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12 marzo 2011 6 12 /03 /marzo /2011 00:08

Mientras que los aldeanos de los segmentos costero y medio del valle de Moquegua siguieron dedicados a la agricultura siglo tras siglo, el distante pueblo altiplánico de Tiwanaku se convertía en una enorme ciudad poblada no sólo por agricultores sino también por artesanos especializados, administradores y sacerdotes.

 

El Valle de Moquegua

Dr. Bruce Owen

Adaptado de Contisuyo:

Memoria de las Culturas del Sur, Asociación Contisuyo, Moquegua, Perú, 1997

 

 Tiwanaku, Wari, y Moquegua

 

Tiwanaku coloniza Moquegua

 

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Mientras que los aldeanos de los segmentos costero y medio del valle de Moquegua siguieron dedicados a la agricultura siglo tras siglo, el distante pueblo altiplánico de Tiwanaku se convertía en una enorme ciudad poblada no sólo por agricultores sino también por artesanos especializados, administradores y sacerdotes.

 

Construida alrededor de un área ceremonial de proporciones monumentales, con edificios de piedra tallada, plazas hundidas y plataformas elevadas, la ciudad fue sustentada por amplias zonas agrícolas en sus alrededores, así como la pesca en el lago Titicaca y la ganadería.

Alrededor del 600 DC, el creciente estado Tiwanaku estaba emplazando colonos en los valles más cálidos de las faldas orientales y occidentales de los Andes para producir maíz, coca, ají y otros productos agrícolas de las zonas bajas para abastecer al altiplano. Una de las colonias más importantes fue el valle medio de Moquegua.

 

En la fase inicial Omo de tiwanacu, los colonizadores de Tiwanaku se asentaron en algunas aldeas en la margen oriental del valle, en lugares abiertos y expuestos, cerca de manantiales. Los Huaracane asentados en el lugar compartían el valle con los colonos Tiwanaku en una relación aparentemente pacífica. El Dr. Paul Goldstein ha realizado excavaciones en el mayor de estas aldeas tempranas de Tiwanaku, en donde aparentemente vivían 500 personas en ligeras casas de varias habitaciones, construidas con telas o pieles colgadas en postes. Por lo menos una de estas estructuras fue utilizada como recinto para libaciones rituales pues allí se ha encontrado grandes vasijas para fermentar chicha, incensarios, pigmentos rojos que se habrían utilizado para maquillaje y fragmentos de un juego de copas negras modeladas con caras prácticamente idénticas.

 

Los colonos de la fase Orno mantenían una estrecha relación con el altiplano, empleaban cerámica y textiles con motivos Tiwanaku y probablemente intercambiaban comida y otros productos con los habitantes de su centro urbano de origen.

Una pequeña aldea de la fase Orno explorada por el Dr. Bruce Owen era diferente de las otras. Ubicada en el valle de Torata, distante de los demás colonos Tiwanaku, este lugar presentaba un complejo de muros de piedra y adobe que rodeaba tres plazas rectangulares subiendo la falda del cerro, con un pequeño recinto adosado al muro superior. Construida al pie de Cerro Baúl, imponente montaña que se sigue hasta hoy día reverenciando como huaca o lugar sagrado, dicha estructura probablemente era la primera construcción de tipo ceremonial levantada para adorar a la imponente formación natural.

 

 

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                Cerro Baúl constituye una frontera de fronteras y el ombligo del mundo Chiribaya

     Fue limite de influencia entre los tiawanacos y los Wari, desde su cima se gobierna

  todo el entorno, fue una especie de fortaleza de Masada, un reducto de la resistencia

 varias veces através del tiempo

 

 

 

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Sitios Tiwanaku y Wari en la cuenca media y superior del Osmore. (Tomado de: Goldstein y Owens: 2001)

 

http://www.arqueologiadelperu.com.ar/plano%20de%20sitios%20wari%20y%20tiwanaku-moquegua.JPG

 

 

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CERRO BAÚL - ciudad principal de la Cultura Wari establecida en la cima de la montaña más prominente de la Región, entre los años 500 y 1200 DC que conserva parte de una imponente arquitectura de piedra y barro constituida por edificios que originalmente fueran de uno y dos niveles, plazas y calles con pisos de lajas de piedra; y principalmente restos de cerámica policromada ceremonial y utilitaria.

 

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Dibujo del geoglifo de llama cercano a geoglifo del 8 en Omo.

  www.arqueologiadelperu.com.ar/el%20geoglifo%2...

 

 

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Fig.12. Grafico elaborado en base al geoglifo del “8”, nótese la
orientación con respecto al norte magnético.

 

 

Wari construye un puesto de avanzada en Cerro Baúl

Tiwanaku no fue el único estado urbano de los Andes. Al mismo tiempo que Tiwanaku enviaba sus colonos, el sitio Wari, bastante más al norte en la zona de Ayacucho, se expandía rápidamente para convertirse en un intrincado complejo urbano de edificios de múltiples pisos. Wari también enviaba sus colonos y constructores a los confines de los Andes.

A diferencia de Tiwanaku, que establecía colonias en lugares bien ubicados para permitirles abastecer a la capital con alimentos, el estado Wari construyó centros dispersos por los Andes, muchos de los cuales se encontraban demasiado apartados para cumplir propósitos agrícolas. La mayoría de estos centros estaban formados por un solo complejo enorme construido en el estilo Wari estandarizado, frecuentemente con muchas habitaciones pequeñas con evidencias de haber servido de barracas para trabajadores o soldados. Sean como sean sus propósitos, estos centros se encuentran en prácticamente toda la sierra del actual territorio peruano.

 

LOS WARI SE ENSEÑOREAN EN CERRO BAUL

Por el sur, Wari parece haberse extendido sólo un poco más allá de Arequipa, con una única excepción. Alrededor de 650 DC, el estado Wari construyó su complejo más septentrional en la cima de Cerro Baúl, mucho más allá del resto de su área de influencia.                                                                                                                                                    Cerro Baúl es una fortaleza natural, y los varios sitios satélite de estilo Wari que lo rodean se encuentran en posiciones de fácil defensa, generalmente protegidos por macizos muros de piedra. Cerro Baúl está localizado justo fuera de la zona agrícola Tiwanaku, en el valle medio de Moquegua, donde probablemente se asentaron los colonos de la fase Orno durante un breve período antes de la llegada de Wari. Sólo los colonos localizados en el templo de la fase Omo habrían tenido contacto directo con los Wari, quienes por su parte parecían haber esperado una recepción hostil.

Los edificios en la cima de Cerro Baúl incluyen cuartos rectangulares alargados, de paredes altas, dispuestas alrededor de patios, como es típico del estilo Wari. También comprenden la característica estructura en forma de "D" que se encuentra en tantos lugares Wari y que parece haber servido como área ceremonial. El resto del asentamiento está cubierto por casas rústicas de piedra. Las excavaciones del Dr. Robert Feldman muestran que por lo menos uno de los edificios más refinados se usó para almacenar, servir y beber chicha en vasijas muy decoradas, probablemente como parte de ceremonias rituales o cortesanas. En la zona rústica del asentamiento, la población se ocupaba de preparar la chicha y fabricar cuentas y textiles.

