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14 octubre 2014 2 14 /10 /octubre /2014 16:14
Brittany Maynard and Dan Diaz on their wedding day. She had been married a little more than a year when she was diagnosed with brain cancer.
Brittany Maynard and Dan Diaz on their wedding day. She had been married a little more than a year when she was diagnosed with brain cancer.

 

 

 

 

Mi derecho a una muerte digna a los 29

Por Bryttany Maynard
14 de octubre 2014 -

Nota del editor: Brittany Maynard es una defensora del derecho a una muerte digna, pertenece a la organización "Compassion and Choices" (Compasión y Opciones) una organización líder en el derecho a decidir el final de la vida cuando la enfermedad y el sufrimiento la hacen insoportable. Ella vive en Portland, Oregon, con su marido, Dan Díaz, y su madre, Debbie Ziegler.  Brittany y su familia relataron su historia a thebrittanyfund.org. Las opiniones expresadas en este artículo son únicamente las de la autora.


(CNN) - El día de Año Nuevo, después de meses de sufrir de dolores de cabeza debilitantes, me enteré de que tenía cáncer cerebral. Tenía 29 años de edad.
Había estado casada por poco más de un año. Mi marido y yo estábamos tratando de tener familia.
Nuestras vidas degeneró en hospitalizaciones, consultas médicas e investigación médica. Nueve días después de mi diagnóstico inicial, tenía una craneotomía parcial y una resección parcial de mi lóbulo temporal. Ambas cirugías fueron un esfuerzo por detener el crecimiento de mi tumor.

En abril, me enteré de que no sólo tenía un tumor, era el más agresivo. Los doctores me dieron un pronóstico de seis meses de vida.

Debido a que mi tumor es tan grande, los médicos prescriben la radiación del cerebro completo. He leído acerca de los efectos secundarios: El pelo se me chamuscaría. Mi cuero cabelludo quedaría cubierto con quemaduras de primer grado. Mi calidad de vida, tal como la llevo, desaparecerá.

Después de meses de investigación, mi familia y yo llegamos a una conclusión desgarradora: No existe un tratamiento que pueda salvar mi vida, y los tratamientos recomendados destruirían el tiempo que me queda por vivir.

Consideré fallecer con el cuidado del hospicio en mi barrio de la bahía de San Francisco. Pero incluso con la medicación paliativa, podría desarrollar dolor potencialmente resistente a la morfina y sufrir cambios de personalidad, además de pérdida verbal, cognitiva y motora, de prácticamente cualquier tipo.

Debido a que el resto de mi cuerpo es joven y sano, probablemente resista físicamente durante mucho tiempo a pesar de que el cáncer se está comiendo mi mente. Probablemente sufriría el cuidado del hospicio durante semanas o incluso meses. Y mi familia tendría ver eso.

Yo no quiero este escenario de pesadilla para mi familia, así que me puse a investigar la muerte con dignidad. Es una opción de fin de vida de los pacientes mentalmente competentes, los enfermos terminales con un pronóstico de seis meses o menos de vida. Se me permitiría utilizar la práctica y la experiencia médica para ayudarme a morir: Podría solicitar y recibir una receta de un médico para una medicación de auto-ingesta hasta terminar de morir sin que el proceso  llegue a serme insoportable.

Rápidamente decidí que la muerte con dignidad era la mejor opción para mí y mi familia.

Tuvimos que partir de California a Oregón, porque Oregon es uno de los cinco estados donde está autorizada la muerte con dignidad.
Conocí los criterios para la muerte con dignidad en Oregon, pero el establecimiento de residencia en el estado para hacer uso de la ley requiere un número monumental de trámites. Tenía que encontrar nuevos médicos, establecer residencia en Portland, buscar un nuevo hogar, obtener una nueva licencia de conducir, cambiar mi registro de votantes y conseguir gente para que se haga cargo de cuidar de nuestros animales, y mi marido, Dan, tuvo que pedir una licencia para ausentarse de su puesto de trabajo. La gran mayoría de las familias no tienen la flexibilidad, los recursos y el tiempo para hacer todos estos trámites.

He tenido el medicamento durante semanas. No soy suicida. Si lo fuera, habría consumido la medicación hace mucho tiempo. Yo no quiero morir. Pero me estoy muriendo. Y yo quiero morir en mis propios términos.
Yo le diría a la gente, a él o ella, que debe elegir la muerte con dignidad. Mi pregunta es: ¿Quién tiene el derecho de decirme que no me merezco esta elección? Me merezco sufrir por semanas o meses horrible dolor físico y emocional? ¿Por qué alguien debería tener el derecho de tomar esa decisión por mí?

Ahora que he obtenido la receta y está en mi poder, he experimentado una tremenda sensación de alivio. Y si decido cambiar de opinión acerca de tomar la medicación, lo haré.
Tener esta opción de finalizar mi vida se ha vuelto increíblemente importante. Me ha dado una sensación de paz durante una época turbulenta que de otra manera estaría dominada por el miedo, la incertidumbre y el dolor.
Ahora, yo soy capaz de seguir adelante en mis días o semanas restantes que tengo en esta hermosa tierra, soy capaz de buscar la alegría y el amor y pasar un tiempo de viaje entre las maravillas de la naturaleza, al aire libre, con las personas que amo. Y yo sé que tengo una red de seguridad.

Morir joven y en sus propios términos
Tengo la intención de celebrar el cumpleaños de mi marido el 26 de octubre, con él y nuestra familia. A menos que mi condición mejore drásticamente, voy a buscar acabar con mi vida poco después.

