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20 octubre 2014 1 20 /10 /octubre /2014 16:21

 

Protesters Demand Return Of 43 Missing Students in Iguala Mexico

BARCELONA, ESPAÑA - OCTOBER 8: Mexican activists and residents in Barcelona protest the disappearance of 43 teachers college students and demand that authorities find them. 8 de october of 2014 in Barcelona, España. Malinalli García.

 

Los 43 desaparecidos, parte de un turbio juego político, señalan sus compañeros

Lunes 20 de octubre de 2014,  La Jornada


Los dos jóvenes piden ser presentados sólo como ‘‘estudiantes de Ayotzinapa’’ aunque, como voceros de la comunidad escolar, tienen la convicción de que sus 43 compañeros desaparecidos son ya pieza de un turbio juego político. No se explican cómo ‘‘estando todos’’ los cuerpos de inteligencia y seguridad del Estado, haya sido imposible localizarlos: ‘‘Ellos (el gobierno) ya saben dónde están, y si están vivos o muertos, pero no saben cómo darlo a conocer’’.

En las acciones que ha emprendido el gobierno, los normalistas ven la intención de reducir la atrocidad de Iguala a un ‘‘asunto del crimen organizado. Al narco no le conviene esto. Ellos (los mafiosos) se matan entre ellos, pero los del gobierno atacan al pueblo directamente’’.

No se espera una respuesta, en realidad, cuando se pregunta a los jóvenes cuáles son sus hipótesis sobre las causas del salvaje ataque contra sus compañeros. No la tienen.

Eso sí, contra una versión muy extendida, dicen que nunca estuvieron cerca de la plaza donde María de los Ángeles Pineda Villa –esposa del alcalde (ahora con licencia y prófugo) y hermana de connotados jefes de la mafia– rendía su segundo informe como presidenta del DIF municipal.

No boicotearon ‘‘la fiesta’’

“Los compañeros nunca fueron a boicotear ese evento. Es más, nos enteramos de que hubo esa fiesta hasta el día siguiente, cuando los medios lo empezaron a mencionar.’’

El gobernador Ángel Aguirre ha calificado de ‘‘hecho atípico’’ que los normalistas hayan viajado a Iguala a botear y a tomar los autobuses que necesitaban para acudir a la marcha del 2 de octubre en la ciudad de México. En entrevista con Carmen Aristegui, Aguirre dijo: ‘‘Se habla de que a la esposa de Abarca le causó malestar la presencia de un grupo de jóvenes en la central de autobuses… Posiblemente ella o su esposo ordenaron a la policía acudir sin protocolo a atacar a los normalistas’’.

Pero ‘‘no es la única vez que hemos ido a Iguala por autobuses’’, responde uno de los jóvenes y explica que lo hicieron ‘‘para no afectar más a la ciudad’’ (Chilpancingo, donde un amplio sector de la población rechaza sus métodos).

Sabedores de esa animadversión, hace unos días recorrieron los alrededores del mercado de la capital guerrerense escobas en mano. ‘‘Los medios no sacan las cosas buenas que hacemos. Sólo se fijan cuando tomamos los camiones; no los robamos, porque se le paga al chofer y se le da de comer. Pero nada dicen cuando los compañeros van a bailar o cuando la rondalla va a cantar’’.

Los familiares de los muchachos desaparecidos están agotados. La mayoría no quiere ya ni hablar con los medios de comunicación. Participan en algún taller que les ofrece la ONG Fundar, rezan, pasan horas bajo la cancha techada, que es el centro de reuniones en la normal, el lugar donde comen, reciben informes, oran y, sobre todo, esperan.

Hoy, una parte se fue a la Basílica de Guadalupe y otra, acompañada por maestros de Oaxaca y Chiapas, caminó por las calles de Tixtla, que hace poco más de un año estaban bajo el agua. A pesar de la lluvia que trae la tormenta Trudy, los normalistas son acompañados por varios cientos de tixtlecos, algo natural, pues buena parte de los alumnos de Ayotzinapa son originarios de esta ciudad ‘‘magisterial por excelencia’’.

La marcha recorre la ciudad, hace una parada en un templo y se dirige a la escuela normal con la gente armada de globos blancos, carteles y gritos: ‘‘¡Aguirre Rivero, te quedó grande Guerrero!’’ y ‘‘¡Cuidado con Guerrero, estado guerrillero!’’ Madres y padres de los desaparecidos no han parado desde el domingo 28 de septiembre, cuando fueron a Iguala a buscar a sus hijos.


‘‘Quesque nos iban cuidando los (policías) estatales, pero desde el principio hubo gente que nos seguía y nos tomaba fotos. Quisimos agarrar a uno, pero fue y se metió al cuartel militar’’, cuenta uno de los jóvenes entrevistados. En esas búsquedas, sigue el joven, los policías estatales ‘‘querían que los padres de familia fueran por delante, y eso era muy peligroso para ellos’’.