Aún no se ha determinado el propósito de esta fortaleza intrusa. Cerro Baúl está muy alejado para abastecer de alimentos a la capital. Su posible función como centro de control de la zona abastecedora de piedra obsidiana, de gran valor, ha sido igualmente descartada por los estudios de campo y las pruebas de laboratorio. Que haya servido como centro de producción de cobre para la capital Wari queda descartado, porque no se han encontrado escoria, cantidades significativas del mineral, herramientas de trabajo, hornos, productos no terminados ni nada similar en ningún lugar Wari del área, así como tampoco en las zonas del valle donde tendrían que encontrarse las minas. Cerro Baúl podría haber servido para controlar una cantera de ónix en el valle de Torata, pero tampoco hay rastros de arquitectura o artefactos de estilo Wari en el lugar.

De otro lado, Cerro Baúl podría haber sido un centro comercial y, de hecho, se ha encontrado algunos fragmentos de cerámica Wari en varios lugares Huaracane, lo que sugiere algún intercambio con los habitantes locales. Fragmentos de ónix y piedra azul empleados en las cuentas que fueron encontrados en el área residencial podrían haber sido obtenidos mediante el trueque. Pero resulta más probable que Wari haya ocupado Cerro Baúl para poner el límite o defender la frontera contra la creciente expansión de Tiwanaku, o para apropiarse de un lugar sagrado que ya era reverenciado por los colonos de la fase Orno de tiwanaku. Tal vez el asentamiento cumplió simultáneamente varios de estos roles.

El Dr. Paul Goldstein ha señalado que la cerámica empleada por los colonos de la fase Orno es bastante diferente de la que emplearon los colonos Tiwanaku más tardíos. La diferencia podría indicar una brecha en la ocupación Tiwanaku en el valle medio de Moquegua. Los colonos de la fase Orno podrían haberse retirado del área mientras Wari todavía ocupaba la plaza fuerte de Cerro Baúl. Esto explicaría por qué en los lugares Tiwanaku no se encuentran artefactos Wari contemporáneos con los de Cerro Baúl, ni artefactos Tiwanaku en los lugares Wari. Si permanecieron en el área, los colonos Tiwanaku pueden haber tenido escaso contacto con los Wari, menor aún que los agricultores Huaracane que ocupaban las inmediaciones.

Aunque la ocupación de Cerro Baúl duró lo suficiente como para permitir remodelaciones sucesivas de varias áreas, el complejo aparentemente nunca fue terminado. Se habían marcado algunas áreas pero todavía no se habían construido los edificios cuando se produjo un gran incendio alrededor del año 800 DC. Este incendio no fue accidental pues toda la cerámica finamente decorada que se encontraba en los edificios fue rota y lanzada contra los techos de paja ardientes.

 

Quizá los colonos Tiwanaku pudieron haber regresado o haberse rebelado contra los intrusos Wari, o tal vez los mismos Wari destruyeron el lugar cuando lo abandonaron.

 

La ciudadela natural de Cerro Baúl no volvió a ser ocupada nuevamente durante varios siglos.

 

El regreso de los colonos Tiwanaku

 

Después que Wari abandonó Cerro Baúl, los colonos Tiwanaku de la fase Chen Chen regresaron en mayor número que antes. Tiwanaku se acercaba a su máxima extensión política y económica. Esta vez los colonos construyeron impresionantes canales para irrigar amplias zonas del desierto donde producían maíz, frijoles, calabazas, maní y otros cultivos que enviaban en caravanas de llamas a la capital altiplánica. Chen Chen, el mayor asentamiento, estaba rodeado de cementerios que eventualmente albergaron hasta 13,000 entierros en fosas simples y tumbas cilíndricas con revestimiento de piedra. Partes de estos cementerios fueron excavados en un gran proyecto de la Lic. Bertha Vargas, y otros partes por un proyecto menor de Dr. Bruce Owen.

Aunque los colonos de la fase Chen Chen establecieron una nueva aldea cerca del antiguo templo en las faldas de Cerro Baúl, el valle de Torata siguió aislado de la mayor parte de los colonos Tiwanaku que ocupaban la parte media del valle de Moquegua. El Dr. Paul Goldstein ha demostrado que los colonos de Chen Chen llegaron a construir un nuevo templo casi del doble de las dimensiones del antiguo, aguas abajo de Moquegua, en Omo. Aunque en líneas generales seguía el plan general del templo de Cerro Baúl, el nuevo era mucho más elaborado y presentaba piedra tallada con gran precisión, pisos de arcilla roja, muros pintados de rojo, verde, amarillo y blanco, una empinada escalinata que llevaba hasta una entrada monumental y, en el recinto más elevado, una plaza hundida rectangular de estilo Tiwanaku con evidencia de que hubo un monolito en el centro. Como ha señalado el Dr. Goldstein, no sería coincidencia que la parte superior del templo sea uno de los pocos lugares del valle medio desde donde se aprecia Cerro Baúl.

Si bien el templo antiguo pudo haber sido construido por unos cuantos aldeanos, el nuevo debe haber sido una obra emprendida por el estado Tiwanaku. Puesto que se trata del único lugar fuera de la cuenca del lago Titicaca donde hay un templo Tiwanaku, el valle medio del Moquegua tiene que haber sido una provincia importante del imperio y la capital altíplánica debe haber estado íntimamente involucrada en su gobierno.

Mientras tanto, en la costa

Ni Tiwanaku ni Wari parecen haber estado particularmente interesados en ocupar los manantiales costeros ni la zona costera del valle. Los colonos del valle medio tal vez intercambiaban pescado, conchas y moluscos con la costa pero aparentemente el contacto fue mínimo. De hecho, la población del valle costero parece haber disminuido drásticamente durante este período, tal vez debido a que las irrigaciones de Moquegua y Cerro Baúl redujeron el caudal del río costeño al punto de hacerlo difícil cultivar en el valle.

 

La caída de Tiwanaku

Alrededor del año 1000 DC, el estado altiplánico de Tiwanaku se derrumbó súbitamente. El Dr. Alan Kolata ha demostrado que una larga y aguda sequía disminuyó el nivel del lago Titicaca, secando los campos alrededor de Tiwanaku y privando al estado de su sustento económico. La crisis alimentaria del altiplano produjo una crisis social en Moquegua. Posiblemente Tiwanaku incrementó sus exigencias de envíos de alimentos o no lograba enviar suficientes productos y servicios en compensación. Con un caudal reducido debido a la sequía, la situación empeoró aún más.

La violencia irrumpió en Moquegua. El templo de Omo fue saqueado, los muros fueron derrumbados y los bloques de piedra tallada destrozadas en la plaza. No contentos con destruir el emblema de la religión oficial, los pobladores arrasaron las aldeas de la fase Chen Chen. En lugar de simplemente saquear las aldeas, se dieron el trabajo de sistemáticamente reducirlas a pilas de desmonte con cólera que recuerda a la que los romanos pusieron al echar sal a la tierra de Cartago. Resulta aún más extraño que hayan sido los mismos colonos de Chen Chen quienes se abocaron a tal tarea, tal vez teniendo como blanco las aldeas rivales tras la caída del control gubernamental.

 

Dispersión de los antiguos colonos

Abandonados en Moquegua en medio de un clima de conflicto, los colonos se quedaron sin un estado Tiwanaku que pudiese garantizar la paz. Muchas familias de colonos probablemente habían vivido durante varias generaciones en Moquegua, y como la situación en el altiplano era igual o peor, no les quedó más alternativa que quedarse en la región. Las aldeas Chen Chen ya establecidas se encontraban en lugares abiertos y planos, cercanos a los terrenos agrícolas del valle medio, que por ser imposibles de defender fueron rápidamente destruidos.

