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27 julio 2011 3 27 /07 /julio /2011 20:32

Middle-class uprising poses a global threat .

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Choque de clases

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El País http://www.moisesnaim.com/node/819  by Moisés Naím  July 17, 2011

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La principal fuente de los conflictos venideros no van a ser los choques entre civilizaciones, sino las expectativas frustradas de las clases medias, que declinan en los países ricos y crecen en los países pobres.

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La teoría del "choque de civilizaciones", popularizada por Samuel Huntington, mantiene que, una vez agotado el enfrentamiento ideológico entre comunismo y capitalismo, los principales conflictos internacionales surgirán entre países con diferentes identidades culturales y religiosas.

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"El choque de civilizaciones dominará la política global. Las fallas tectónicas que dividen las civilizaciones definirán los frentes de batalla del futuro", escribió en 1993.

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Para muchos, los ataques de Al Qaeda y las guerras en Afganistán e Irak confirmaron esta visión. Pero en realidad, lo que ha ocurrido es que los conflictos se han dado más dentro de las civilizaciones que entre ellas. Los piadosos terroristas islámicos han asesinado más musulmanes inocentes que nadie. Y las pugnas entre chiíes y suníes siguen produciendo víctimas, la mayoría musulmanas.

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En mi opinión, una fuente mucho más importante de conflictos que los choques entre culturas o religiones serán los cambios en los ingresos de las clases medias en los países ricos -donde están declinando- y en los países pobres -donde están aumentado-. Tanto el aumento como la disminución de los ingresos generan expectativas frustradas que alimentan la inestabilidad social y política.

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Los países pobres de rápido crecimiento económico tienen hoy la clase media más numerosa de su historia. Es el caso de Brasil y Botsuana, China, Chile, India e Indonesia, entre otros. Estas nuevas clases medias no son tan prósperas como las de los países desarrollados, pero sus integrantes gozan de un nivel de vida sin precedentes.

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Mientras tanto, en países como España, Francia o Estados Unidos la situación de la clase media está empeorando. En un millón y medio de familias españolas todos los miembros en edad laboral están desempleados. Solo el 8% de los franceses opina que sus hijos tendrán una vida mejor que ellos.

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En 2007, el 43% de los estadounidenses aseguraba que su sueldo solo les alcanzaba para llegar a fin de mes. Hoy el 61% de los estadounidenses dice estar en esta situación.

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Por otro lado, las aspiraciones insatisfechas de la clase media china o brasileña son tan políticamente incandescentes como la nueva inseguridad económica de la clase media que está dejando de serlo en España o Italia. Los Gobiernos respectivos se ven sometidos a enormes presiones, ya sea para responder a las crecientes exigencias de la nueva clase media o para contener la caída del nivel de vida de la clase media existente.

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Inevitablemente, algunos políticos en los países avanzados aprovecharán este descontento para culpar del deterioro económico al auge de otras naciones. Dirán que los empleos perdidos en EE UU o Europa, o los salarios estancados, se deben a la expansión de China, India o Brasil.

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Esto no es cierto.

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Las más rigurosas investigaciones revelan que la pérdida de empleos o la disminución de los salarios en los países desarrollados no se deben al rápido crecimiento de los países emergentes, sino (1) al cambio tecnológico, (2) a una productividad anémica, (3) a la política de impuestos y (4) a otros factores domésticos.

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A su vez, en los países pobres, la nueva clase media que ha mejorado su consumo de comida, ropa, medicinas y viviendas rápidamente exigirá más y mejores escuelas, agua, hospitales, transportes y todo tipo de servicios públicos.

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CHILE
Chile es uno de los países económicamente más exitosos y políticamente más estables del mundo, y su clase media ha venido creciendo sistemáticamente. No obstante, las protestas callejeras por la mejora de la educación pública son recurrentes. Los chilenos no quieren más escuelas, quieren mejores escuelas. Y para todo gobierno es mucho más fácil construir una escuela que mejorar la calidad de la enseñanza que allí se imparte.

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En China se dan cada año miles de manifestaciones para reclamar más o mejores servicios públicos.

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En Túnez, la frustración de la gente derribó al régimen de Ben Ali, a pesar de que es el país con el mejor desempeño económico del norte de África.