Espero por el bien de mis conciudadanos americanos a los que nunca conoceré, que esta opción esté disponible para ustedes. Si alguna vez se encuentran en mis zapatos, espero que al menos puedan elegir por sí mismos y que nadie trate de decidir por vosotros.

Cuando mi sufrimiento se vuelva demasiado grande, quiero poder decir a todos los que amo, "Te quiero, ven a mi lado, y ven a decirme adiós". Moriré en mi habitación con mi marido, mi madre, mi padrastro y mi mejor amigo al lado y pasaré pacíficamente el tránsito. No me puedo imaginar, tratando de robar a alguien más, esta elección.

 

 

Brittany Maynard and Dan Diaz

 

My right to death with dignity at 29

By Brittany Maynard

October 14, 2014 --

Editor's note: Brittany Maynard is a volunteer advocate for the nation's leading end-of-life choice organization, Compassion and Choices. She lives in Portland, Oregon, with her husband, Dan Diaz, and mother, Debbie Ziegler. Watch Brittany and her family tell her story at www.thebrittanyfund.org. The opinions expressed in this commentary are solely those of the author.

(CNN) -- On New Year's Day, after months of suffering from debilitating headaches, I learned that I had brain cancer.

I was 29 years old. I'd been married for just over a year. My husband and I were trying for a family.

Our lives devolved into hospital stays, doctor consultations and medical research. Nine days after my initial diagnoses, I had a partial craniotomy and a partial resection of my temporal lobe. Both surgeries were an effort to stop the growth of my tumor.

In April, I learned that not only had my tumor come back, but it was more aggressive. Doctors gave me a prognosis of six months to live.

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Brittany Maynard shares a moment with her bridesmaids.

Brittany Maynard shares a moment with her bridesmaids.
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Because my tumor is so large, doctors prescribed full brain radiation. I read about the side effects: The hair on my scalp would have been singed off. My scalp would be left covered with first-degree burns. My quality of life, as I knew it, would be gone.

After months of research, my family and I reached a heartbreaking conclusion: There is no treatment that would save my life, and the recommended treatments would have destroyed the time I had left.

I considered passing away in hospice care at my San Francisco Bay-area home. But even with palliative medication, I could develop potentially morphine-resistant pain and suffer personality changes and verbal, cognitive and motor loss of virtually any kind.

Because the rest of my body is young and healthy, I am likely to physically hang on for a long time even though cancer is eating my mind. I probably would have suffered in hospice care for weeks or even months. And my family would have had to watch that.

I did not want this nightmare scenario for my family, so I started researching death with dignity. It is an end-of-life option for mentally competent, terminally ill patients with a prognosis of six months or less to live. It would enable me to use the medical practice of aid in dying: I could request and receive a prescription from a physician for medication that I could self-ingest to end my dying process if it becomes unbearable.

I quickly decided that death with dignity was the best option for me and my family.

We had to uproot from California to Oregon, because Oregon is one of only five states where death with dignity is authorized.

I met the criteria for death with dignity in Oregon, but establishing residency in the state to make use of the law required a monumental number of changes. I had to find new physicians, establish residency in Portland, search for a new home, obtain a new driver's license, change my voter registration and enlist people to take care of our animals, and my husband, Dan, had to take a leave of absence from his job. The vast majority of families do not have the flexibility, resources and time to make all these changes.

I've had the medication for weeks. I am not suicidal. If I were, I would have consumed that medication long ago. I do not want to die. But I am dying. And I want to die on my own terms.

I would not tell anyone else that he or she should choose death with dignity. My question is: Who has the right to tell me that I don't deserve this choice? That I deserve to suffer for weeks or months in tremendous amounts of physical and emotional pain? Why should anyone have the right to make that choice for me?

Now that I've had the prescription filled and it's in my possession, I have experienced a tremendous sense of relief. And if I decide to change my mind about taking the medication, I will not take it.

Having this choice at the end of my life has become incredibly important. It has given me a sense of peace during a tumultuous time that otherwise would be dominated by fear, uncertainty and pain.

Now, I'm able to move forward in my remaining days or weeks I have on this beautiful Earth, to seek joy and love and to spend time traveling to outdoor wonders of nature with those I love. And I know that I have a safety net.

Dying young and on her own terms

I plan to celebrate my husband's birthday on October 26 with him and our family. Unless my condition improves dramatically, I will look to pass soon thereafter.

I hope for the sake of my fellow American citizens that I'll never meet that this option is available to you. If you ever find yourself walking a mile in my shoes, I hope that you would at least be given the same choice and that no one tries to take it from you.

When my suffering becomes too great, I can say to all those I love, "I love you; come be by my side, and come say goodbye as I pass into whatever's next." I will die upstairs in my bedroom with my husband, mother, stepfather and best friend by my side and pass peacefully. I can't imagine trying to rob anyone else of that choice.

 

 

The Brittany Maynard Fund | Compassion & Choices

www.thebrittanyfund.org/

 

 

Gliosarcome chemotherapy / Jackson Memorial Hospital ...

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24/9/2014 - Tras la rescisión del tumor cerebral llamado gliosarcoma que ataca a los astrocitos (células gliales) del encéfalo, sigue ... cinabrio.over-blog.es.

 

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19/9/2014 - cinabrio.over-blog.es. Friday 19 .... El Gliosarcoma es uno de los tumores cerebrales malignos más comunes, y un enfoque prometedor para el ...

 

* Malcolm Allison H  2014

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  • Malcolm Allison H malcolm.mallison@gmail.com
  • Biólogo desde hace más de treinta años, desde la época en que aún los biólogos no eran empleados de los abogados ambientalistas. Actualmente preocupado …alarmado en realidad, por el LESIVO TRATADO DE(DES)INTEGRACIÓN ENERGÉTICA CON BRASIL
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