Los ex colonos abandonaron estas aldeas y se trasladaron a lugares de más fácil defensa, protegidos por colinas, ubicadas en las empinadas faldas de los cerros, o rodeadas de muros para protegerse de los ataques. Atrás quedaron los canales y los campos irrigados de Chen Chen. Mil años después, todavía se puede ver los surcos de la última campaña agrícola. Probablemente esperando huir de la zona de conflicto y ganar nuevas tierras de cultivo y acceso a aguas de regadío, muchos abandonaron el valle medio y se establecieron bien hacia las alturas despobladas río arriba de Moquegua, o en el valle costeño de Ilo. Irónicamente, fue esta "fase Tumilaca" de dispersión la que propagó la tradición Tiwanaku a muchas áreas nuevas, recién después del colapso del imperio. Sin un estado unificador, cada parte del valle parece haber vuelto un distrito independiente cuyos pobladores tenían relación principalmente con las aldeas de los alrededores. Cada una de estas áreas, parcialmente aislada de las demás, empezó a desarrollar su propia variación de los antiguos estilos Tiwanaku de alfarería, arquitectura, vestimenta y otros elementos.

 

 

 

Tumilaca y Chiribaya en el valle costero

 

Con la caída del estado Tiwanaku, los antiguos colonos ya no tenían que producir alimentos adicionales para enviar a la capital altiplánica. Abandonaron entonces sus campos cerca de Chen Chen, y el agua que antes habían desviado para irrigarlos retornó por el río al valle costero de Ilo. Después de siglos de haber estado casi abandonado, el valle costero nuevamente atrajo a los agricultores que fundaron numerosas aldeas pequeñas en la zona durante la fase Tumilaca.

Estos colonos no fueron los únicos en trasladarse al valle costero. Aproximadamente en la misma época los Chiribaya establecieron aldeas desde la desembocadura del río hasta unos 25 kilómetros tierra adentro. Los Chiribaya son conocidos por su cerámica elaborada, con coloridos diseños geométricos y sus magníficos textiles decorados que tienen un estilo muy diferente de los que existían antes en la zona. No sabemos con exactitud dónde y cómo se desarrollaron, pero lo cierto es que los Chiribaya fundaron muchas aldeas desde el río Tambo por el norte hasta el valle de Azapa en el sur, y entrando la sierra hasta Moquegua.

Hay indicios de que, además de los colonos de Tumilaca y Chiribaya, por lo menos otros cuatro grupos menores con distintos estilos de cerámica y costumbres funerarias también se asentaron en uno o dos aldeas cada uno en el valle costeño. Dos de estos grupos eran antiguos colonos Tiwanaku del valle medio de Moquegua o de otros valles al norte o sur, mientras que los otros dos parecen estar más relacionados con los Chiribaya y con la cultura Churajón de Arequipa.

Los Chiribaya, Tumilaca, y otros tipos de aldeas estaban entremezclados a lo largo del valle, frecuentemente muy cercanos una a otra. En contraste a los asentamientos defensibles en el valle medio y las valles superiores, casi todos los sitios en el valle costeño se ubicaron cerca al fondo del valle y carecieron de murallas. Este combinación de distintos grupos sociales aparentemente compartió el valle pacíficamente.

Las excavaciones del Dr. Bruce Owen en aldeas Chiribaya y Tumilaca muestran que los nuevos pobladores mantenían los mismos productos básicos que los agricultores que los precedieron, como maíz, yuca, frijoles, algodón para hilados y redes, y calabazas para hacer mates. También aumentaron las cosechas con otros cultivos como achira, zapallo, lúcuma, guayaba, pacay y coca. Los pobladores que vivían más cerca del mar comían más pescados y mariscos. Parece que todas las aldeas tenían rebaños de llamas, aunque aquellas situadas más cerca de los bosques de niebla en las lomas se habrían concentrado en la ganadería. Igualmente criaban cuyes y perros.

Los colonos aparentemente ocuparon pronto toda la tierra agrícola del estrecho fondo del valle, porque tuvieron que construir un canal de casi siete kilómetros para irrigar algunas terrazas naturales muy por encima del nivel del río. Buena parte del canal atraviesa caras empinadas de roca madre, por donde el cauce fue parcialmente cortado en la roca y parcialmente apoyado por altos muros de contención. Puesto que tanto las aldeas Tumilaca como las aldeas Chiribaya parecen haberse beneficiado gracias al canal, la obra podría haber sido emprendida de manera conjunta.

En Chiribaya y Tumilaca las familias vivían en casas de caña, de forma rectangular, pero el diseño era diferente en cada caso. Los Tumilaca vivían en estructuras ligeras e independientes de una o pocas habitaciones, en medio de un espacio abierto. La vivienda Tumilaca más amplia que se conoce en el valle costeño tenía cuatro habitaciones de dos por cinco metros aproximadamente, con dos habitaciones para la cocina apoyadas contra una pared exterior. El Mag. David Jessup, la Lic. Ana Miranda y otros investigadores han demostrado que, por el contrario, las familias Chiribaya vivían en grandes complejos rectangulares rodeados de sólidos muros perimétricos de caña, dentro de los cuales construían un laberíntico complejo de habitaciones y patios unidos por largos y estrechos corredores. La evidencia arquitectónica y las grandes cantidades de desechos domésticos también sugieren que las casas Chiribaya fueron ocupadas durante mucho más tiempo que las residencias de la fase Tumilaca. Aparentemente, los Chiribaya vivían en unidades familiares más amplios y permanentes.

Los colonos Tumilaca en la costa

Los colonos Tumilaca en la costa se vestían con camisones sin mangas que les llegaban hasta los muslos. De confección sencilla en lana marrón, probablemente las anudaban en la cintura con una correa o cordón. A veces decoraban sus camisones, bolsas y correas con unas cuantas franjas bordadas, y de vez en cuando usaban telas cubiertas de rayas delgadas de hasta siete colores. A diferencia de sus vecinos los Chiribaya, los Tumilaca rara vez usaban gorros. Tanto hombres como mujeres lucían elaborados peinados de trenzas.

Los agricultores Tumilaca siguieron fabricando ceramios de tradición Tiwanaku pero con menos cuidado, con diseños simplificados y confusos. Lo mismo se aplica a las cucharas de madera, los mangos de los cuales en la época Chen Chen eran muy elaborados, pero que los Tumilaca redujeron a sencillas siluetas.

Ninguna de las aldeas Tumilaca destaca como para haber sido la capital. Todos los entierros Tumilaca conocidos contenían el mismo rango reducido de una o dos vasijas, hasta un par de canastas y algunos otros objetos, lo que sugiere que entre los Tumilaca no había ricos ni poderosos.

 

 

 

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   Early Chiribaya jar from Loreto Viejo, in the coastal Osmore valley.      http://bruceowen.com/research/achjar1.gif

 

 

pari15t.gifArchaeology Research in Peru by Bruce Owen
Copyright (c) 2005, Bruce Owen. All rights reserved. [ Back to table of contents ]
Please send comments on content and presentation to Dr. Bruce Owen.
URL of this document: http://bruceowen.com/research/pots1.htm
Revised: 2 June 2005

 

 

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MOMIAS TATUADAS CHIRIBAYAS  www.bohemia.cu/.../13/especiales/chiribayas.html  Una cultura preincaica con las momias mejor conservadas del mundo

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Los Chiribaya

 

 

Los Chiribaya presentan un panorama bastante diferente. Si bien algunos fueron enterrados en fosas sencillas con pocos objetos y tejidos simples, otros recibieron sepultura en tumbas rectangulares con docenas de cerámicas de buena factura y compleja decoración, así como tejidos de colores brillantes, sombreros, plumas, canastas, objetos de madera y cuero, cobre y oro, alimentos y coca, y en un caso de un importante personaje masculino, dos acompañantes mujeres. Entierros tan inusuales e ricos sugieren que la sociedad Chiribaya era gobernada por poderosos jefes.