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No existe gobierno alguno que pueda satisfacer las nuevas exigencias de una clase media en auge a la misma velocidad con la que se producen. Ni gobierno que pueda sobrevivir a la furia de una clase media próspera que ve cómo cada día su situación desmejora.

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La inestabilidad política causada por estas frustraciones ya es visible en muchos países. Sus consecuencias internacionales aún no son tan obvias. Pero lo serán.

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Middle-class uprising poses a global threat

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Financial Times por John Paul Rathbone  - 20 / 7 / 2011

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Where lies the world’s biggest source of instability? For many, it is the “clash of civilisations”, an idea popularised by Samuel Huntington, whereby people’s cultural and religious identities will remain the main source of conflict in the post-cold war world. “The clash of civilisations will dominate global politics. The faultlines between civilisations will be the battle lines of the future,” the political scientist wrote in 1993.
Certainly, al-Qaeda’s terrorist attacks, the rise of China, and wars in Afghanistan and Iraq seem to confirm this vision. Yet, as Moisés Naím, the former editor of Foreign Policy Magazine, points out in a recent article, most recent conflicts have been within civilisations, rather than between them.
 
Islamist terrorists have killed more Muslims than non-Muslims. The same is true of the fight between Shias and Sunnis. Likewise the homegrown revolutions that made up the Arab spring. Rather, the main source of future global conflict, Mr Naim suggests, will stem from a different source – the changing fortunes of the world’s middle classes.
 
The observation rings true. In the developed world, the middle classes of Europe and the US are getting poorer and feeling cross about it. Result? In the US, the rise of the Tea Party – and the real possibility of a sovereign default; in Europe, angry protests in Spain, Greece and France over austerity measures – and the possible collapse of the eurozone.
 
In the developing world similar frustrations spring from a very different source, but with similar results. There, a new middle class has emerged in recent years in numbers that are quite mind-boggling. Taking the definition of middle class as anyone with an annual income over $6,000 but under $30,000, Goldman Sachs estimates that Brazil, Russia, India and China alone added 500m people to the global middle class during the past decade, and will add a further 800m by 2020. That is as much as the entire global population grew during the first decade of this century.
 
These new consumers do not yet enjoy the same standards of living as their richer world counterparts. Yet they are eating foods and buying clothes, medicines, electronic goods and new housing like they have never done before. Inevitably, that prosperity brings other aspirations too, especially better political representation and all manner of better public services. If the new middle classes of India, China and Brazil become frustrated, it will not be because they want more but because they want better.
 
Brazilians, for example, pay high, developed world tax rates but get lousy, developing world public services in return. The first shoots of the Arab spring arose from the frustrations that Tunisians felt about the regime of Zein al-Abidine Ben Ali – although Tunisia was the best managed economy in the region. Even Chileans have been getting upset.
 
Their country is often held up as one of the most economically successful, best managed and politically stable countries in the world. It also has a middle class that has continued to grow and prosper. And yet huge middle-class street protests have become a recurring problem for the centre-right government of President Sebastian Piñera.
 
In June, as many as 100,000 students took to the streets to demand changes to the education system. It may not have been an Arab spring moment, yet it was still the largest street protest since Chile’s transition to democracy in 1990 after the dictatorship of Augusto Pinochet.
 
In response, Mr Piñera has set aside $4bn to improve education and reshuffled his cabinet. “Our institutions, our leadership, are being tested by citizens who are more empowered, who are demanding greater participation and, above all, greater equality,” he said.
 
It is sometimes said that Mr Piñera, a billionaire former businessman, has a tin ear when it comes to politics. But here he was quite right. And it is increasingly true elsewhere in the world, too.

           
 

            

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  • : cinabrio blog
  • : Ecología y sostenibilidad socioambiental, énfasis en conservación de ríos y ecosistemas, denuncia de impacto de megaproyectos. Todo esto es indesligable de la política y por ello esta también se observa. Ecology, social and environmental sustainability, emphasis on conservation of rivers and ecosystems, denounces impact of megaprojects. All this is inseparable from politics, for it, the politics is also evaluated.
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  • Malcolm Allison H malcolm.mallison@gmail.com
  • Biólogo desde hace más de treinta años, desde la época en que aún los biólogos no eran empleados de los abogados ambientalistas. Actualmente preocupado …alarmado en realidad, por el LESIVO TRATADO DE(DES)INTEGRACIÓN ENERGÉTICA CON BRASIL
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