”. Los Stradivarius y el “Mínimo de Maunder” se produjeron con un año de diferencia. El artista italiano nació en 1644 y el  periodo más frío se extendió entre 1645 y 1715. Los árboles de la época desarrollaron una madera única y más densa, con propiedades acústicas ideales. En periodos más cálidos los árboles crecen más rápido y forman anillos más anchos. En periodos fríos, el crecimiento es más lento y los anillos más estrechos. Los árboles de la época de Stradivari crecieron extraordinariamente despacio. Registran el crecimiento más lento habido en los últimos 700 años. La madera de los árboles que crecen muy despacio posee mayor densidad: la resonancia depende de la anchura de los anillos de crecimiento, que en realidad actúan como cámaras de sonido. La menor anchura de los anillos contribuyó a la mayor calidad musical del sonido de esos instrumentos. Burckle y su colaborador el geógrafo Grissino-Mayer plantean que además de la madera influyó el lugar donde crecieron los árboles. La madera de los árboles que utilizó  Stradivari procedía de los Alpes italianos que estaban enraizados en un suelo pobre y a gran altitud, lo que se traduce en un crecimiento aún más lento. Todos los factores se aunaron para la mayor calidad de los violines.

 

 

(*)      Comparación durante el periodo 1990–2001, del glaciar San Rafael, en el sur de Chile, entrando mucho en el lago en 1898.

 

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Por cinabrio - Publicado en: Ecología Planetaria
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