De la misma importancia eran los numerosos entierros en muchas aldeas que abarcan todo el rango, desde los extremadamente pobres hasta los opulentos, lo que apunta a la existencia de una amplia clase media y alta que convivía con los agricultores comunes. La cantidad y calidad de la fina cerámica Chiribaya, sus tejidos y otros bienes sugieren que existía una clase de artesanos especializados, posiblemente apoyados por miembros de una rica élite. Los productos de los artesanos, lejos de estar limitados a las residencias de los más ricos, se encontraban entre mucha de la población. Todos, fuera de los Chiribaya más pobres, usaban y rompían en sus hogares los bellos productos de los alfareros.

Los entierros más impresionantes fueron encontrados por el proyecto de la Dra. Jane Buikstra en Chiribaya Alta. Este es el único sitio Chiribaya en el valle costero que fue evidentemente defensivo, por encontrarse en el borde abrupto del valle y rodeado de un banco alto de tierra y una zanja. Dentro de la muralla estaban muchos complejos residenciales grandes, mientras que cementerios extensos estaban distribuidos por dentro y especialmente afuera de las defensas. Sin duda, se trata de la sede del poder regional y la residencia de una poderosa clase dirigente.

 

 

Relaciones cambiantes en el valle costero

 

 

Cuando la gente repobló por primera vez el valle de la costa, los colonos Tumilaca probablemente eran más numerosos que los Chiribaya. No había tanta disparidad en la riqueza enterrada en tumbas, y Chiribaya Alta quizá no era más que una aldea con buena reputación donde se enterraba a los Chiribaya y Tumilaca más afortunados. Sin embargo, con el paso del tiempo, la población de Chiribayas aumentó rápidamente y se dedicó a producir bienes cada vez más sofisticados y valiosos. Empezaron a enterrar a algunos de sus muertos con grandes muestras de riqueza, que sugiera el desarrollo de una sociedad más compleja. Por su parte, la población Tumilaca disminuyó, su producción de alfarería era siempre más rudimentaria y menos de sus tejidos con ornamentos. Los grupos menores de inmigrantes desaparecieron completamente.

Aunque siguieron usando sus propios cementerios en las aldeas, los descendientes de los colonos Tumilaca dejaron de enterrar a sus muertos en Chiribaya Alta, por lo que parece que fueron excluidos de las clases sociales altas. Con tiempo, los Chiribaya construyeron el banco y zanja defensivos alrededor de Chiribaya Alta para proteger a la élite adentro. Alrededor del año 1,250 DC ya no quedaban descendientes de los colonos Tumilaca en el valle costero. Tal vez los Tumilaca se asimilaron a los Chiribaya por matrimonio u otros medios, quizá se trasladaron fuera del valle o sencillamente, al reducirse el número de sus familias, desaparecieron gradualmente.

 

El fin de los Chiribaya

 

Los Chiribaya prosperaron en el valle costero hasta aproximadamente el año 1,350 DC, cuando las lluvias torrenciales provocadas por la corriente de El Niño azotaron los Andes septentrionales. El Dr. Michael E. Moseley ha demostrado que los campos y canales de riego en el fondo del valle costero fueron arrasados por grandes inundaciones y deslizamientos de tierras que destruyeron el canal principal, cubrieron de lodo las tierras de cultivo ganadas a la naturaleza y sepultaron muchas aldeas Chiribaya. Muchos habitantes Chiribayas deben haber perecido en esta catástrofe. Con sus casas y campos destruidos, los sobrevivientes debieron haber quedado expuestos a las inclemencias del tiempo, el hambre y las enfermedades. Aunque las Chiribaya lograron reconstruir algunos de sus terrenos de cultivo y aldeas, la población nunca se recuperó y finalmente fueron absorbidos por la siguiente ola de inmigrantes que llegó al valle costero.

Fortalezas en las alturas

Alrededor del año 1,200 DC la mayor parte del territorio andino comenzó un período de constantes ataques y guerras. Moquegua no escapó al fenómeno. La población que conocemos como los Estuquiña empezó a construir ciudadelas amuralladas en las cimas de los cerros más prominentes y crestas rocosas del valle medio y superior de Moquegua. Mucho más fáciles de defender que los asentamientos de la fase Tumilaca, estas densas aglomeraciones de casas rectangulares de piedra eran verdaderas fortalezas, a menudo rodeadas de dos altos muros paralelos con estrechas entradas, separados por un terreno vacío. Tenían parapetos desde donde los defensores podían usar sus hondas para lanzar piedras, acumuladas en pequeños montículos a lo largo de la muralla. Zanjas con lados verticales y muros adicionales bloqueaban las rutas de acceso. Debido a que las fortalezas dependían del agua de los canales, fácil presa de una fuerza atacante, éstos parecen haber sido diseñadas para repeler ataques cortos antes que para soportar el asedio prolongado de un ejército de conquista. Es probable que los atacantes hayan sido pobladores de otras aldeas Estuquiña.

A lo largo de los muros de los poblados y las rutas de acceso se encontraban monumentos cilíndricos de piedra, desde pequeñas plataformas planas hasta macizas torres de tres metros de diámetro y casi de la misma altura. En cada una de estas chullpas habían huesos y ofrendas funerarias de numerosos ancestros de uno y otro sexo y diferentes edades, posiblemente de una misma familia. Tal vez tenían el propósito de sentar reales sobre un área o para infundir temor en el ánimo de los atacantes. Las tradiciones arquitectónicas y funerarias así como el estilo de alfarería relativamente tosco sugieren que la cultura Estuquiña proviene por lo menos en parte del Altiplano.

La población Estuquiña creció mucho más que las anteriores y llegó a cubrir toda la región, hasta el valle costero y los manantiales cerca del mar. Para alimentar tan grande población de los valles superiores, construyeron andenes en las faldas de los empinados cerros con sólidos muros de contención, equipados con redes de canales de distribución y reservorios alimentados por largos canales de irrigación sobre un accidentado terreno. Muchos de los canales y campos agrícolas que se siguen utilizando hoy en día en los valles superiores fueron acondicionados por los Estuquiña.

Las excavaciones de los doctores Don Rice, Geoffrey Conrad, Charles Stanish y el Mag. Antonio Ribiero muestran que las terrazas servían principalmente para cultivar maíz, parte del cual podría haber sido intercambiado por pescado, coca, y otros productos de la costa, y por charqui, papas, u otras especialidades del altiplano. A mediados del siglo XV, este intercambio aparentemente puso a los Estuquiña en contacto indirecto con el naciente estado Inka del norte, ya que empezaron a emplear un poco de la cerámica Incaica y un número cada vez más abundante de pequeños artículos de cobre, como tupus o prendedores, que se producían y distribuían más extensamente por los territorios bajo control de los Inkas.

 

Los Inkas asumen el control

 

A fines del siglo XV los ejércitos del Inka Mayta Cápac conquistaron la cuenca del lago Titicaca y luego se dirigieron a Moquegua. Según el cronista Garcilaso de la Vega, el Inka mantuvo bajo asedio una fortaleza Estuquiña que podría haber sido Cerro Baúl, aunque también hay otras posibilidades igualmente buenas. Garcilaso sostiene que después de derrotar a los Estuquiña, el Inka mandó construir un pueblo llamado Cuchuna en las faldas del cerro de la fortaleza y otro pueblo que llamó Moquegua.

