Traditional Dhow sail boat on Lamu Island, Kenya
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«Si no fuera por la comunidad extranjera, nuestra localidad estaría en la ruina», reconoce a ABC Mahmoud Abdulkadir, uno de los líderes religiosos de la isla keniana de Lamu, quien lamenta que las únicas fuentes de ingresos de la localidad sean la pesca y el turismo. Aunque quizá por poco tiempo. El pasado 1 de octubre, milicianos provenientes de Somalia (el archipiélago se encuentra a unos kilómetros de su costa) secuestraban a Marie Dedieu, una turista francesa de 66 años que se encontraba de descanso en la isla junto a su pareja. Solo veinte días después, los secuestradores anunciaban su muerte. Y tres meses más tarde, el turismo en la zona se encuentra bajo mínimos. «Si la situación sigue así, ni todo el oro extranjero podrá salvar nuestra isla», reconoce Abdulkadir.
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En los últimos años, las playas de esta versión posmoderna de Benidorm han servido de refugio a aristócratas como Cayetano Martínez de Irujo (en 2005, el jinete celebró su luna de miel con Genoveva Casanova por estos lares), Bono (el cantante filántropo), o «mecenas» como Flavio Briatore. Al otro lado del palmeral, ni un euro. Son las miserias propias de la «costa de los malditos». De ser uno de los principales puertos en la ruta del opio procedente de Afganistán, Malindi ha pasado a convertirse en una Ibiza a precio de saldo, pero con reminiscencias (económicas) del barrio sevillano de las 3.000 viviendas. Al menos, para su población local.
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This is the Lamu Archipelago, a string of coral islands that drift off the Indian Ocean coastline of Kenya, just south of Somalia. Here flying fish leap in the mangrove channels, turtles nest, whale sharks wallow, dolphins arc and delicate flights of roseate terns swoop down to wade in the warm water of the shallows. Here, time runs slow, plans no longer matter, and the day evolves to a schedule all its own.
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Traditional Dhow sail boat on Lamu Island, Kenya
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La «costa de los malditos»
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Discreta y paradisiaca, esta franja del litoral keniano atrae a destacados miembros de la jet setinternacional. Pero no es oro todo lo que reluce
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EDUARDO S. MOLANO / CORRESPONSAL EN NAIROBI
Día 18/02/2012 http://www.abc.es/20120218/estilo/abcp-costa-malditos-20120218.html
Quedarse dormido mientras se escucha la brisa del mar debe de ser uno de los pocos placeres sonoros de la vida que, de momento, no tienen precio. Por ello, supongo que entenderán, como yo, que ese aristócrata a la vieja usanza llamado Ernesto de Hannover la emprendiera a golpes con el dueño de una discoteca que perturbaba su merecido descanso en la isla keniana de Lamu (el matrimonio con Carolina de Mónaco debía de ser agotador). La «agresión» (bonito eufemismo cuando se habla de reventar la mandíbula a alguien) tuvo lugar durante unas vacaciones familiares del príncipe en la isla, tras sentirse importunado por un ruido procedente del local que, en su opinión, impedía el descanso.
Por este incidente, ocurrido en 2000, el marido de la princesa fue condenado a pagar 445.000 euros a la víctima, aunque tras el recurso de Ernesto la sentencia quedó reducida a 200.000. Son las contrariedades propias de la costa de Kenia, configurada por idílicos parajes naturales, pero en continua lucha entre la tradición y la modernidad; y más aún ante la reciente «fauna» que migra hacia el lugar.
Eso sí, si obviamos el exceso de hemoglobina, el agradecimiento local al turismo exterior no es menor, al menos en Lamu. No en vano, en este paraíso terrenal de la cultura swahiliy árabe acostumbran a pasear dioses del Olimpo del espectáculo como Mike Jagger, Madonna, Sting, Ewan McGregor o Naomi Campbell. Y más importante aún, sus abultadas carteras.
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Africa’s hidden tropical gem ~ Lamu Island, Kenya
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Milicias de Somalia
«Si no fuera por la comunidad extranjera, nuestra localidad estaría en la ruina», reconoce a ABC Mahmoud Abdulkadir, uno de los líderes religiosos de Lamu, quien lamenta que las únicas fuentes de ingresos de la localidad sean la pesca y el turismo. Aunque quizá por poco tiempo. El pasado 1 de octubre, milicianos provenientes de Somalia (el archipiélago se encuentra a unos kilómetros de su costa) secuestraban a Marie Dedieu, una turista francesa de 66 años que se encontraba de descanso en la isla junto a su pareja. Solo veinte días después, los secuestradores anunciaban su muerte. Y tres meses más tarde, el turismo en la zona se encuentra bajo mínimos. «Si la situación sigue así, ni todo el oro extranjero podrá salvar nuestra isla», reconoce Abdulkadir.
Pero su caso no es único. En la costa keniana, a escasos kilómetros del archipiélago, descansa Malindi. Una localidad de apenas 35.000 habitantes, poblada en su mayoría por italianos de piel dorada, escasa vestimenta (eso sí, de diseño) y hervidero, cómo no, de famosos de papel cuché.
No son pocos. En los últimos años, las playas de esta versión posmoderna de Benidorm han servido de refugio a aristócratas como Cayetano Martínez de Irujo (en 2005, el jinete celebró su luna de miel con Genoveva Casanova por estos lares), Bono (el cantante filántropo, no el expresidente del Congreso), o «mecenas» como Flavio Briatore. En especial, este último.
Afincado desde hace años en este nido de bronceados y melanomas, el exmandamás de Renault regenta el resort «Lion in the Sun», un faraónico complejo hotelero que ya han visitado, entre otros, Fernando Alonso o Alejandro Agag. No obstante, si va a reservar una habitación, piénselo dos veces: sus programas semanales de spano bajan de los 3.000 euros.
Eso sí, al otro lado del palmeral, ni un euro. Son las miserias propias de la «costa de los malditos». De ser uno de los principales puertos en la ruta del opio procedente de Afganistán, Malindi ha pasado a convertirse en una Ibiza a precio de saldo, pero con reminiscencias (económicas) del barrio sevillano de las 3.000 viviendas. Al menos, para su población local.
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El dinero, en los clubes
«En los últimos años, el exceso de producción de drogas de bajo perfil y recreativas amenaza con deprimir definitivamente a nuestros jóvenes», denuncia Joshua Nkanatha, comisionado del Distrito de Malindi. Para el político, el consumo de narcóticos entre los jóvenes de la localidad ha aumentado por la falta de oportunidades en la zona (la tasa de desempleo es superior al 40 por ciento): «La mayoría de los puestos de trabajo son para los extranjeros. El dinero se queda en los clubes», destaca.
Y en estos, lo cierto es que la banda sonora es bien diferente. Las pasadas navidades, los turistas extranjeros que acudieron a Malindi se dejaron cerca de un millón de euros (ahí es nada) en las arcas de sus casinos y locales de ocio.
No los culpen. Glamour, cultura swahiliy pobreza encubierta. En la «costa de los malditos» el entretenimiento no falta. Por cierto, no hagan mucho ruido, no vaya a ser que se despierte Ernesto de Hannover.
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