Aun así, el viernes 10 de octubre familiares y alumnos pretendieron seguir una pista por cuenta propia, tras recibir informes de que en un templo abandonado de la comunidad de Acaquila, municipio de Huitzuco de los Figueroa, podrían estar los muchachos.

‘‘Supimos que gente en motos llevaba comida a ese cerro, pero no pudimos llegar. Nos acompañaban los comunitarios de la Upoeg, pero sin armas. ¿Qué íbamos a hacer?”

Con un bebé en brazos, el padre de uno de los desaparecidos pide comprensión. ‘‘Tenemos que descansar, no hemos comido’’. Pero aun así, sin preguntas de por medio, comienza a hablar de las detenciones que ha hecho el gobierno de policías, jefes y sicarios del cártel Guerreros Unidos: ‘‘Podrá agarrar millones (de delincuentes), pero el gobierno no soluciona nada’’.

Mientras el padre de familia habla, el guerrerazo (hermano del michoacanazo calderonista) va cobrando forma con la intervención federal extendida a los municipios de Buenavista, Taxco y Arcelia, que se suman a Iguala y Cocula.

‘‘El gobierno encubre, saben quiénes son los que los tienen. Y los otros ahí están, cruzados de brazos, burlándose de nosotros’’, lamenta el hombre mientras acaricia al bebé.

Para los estudiantes, no hay nada ‘‘fortuito’’ en el ataque que sufrieron. ‘‘En verdad no quieren que esta normal siga viva. No la quieren porque es de pobres. Y el gobierno quiere pegar aquí, porque así las demás no opondrían resistencia’’, dice uno. ‘‘Buscan intimidar a los futuros aspirantes’’, completa el otro.

La marcha avanza por unos minutos sobre la carretera Tixtla-Chilpancingo y agarra la desviación que conduce a la normal, un camino lodoso, sin pavimentar. La escuela lleva el nombre de su fundador, pues fue Raúl Isidro Burgos (normalista, pionero de las misiones culturales y poeta) quien en 1931 levantó el edificio alrededor del cual se construyeron los talleres, las aulas, los dormitorios.

‘‘Gobierno y narcotraficantes vienen siendo lo mismo’’

Al fondo, después de pasar los patios donde los normalistas han estacionado vehículos ‘‘expropiados’’ (de reparto de leche y otros productos), están las parcelas, los corrales y las porquerizas. Además de maíz, tienen sembradas flores para el Día de Muertos, cempasúchil y terciopelo. ‘‘¡Pueblo, despierta, la muerte está en tu puerta!’’, ha sido una de las consignas más repetidas.

En el salón pobrísimo donde hablan, los jóvenes estudiantes reconocen la solidaridad que ha despertado la desaparición de sus compañeros. Piden que nadie se canse: ‘‘Donde quiera que estén, les pedimos que hagan una marcha, una protesta, que enciendan una veladora por los compañeros caídos’’.

Con una serenidad que conmueve, uno de ellos termina: ‘‘Si son capaces de sentir el mismo dolor que sentimos, los consideraremos hermanos. Hermanos que comprenden nuestra lucha y que comprenden que, en México, gobierno y narcotraficantes vienen siendo lo mismo’’.
 

 

http://www.jornada.unam.mx/2014/10/20/politica/004o1pol

 

 

El poderoso aparato político, militar, policiaco y mediático de México se dice ignorante de lo que sucedió una noche de barbarie en Iguala

 

De seguir así, la administración peñista podría ganar arrolladoramente algún premio a la increíble ineficacia política y judicial que se llegara a crear (tal vez lo podrían instaurar los mismos grupos de poder global que en Nueva York le entregaron apenas unas semanas atrás un rimbombante título de Estadista Mundial 2014), pues a tres semanas de la desaparición de 43 estudiantes normalistas, el poderoso aparato político, militar, policiaco y mediático que administra México se dice ignorante de lo que realmente sucedió una noche de barbarie en Iguala, Guerrero.

No se está frente al ocultamiento de una sola persona (lo que haría más difícil encontrarla o saber lo que le sucedió), sino de decenas. No fueron secuestrados en un lugar y momento indefinidos sino, por el contrario, en condiciones absolutamente públicas y conocidas, en una zona urbana, en un punto geográfico definido y acotado. No fueron tomados por entes volátiles no identificados, sino por policías municipales en patrullas oficiales. No se carece de indicios, evidencias e información precisa, pues se ha detenido a un centenar de policías y narcotraficantes que participaron en diversos momentos de esos hechos, específicamente en los correspondientes a la ejecución y sepultura, incineración o lo que hubiera sucedido con los cuerpos. No se carece de confesiones de primer nivel, pues se ha detenido al presunto jefe máximo de los Guerreros Unidos (luego de que otro al que también se adjudicaba ese nivel acabó, según el parte oficial, suicidándose al verse rodeado de policías que ya no lo estaban cuidando, sino que lo iban a aprehender). Y no hacen falta incentivos extraordinarios, imperativos, una auténtica razón de Estado, para encontrar a esos estudiantes y devolverlos a sus actividades cotidianas, si estuvieran vivos, o reconocer oficialmente su ejecución y las condiciones en que fueron asesinados. Bastaría con valorar la sostenida irritación social que se vive en el país, y las consecuencias internacionales desastrosas para el peñismo ‘‘reformista’’, para que ese gobierno federal se decidiera a esclarecer con enorme velocidad el asunto.