El asentamiento Incaico de Moquegua prácticamente ha desaparecido por las diversas ocupaciones de la ciudad a lo largo de su historia, pero recientemente se encontró fragmentos de cerámica Inka cerca de la Plaza de Armas donde se realizaban excavaciones para colocar tuberías de desagüe. Cuchuna probablemente sea la ruina Inka de Sabaya, sumamente deteriorada, donde se aprecia edificaciones típicamente Incaicas, una plaza y un pequeño ushnu, o montículo ceremonial.

Además de los dos nuevos pueblos, los Inkas erigieron varios otros asentamientos en los valles superiores, construyeron caminos o remodelaron los existentes conectando los pueblos con la costa, el altiplano y otros valles. Construyeron también un pequeño complejo de almacenes, o colca, al lado del camino principal en una zona extensa de andenes. Gran parte de la mano de obra para las edificaciones y para llenar los almacenes de los Inkas hubiera sido proporcionada por los Estuquiña, a quienes se habría obligado a abandonar sus fortalezas y trasladarse a aldeas de las zonas bajas donde representaban menos peligro para el imperio. Los Inkas no recurrieron exclusivamente a la fuerza bruta, sino que también fomentaron la cooperación de los caciques Estuquiña por concederles valiosos tejidos, cerámica, y objetos de metal. Asimismo, recompensaron a muchos hombres Estuquiña a través de sus ceremonias públicas, en la que se bebía ingentes cantidades de chicha.

Los Inkas se interesaban sobre todo en la producción de maíz en los valles superiores, y indicios de su presencia en las zonas aguas abajo de Moquegua son escasos. Unos pocos entierros Incaicos en el valle costero y cerca de los manantiales sugieren que los Inkas posiblemente obtenían pescado u otros recursos típicos de la costa en dichos lugares, pero aparentemente el Imperio Inka no tuvo un gran impacto en la población Estuquiña de la costa. Los cambios que iban a transformar toda la región más profundamente de los Inkas, traídos por la conquista Española y la conversión obligada de la agrícultura tradicional a las plantaciones comerciales para la producción de vinos, pisco y aceitunas, todavía quedaban en el futuro.

Créditos y agradecimientos

El rico pasado de la región de Moquegua ha sido redescubierto a través de décadas de trabajo duro por muchos arqueólogos, extranjeros y Peruanos, por mucho demasiados a enumerar aquí. Sus investigaciones han sido generosamente apoyadas por agencias locales del estado, becas extranjeros para investigaciones científicas, y especialmente por Southern Peru Copper Corporation, a través de su apoyo de largo plazo del Programa Contisuyo y la Asociación Contisuyo.

 

 

 

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--http://noticias.consuladoperuguayaquil.com/images/Relacion_de_Material_Sustraido_del_Museo_Chiribaya__Page_1.jpg

 

 

 

 


 Copyright (c) 1999, Dr. Bruce Owen. Derechos reservados.
Favor de dirigir comentarios sobre el contenido y la presentación a Dr. Bruce Owen.
URL de éste documento: http://bruceowen.com/contisuyo/MoqPrehistC.html
Revisada: 2 Setiembre 2004

 

El valle de Moquegua tiene un rico y variado pasado que se remonta a por lo menos doce mil años. En distintos momentos, Moquegua ha sido un cruce de caminos y una frontera, una provincia pujante y un tranquilo refugio, un mosaico de ciudades fortificadas y una mezcla armoniosa de pueblos dispares que compartieron pacíficamente el territorio del valle. Estirado desde las frías alturas de la puna hasta el valle verde de la costa y los pequeños oasis salpicados por la orilla desiértica del mar, el valle de Moquegua es un microcosmos del mundo andino.

El paisaje

La cuenca de Moquegua comprende varios segmentos aptos para la ocupación humana. En la costa, al norte y sur de Ilo, los manantiales a lo largo de la playa proveyeron agua potable, y la vegetación que depende de las neblinas de las lomas, proveyó recursos para la caza y el pastoreo.

 El segmento costero del valle constituye una estrecha franja de tierra agrícola que se extiende desde la desembocadura del río hasta unos 25 kilómetros tierra adentro, formando el piso de un cañón profundo de empinadas laderas.

 Los siguientes 25 kilómetros hacia los Andes son áridos y pasan por a una quebrada seca y rocosa que ofrece pocas oportunidades para la ocupación humana.

 Luego, el valle medio se abre para formar una larga y ancha franja de tierra agrícola que se amplía al acercarse a Moquegua, donde se encuentra la zona más productiva de la cuenca.

Más allá de Moquegua se encuentra varias cuencas tributarias superiores, de mayor altitud, cortados en terrenos abruptos y empinados, donde la mayor parte de la tierra de cultivo ha sido acondicionada en las terrazas de las faldas de los cerros que se riegan mediante extensos canales.

 Por encima de los 3,800 metros de altura, el frío y la atmósfera enrarecida hacen prácticamente imposible la agricultura. No obstante, en la sierra alta todavía se encuentra animales de caza y plantas silvestres aptas para la alimentación.

A mayor altura aún, la puna y el altiplano constituyen ricos terrenos de caza y pastoreo para quienes dominan la inclemencia del clima.

Durante los últimos doce mil años, estas divisiones naturales han tenido un impacto considerable sobre dónde y cómo vivían la gente de la cuenca de Moquegua. Estas diferencias en altitud, topografía y clima determinaron también diferencias culturales en la historia de sus pueblos.

Los primeros habitantes

Los primeros habitantes probablemente llegaron al América del Sur hace unos 15,000 años al concluir la última edad de Hielo. Lo más probable es que hayan evitado cruzar las áreas nevadas, optando por desplazarse hacia el sur a lo largo de la costa, dedicándose a la pesca, recolección y caza de presas no acostumbradas a la presencia de depredadores humanos. Con certeza llegaron al sur de Chile hace más de 14,700 años. Desafortunadamente, a medida que se derretía la capa de hielo que cubría mucho del planeta, quedó sumergida bajo las aguas casi toda la evidencia de la presencia de los primeros inmigrantes en las zonas costeras.

En un descubrimiento espectacular reciente, Dr. Michael Moseley, Dra. Susan deFrance, and Dr. David Keefer encontraron que hace hasta 12,700 años, un grupo móvil pequeño cazó y cocinó aves en las lomas verdes por la Quebrada Tacahuay, al sur de Ilo, y se supone en otros lugares semejantes. Eso hubiera sido parte de las actividades de caza y recolección de gente que debe haber explotado las peces y mariscos de la costa, así como los recursos de más tierra adentro, también. Ya hace unos 11,300 años, gente acampaban en el sitio denominado Anillo en la costa al sur de Ilo. Entonces las montañas empezaban a ser habitables y estas bandas móviles probablemente se trasladaban en cada estación de la costa, por los valles fluviales subiendo los Andes, hasta la sierra alta, para luego descender de nuevo a la orilla del mar. A su paso, cazaban y recolectaban plantas silvestres comestibles. Hace unos 8800 años se habían diferenciado en dos tipos de grupos: los que vivían en los valles intermedios y la sierra alta, y los que ocupaban las zonas costeras. En lo esencial, esta diferenciación entre grupos costeros y de la sierra se ha mantenido a lo largo hasta tiempos históricos.

Los primeros moradores de la sierra

Inicialmente la sierra fue poblada por pequeños grupos familiares de gran movilidad, dedicados a la caza de animales silvestres y la recolección de plantas, en la zona comprendida entre la línea costera y el borde del altiplano. Uno de sus campamentos se encontraba en el sitio serrano de Asana, que ha sido investigado por el Dr. Mark Aldenderfer. Asana era un lugar agradable de terreno plano, cercano a un bofedal pantanoso que al lado de uno de los ríos que fluyen hacia Moquegua. Ya desde hace unos 10,500 años estos grupos acudían a Asana para la caza del guanaco, la vicuña y ciervos que poblaban los pastizales de las inmediaciones. Los cazadores construyeron chozas redondas de palos, posiblemente revestidas con pieles, para alojarse durante sus visitas breves.

Con el transcurso del tiempo, los grupos de visitantes fueron creciendo y quedándose por períodos más prolongados, quizás hasta unos tres o cuatro meses seguidos. Probablemente procedían de campamentos más estables ubicados en las zonas de menor altitud cerca del valle de Moquegua, o tal vez de lugares cercanos al borde de los pastizales de la puna. En Asana hay evidencia de la ocupación simultánea de hasta ocho viviendas, lo que sugiere que, probablemente, varias familias vivían juntas en el lugar.

También hace ya unos 8,800 años los habitantes de la sierra empezaron a usar las cuevas como puestos de vigilancia, refugios temporales y galerías donde dejaron muestras pictóricas de sus presas e incursiones de caza, aunque la estrechez del espacio y la lejanía a las fuentes de agua hacía que la mayor parte de las cuevas fuesen poco apropiadas para grupos numerosos o estadas prolongadas. Un caso bien conocido es el de la cueva de Toquepala, en la sierra entre Moquegua y el valle de Locumba, más al sur. Los ocupantes de la cueva de Toquepala decoraron los muros usando tintes minerales en colores blanco, rojo y verde con escenas en las que aparecen algunos animales (probablemente guanacos, vicuñas y ciervos) y cazadores humanos.

Hace unos 5,000 años comenzó a aumentar la densidad demográfica de la sierra y el altiplano, y los ocupantes permanentes de Asana perdieron acceso a las zonas de caza de la puna. Al reducirse su territorio, limitaraban su movilidad, empezaraban a construir casas más grandes, y cambiaban sus hábitos de consumo desde la caza hacia más recolección y molienda de semillas silvestres, que incluía una variedad de quinua.

Aproximadamente por la misma época, los pobladores de la sierra empezaron a dejar indicaciones de una vida social y ceremonial más compleja. Un ejemplo de ello fue encontrada en la cueva de El Panteón, donde se enterró a un niño ataviado con un collar de cuentas de piedra y conchas marinas. Hace unos 4,800 años la gente viviendo en Asana construyeron lo que podría haber sido un área para danzas ceremoniales con piso de arcilla blanca, de mayores dimensiones que las casas circundantes y rodeada de un cerco de palos y vegetación. Se trata de la estructura ceremonial más antigua que se conozca en esta parte de los Andes. Las estructuras ceremoniales posteriores encontradas en Asana eran de mayor dimensión y contaban, en muchos casos, con fogones ovales probablemente usados para realizar ofrendas similares a los que siguen empleando los pueblos Aymara contemporáneos. En contraste con las áreas públicas abiertas de períodos anteriores, estas estructuras estaban divididas mediante paredes y presentan plataformas cruciformes de arcilla blanca y piedra escarchada, como si hubieran sido altares en cuartos cerrados, con acceso sólo para reducidos grupos.

Hace unos 4,400 años el modo de vida volvió a cambiar cuando se redujo la recolección de frutos en favor del pastoreo. A partir de entonces no se construyeron más estructuras ceremoniales en Asana. Durante varios siglos siguieron llevando sus rebaños a pastar en Asana, refugiándose en pequeñas chozas provisionales no muy diferentes de las que siguen usando los pastores contemporáneos. Finalmente Asana fue abandonada por completo hace 4,000 años.

Pescadores tempranos de la costa

El sitio más antiguo conocido donde gente se asentaron por lo menos semi-permanentemente se llama el Sitio Anillo, ubicado en la Pampa de Palo, al sur de Ilo, fechado hace alrededor de 11,300 años. El lugar recibe su denominación debido a un montículo de conchas en forma de anillo construido intencionalmente mucho después de la ocupación inicial del lugar. Aunque sus habitantes si comieron aves marinas, animales terrestres y vegetales, las investigaciones del Dr. James Richardson y el Dr. Daniel Sandweiss muestran que los habitantes iniciales de Anillo parecen haberse alimentado principalmente de los tipos de pescados que se pesca con cordeles y anzuelos, y de los mariscos que recogían en la playa y entre las piedras de las orillas.

Hace unos 8,000 años los pescadores de la costa, desde Ilo hasta el norte de Chile, desarrollaron la costumbre de momificar artificialmente a sus muertos y enterrarlos en áreas especialmente designadas para tal fin. Las primeras de estas momias "Chinchorros" son los cuerpos momificados más antiguos del mundo, miles de años más antiguos que las primeras momias egipcias y testigos de una tradición que perduró y siguió viva hasta hace aproximadamente 3,000 años. Los cadáveres que recibieron el tratamiento más sofisticado tienen armazones internos, rellenos de fibras vegetales y máscaras de arcilla pintada, tal vez para poder pararlos como estatuas de los muertos. Este respeto para los antepasados y el repetido empleo de cementerios fijos podrían indicar que los grupos de Chinchorro estaban empezando a establecerse en lugares específicos y recurrían a las elaboradas prácticas de entierro para establecer sus derechos ancestrales en esos territorios. Aunque las momias se conservan mejor en el clima ligeramente más seco de Chile, la Dra. Karen Wise ha descubierto rastros de entierros estilo Chinchorro en el sitio de Villa del Mar, en la desembocadura del río Ilo, y en Kilómetro 4, en un manantial seco a la orilla del mar al norte del río.

Los habitantes del Sitio Anillo empezaron a emplear piedras para moler semillas hace unos 5,000 años, diversificando así su dieta mediante la incorporación de un mayor número de plantas terrestres. Al norte del río, gente se asentaron en los manantiales de Carrizal y Kilómetro 4. Aunque principalmente dependían del mar, ellos también ampliaron su dieta a incluir mayor variedad de vegetales, y empezaron a recolectar algodón para fabricar redes y confeccionar textiles como taparrabos y frazadas.

Aproximadamente por la misma época, los habitantes del Sitio Anillo construyeron el anillo de conchas, posiblemente como obra ceremonial o monumental. Paralelamente, en Kilómetro 4 fue enterrado un hombre de unos 45 a 50 años junto con más de dos docenas de objetos, entre los que se encontró cuentas de piedra, una punta de proyectil, conchas, por lo menos seis textiles diferentes, una bolsa de cuero, una rama de una planta no identificada, y otras ofrendas, muchas de ellas probablemente relacionadas con el empleo de drogas alucinógenas.

Estas modificaciones de la dieta y del ritual se producen aproximadamente en el mismo período que en la sierra de Asana se empieza a enfocar más en la recolección de plantas y realizar elaboradas ceremonias, lo que posiblemente reflejaría una tendencia que progresivamente ganaba terreno en toda la región.