Y sin embargo… ‘‘no los encuentran’’. Una presunta ineficacia indagatoria que resulta inaceptable si se toma en cuenta que en México las formas de ‘‘interrogar’’ a detenidos en asuntos relevantes pueden ser bestiales, en aras de entregar ‘‘resultados’’ a los jefes cuando éstos de verdad desean resolver algún enigma. Más de mil agentes federales, peritos forenses, agentes del Ministerio Público, buzos, policía montada, personal especializado en inteligencia y espionaje, funcionarios de primer nivel y… ‘‘nada’’ en cuanto a los jóvenes buscados, aunque en ese revolver macabro se han encontrado decenas de fosas con cuerpos relacionados con ‘‘otros’’ momentos de la barbarie nacional.

Ya el respetado sacerdote católico Alejandro Solalinde ha dicho que, conforme a revelaciones que le han hecho personas de toda su confianza, todos los normalistas rurales secuestrados fueron asesinados, algunos de ellos incinerados cuando aún estaban vivos, aunque las autoridades están alargando cuanto les es posible el momento de anunciar la estremecedora verdad. La probabilidad de que Los Pinos esté dosificando la tragedia es alta. Lo evidenció el gozoso montaje escénico de Miguel Ángel Osorio Chong, convertido en un históricamente antitético secretario de Gobernación dialogante, amable, sonriente, ñero, desesperadamente urgido de decir que sí a todos los puntos del pliego petitorio de estudiantes politécnicos, encarrerado en la obsesión de declarar en 30 minutos al gobierno peñista como gran amigo de los jóvenes y en especial de los estudiantes. Lo ha evidenciado y confirmado la absolutamente increíble confesión gubernamental de torpeza e ineficacia extremas en la resolución del gravísimo misterio de los normalistas desaparecidos. Terrible sería confirmar que esa administración federal tan cargada de malas cuentas hubiera jugado con los tiempos, aparentando no saber nada cuando desde un principio debió conocer el destino y las circunstancias del sublevante episodio de Iguala.

En ese escalofriante manejo de crisis también se han dosificado las resoluciones políticas. Los Pinos ha logrado anotar en su pizarra de logros partidistas una especie de conmoción a sus opositores. El PRD no ha podido presentar una postura firme y decorosa, unas horas comprometido al máximo con Ángel Aguirre Rivero, otras decidido a moverse en la línea de Los Pinos contraria a ese gobernador (línea que luego han cambiado los mismos estrategas pinoleros) y finalmente un partido rehén de sus propios intereses oscuros y sus grupos clientelares. El más reciente episodio de este zigzagueo perredista se vivió en el reciente consejo nacional en el que Carlos Navarrete anunció un pretendido ‘‘golpe de timón’’ que quedó en la nada, con una resolución que no pide la renuncia de Aguirre y los senadores de negro y amarillo en condición de negociar que este martes se apruebe un dictamen para botar a quien todavía ocupa la Casa Guerrero.

El PAN se ha mantenido quieto, con la esperanza de que la tragedia mayor haga que pocos se detengan en el vergonzoso escándalo de militantes panistas de élite que (según la Procuraduría de Justicia de Guerrero) habrían organizado el asesinato, sucedido en Acapulco en días pasados, del secretario general del comité estatal en represalia por el incumplimiento de pactos mafiosos de reparto de cargos y candidaturas. Morena, mientras tanto, pedía la renuncia de Aguirre, pero en un tono condescendiente, tenga o no tenga responsabilidades, sin acusarlo o responsabilizarlo más que de estar desgastado e ir perdiendo la confianza de la gente. Intocado seguía aún el tema del precandidato único a la gubernatura, Lázaro Mazón, y las relaciones caciquiles de imposición y entendimientos con José Luis Abarca en Iguala.

Y, mientras sigue el regateo entre bandos que buscan conservar o hacerse de la presidencia del inútil despilfarro conocido por las siglas de CNDH, ¡hasta mañana!

 

 

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  • Biólogo desde hace más de treinta años, desde la época en que aún los biólogos no eran empleados de los abogados ambientalistas. Actualmente preocupado …alarmado en realidad, por el LESIVO TRATADO DE(DES)INTEGRACIÓN ENERGÉTICA CON BRASIL
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