Los primeros agricultores costeños

Por lo menos desde 200 años AC, y posiblemente tan temprano com 1000 AC, los ocupantes de las zonas próximas a manantiales costeros como Carrizal habían empezado a plantar y cosechar el maíz. El Dr. Garth Bawden encontró cantidades de mazorcas carbonizadas de maíz en sus excavaciones allá. La agricultura liberó a las poblaciones de su dependencia de los productos marinos y les permitió establecerse en el valle de Ilo, apartándose hasta unos 20 kilómetros del mar. El Dr. Bruce Owen ha demostrado que hacia el año 100 AC los habitantes del valle de Ilo ya cultivaban grandes extensiones de maíz, frijoles, yuca y otras plantas, como algodón y calabazas. La transición a la agricultura probablemente fue gradual y surgió del creciente empleo de plantas silvestres desde el año 3,000 AC. Quienes vivían cerca del mar siguieron pescando, todos los agricultores continuaron con sus costumbres de cazar en las lomas y recolectar plantas silvestres, y por lo menos los que habitaban en el valle de Ilo empezaron a criar cuyes como fuente de alimentación y llamas para tener lana, carne y probablemente como medio de transporte de carga.

Algunas de las primeras aldeas de agricultores eran extensas, dando albergue a cientos de residentes. Los habitantes de los manantiales costeros construían sus casas de paredes de caña, con rústicos cimientos de piedra. En el valle se construían chozas sin cimientos de un tipo distinto de carrizo encima de terrazas, con sólidos muros de contención hechos de piedra.

Los primeros agricultores fueron también los primeros alfareros de la región. Las vasijas les resultaban prácticas para hervir tubérculos y otras plantas. La cerámica temprana era sencilla, de forma redondeada y boca ancha, posiblemente siguiendo el modelo de las calabazas que durante miles de años se habían usado de vasijas. Casi todas sus ceramios tienen el exterior quemado y empastado de hollín que se les pegó mientras se los usaron para cocinar en un fogón. El tamaño bastante grandes de muchas de estas ollas sugiere que los agricultores frecuentemente cocinaban para mucha gente, de diez a cuarenta personas a la vez.

Cuando morían, la mayoría de estos agricultores tempranos eran enterrados en fosas sencillas, cubiertos apenas con una estera de paja y acompañados de una o dos vasijas. Sólo algunos recibían un tratamiento especial: sus cadáveres eran seccionados en varios pedazos grandes y colocados en una pequeña fosa cilíndrica, cubierta con un techo de caña, en un cementerio especialmente reservado para este tipo de entierros. Sobre la tumba construían un montículo con capas sucesivas de tierra, piedras y pajas que se elevaban de uno a varios metros de altura. Bajo uno de estos montículos se encontró el cuerpo de un niño que había muerto a los tres o cuatro años de edad. Este tipo de entierro pudo reservarse a personajes especiales, como los jefes o chamanes, pero también podría haber sido un tratamiento ritual ante una muerte con malos augurios o en otras circunstancias especiales.

Los primeros agricultores en la sierra

Casi al mismo tiempo que aparecen los agricultores en la costa y en la parte costera del valle, otros habitantes de la zona empiezan a practicar la agricultura en el valle medio de Moquegua. Los Huaracane, como se les conoce, se parecen mucho a los agricultores de la costa, pero debido a la antigua división entre los grupos de la costa y los de la sierra, no sorprende encontrar algunas diferencias. Igual que los agricultores tempranos de la costa, los Huaracane vivían en aldeas de gran extensión construidas en terrazas. Su alfarería utilitaria era también sencilla, pero fabricaban además delicados cuencos de fino acabado, probablemente para servir la comida.

Los Huaracane compartieron la costumbre de enterrar a ciertos de sus muertos bajo montículos mortuorios, pero el Dr. Paul Goldstein ha demostrado que además tenían otra forma de entierro, que muy probablemente destinaban a personajes importantes. Estas tumbas en forma de bota constaban de un pozo vertical profundo y estrecho, al fondo del cual había una cámara lateral donde se colocaba el cuerpo y los ceramios y otros objetos de compañía, como cucharas de madera tallada y otros artefactos decorados. Poco usuales, estas tumbas podrían ser indicio del comienzo de una clase de dirigentes.

 

 

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CERRO BAÚL

 

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10 marzo 2011 4 10 /03 /marzo /2011 00:22
Escondidas en las sierras al norte, una expedición del Museo de Arqueología de Salto encontró cuatro cuevas de grandes dimensiones con abundantes restos de talla en piedra, entre otras evidencias de su uso por parte de humanos. En la prospección de agosto de 2010 se ubicaron cuatro cuevas de dimensiones bastante importantes para lo que conocíamos para Uruguay: casi 3 metros de altura, alrededor de 10 metros de profundidad y unos 4 metros de ancho. Había una cantidad importante de material lítico en el sedimento, muy frágil y decidimos no hacer ningún tipo de intervención y no ingresar porque no teníamos los elementos necesarios", explicó Mario Trindade, quien jefatura la investigación.
Mostraron cuevas de mataojo

Intendencia y otros participantes en el “Proyecto Mataojo” mostraron parte de las cuevas de Mataojo y exhibieron los trabajos que se están realizando para rescatar piezas arqueológicas en el lugar.

Descubren cuevas con rastros humanos de hace 10 mil años en Uruguay

Según expertos, "es el descubrimiento más importante en la historia de la arqueología uruguaya".

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24-2-2010 - SALTO.- Cuevas, paredones, artefactos y herramientas de 10.000 años de antiguedad y de "comprobado uso humano" fueron descubiertas en zonas rurales del departamento uruguayo de Salto, a unos 500 kilómetros de Montevideo y están siendo clasificados por expertos locales y españoles.

"Es el descubrimiento más importante en la historia de la arqueología uruguaya" dijo hoy Mario Trindade, director del Museo Arqueológico y de Ciencias Naturales de Salto, y que está al frente del equipo de investigadores.

Las tareas se vienen desarrollando con el aporte del Ministerio de Cultura de España, que financia parte del proyecto mediante un acuerdo que finalizará en marzo, cuando se realice una evaluación total de lo realizado hasta ahora.

 

http://www.emol.com/noticias/internacional/detalle/detallenoticias.asp?idnoticia=466521

Trindade explicó que "son las primeras cuevas con indudable registro de presencia humana" y resaltó el hecho de que se haya encontrado mucho carbón, que "seguramente es producto del fuego" que usaban esos antiguos pobladores.

Pero además hay algunas formaciones arquitectónicas, tipo "cairnes", que se presume sean túmulos de piedra en forma circular, similar a los descubiertos en otras partes del planeta y que "evidentemente tenían un fin religioso", comentó Trindade.

Desde el año 2008 se viene trabajando en los alrededores de pueblo Fernández, una zona rural, distante unos 140 kilómetros al noreste de la ciudad de Salto donde aparecieron estos registros de ocupación de grupos humanos.

"Las cuevas seguramente eran el refugio de grupos de cazadores que recorrían la región", pero llamó la atención la presencia de rocas y materia prima que no son de la zona, sino de bastante más al sur del país. "Eso muestra la movilidad de estos grupos que vivían de la caza y de la pesca".

Respecto de las herramientas encontradas "hay una cantidad inusual de material arqueológico de indudable uso humano, como elementos punzantes, cortantes y otros que se están catalogando para hacer un registro minucioso" explicó Trindade.

Algunas muestras han sido enviadas a España y se preparan informes que serán publicados en revistas especializadas de Estados Unidos y otros países por considerar que "el descubrimiento es importantísimo para la ciencia", agregó el científico uruguayo.

Hasta marzo se seguirá trabajando y después, si España no renueva el convenio, "igualmente el gobierno municipal seguirá adelante, ya que, entre otras cosas, es necesario tomar medidas de preservación de esas riquezas y contra el vandalismo y la acción de coleccionistas", dijo Trindade.

Los restos arqueológicos no han sufrido los efectos de la erosión, están compromidos en las capas del suelo. "Son páginas de la historia para leerse con un margen de error mínimo".

Los técnicos tratan de establecer ahora en qué punto de esa prehistoria desconocida los grupos humanos empezaron a frecuentar la región y otras características respecto de sus costumbres.

El director del Museo comentó que los descubrimientos han generado gran interés y movilizado a la comunidad científica internacional que ha demostrado gran interés por las investigaciones y sus resultados.

El área está debidamente custodiada, pero se promueven visitas organizadas de estudiantes, periodistas e investigadores de diversas partes del mundo, a la vez que se reciben consultas permanentes, agregó el arqueólogo uruguayo.

 

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Descubren cuevas prehistóricas en Salto

Hallazgo. Hay varias cuevas con rastros de actividad humana en la Cuchilla de Haedo

 

XIMENA AGUIAR

Escondidas en las sierras al norte, una expedición del Museo de Arqueología de Salto encontró cuatro cuevas de grandes dimensiones con abundantes restos de talla en piedra, entre otras evidencias de su uso por parte de humanos.

"27 de agosto. Hora 13.50". El momento del primer hallazgo quedó registrado en el diario de trabajo que llevaban Mario Trindade, director del museo, y otros dos funcionarios que lo acompañaron en la búsqueda.

"Cortes de extracción de roca en la parte externa. Se toman 20 fotografías desde todos los ángulos con escala y vista externa e interna desde el acceso. Se verifica un importante número de material lítico en superficie. Grandes lascas, muchas con retoques", continúan las primeras anotaciones.

Dicho de otra manera, hubo hombres que en otras épocas sacaban piedra del paredón en que se encuentra la cueva y la tallaban allí mismo, produciendo sus primeras herramientas con filo. En este primer contacto no se encontraron restos de piedra pulida ni de cerámica.

Son las primeras cuevas con este tipo de registros de actividad humana que han sido encontradas en Uruguay, y existe la posibilidad de que haya más en la zona, que ha sido muy escasamente explorada por la investigación arqueológica, afirmó Trindade.

 

www.elpais.com.uy/08/10/25/pciuda_377664.asp

 

Cuchilla. Salto, junto a Tacuarembó, Artigas y Rivera, integra la mesa de acuerdo territorial que tiene como objetivo la protección de las Quebradas del Norte y la Cuchilla de Haedo. Entre otros objetivos, la mesa busca la inclusión de parte de la zona en el Sistema Nacional de Áreas Protegidas.

En ese ámbito se pidió un informe respecto de los sitios arqueológicos en el entorno de la Cuchilla, lo que motivó recorridas a partir de marzo, en las que "se detectaron ciertas formaciones rocosas que nos dieron la sospecha de que podría haber cuevas", contó Trindade.

"En agosto elegimos una zona para verificar. Fuimos a recuperar datos con pobladores y nos dijeron que tenían entendido que sí existían cuevas en algunos lugares. Marcamos una zona de 20 kilómetros cuadrados y comenzamos el recorrido, a pie", contó.

"En esta prospección se ubicaron cuatro cuevas de dimensiones bastante importantes para lo que conocíamos para Uruguay: casi 3 metros de altura, alrededor de 10 metros de profundidad y unos 4 metros de ancho. Había una cantidad importante de material lítico en el sedimento, muy frágil y decidimos no hacer ningún tipo de intervención y no ingresar porque no teníamos los elementos necesarios", explicó.

Comparado con lo visto "en los años que tengo de trabajo, me sorprendió la densidad de material", dijo Trindade. No se conoce a fondo lo que hay dentro de la cueva, pero fuera de ella "hay material resultado de la talla y líticos que son herramientas, retocados con la intención de que haya un filo, en grandes cantidades", contó.

En las cercanías de las cuevas se encontró también "un afloramiento rocoso con millones de lascas, que podría ser fuente de aprovisionamiento de materia prima", y un grabado rupestre de dimensiones importantes, que fue registrado.

Tras el hallazgo se informó a las autoridades y a los dueños de los predios, que valoraron la necesidad de su protección. En adelante se harán nuevas investigaciones, en base a otros datos aportados por los lugareños.

Sitio protegido, antiguo y revelador

En estas cuevas la erosión no actuó de forma violenta: están relativamente alejadas de los arroyos y el suelo casi no tiene pendiente, es como un escalón en la falda de la sierra. Aunque es apurado datar los hallazgos, podrían tener más de 3.000 años de antigüedad, y hasta 10.000, como algunas piezas del norte en la zona del río Uruguay. Para la zona Este de Salto no hay dataciones, ésta sería una oportunidad de hacerlo, explicó Trindade.

"Hay una profundidad temporal que puede ser importante, pero más importante es la posibilidad de relacionar el paisaje con la dinámica de las sucesivas ocupaciones a lo largo del tiempo", consideró.

 

 

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Mostraron cuevas de Mataojo

Mostraron cuevas de mataojo

Intendencia y otros participantes en el “Proyecto Mataojo” mostraron ayer parte de las cuevas de Mataojo y exhibieron los trabajos que se están realizando para rescatar piezas arqueológicas en el lugar.

 

-Técnicos españoles, brasileños y uruguayos participan en la misión

 

Ayer se mostraron por primera vez los sitios arqueológicos del “Proyecto Mataojo”

 

 

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Foto: Una de las técnicas participantes muestra una pieza obtenida.

 

 

 

Ayer se llevó a cabo una recorrida en la zona del “Proyecto Mataojo”, ubicado en la localidad de Zanja del Tigre. Allí concurrió la secretaria general Cecilia Eguiluz, funcionarios de la Intendencia de Salto vinculados al tema, la prensa local, e integrantes de la Comisión de Patrimonio Histórico, entre ellos la arquitecta Marina Blanc, en representación de la Asociación de Arquitectos del Uruguay; el director de Turismo Eduardo Torres, Eduardo Segredo, integrante de la comisión de turismo.

 

http://www.diarioelpueblo.com.uy/generales/mostraron-cuevas-de-mataojo.html

 

 

En el lugar aguardaba para servir de anfitrión, Mario Trindade; investigador local y Director del Museo de Arqueológico, los propietarios del establecimiento donde se encuentra este sitio arqueológico -familia Langortes -, la alcaldesa de Mataojo; María Fagúndez y los expertos que allí se encuentran realizando estas tareas;  doctor Rafael Suárez; investigador del museo de arqueología y ciencias de la Facultad de Humanidades y docente de la misma Facultad en Montevideo; una delegación llegada desde España integrada por la directora técnica, doctora Ana Mateos Cachorro; el director del Centro Nacional de Investigación sobre la Evolución Humana (CENIEH) de España, doctor Jesús Rodríguez y la doctora en Geología, Antoni Carriño, y de Brasil la investigadora Viviane Vidal.

La visita conoció en primer lugar el alero (ZT1) (Zanja del Tigre) donde hay una excavación arqueológica en proceso, que comenzó el 12 de febrero a las 10.50 y se extenderá hasta el 3 de marzo.

Hasta el momento ha encontrado materia prima (puntas de lanzas, loza, carbón) lo cual posteriormente será estudiado para avanzar en el conocimiento  de la prehistoria del Uruguay.

Posteriormente visitamos otro alero donde también se está realizando una excavación a cargo de la delegación española.

Es un proyecto de investigación interdisciplinario e internacional ya que trabajan investigadores españoles y una investigadora brasileña. La actividad está financiada por la Intendencia de Salto y por el Ministerio de Educación y Cultura de España.

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Mario Trindade indicando los sitios que contienen piezas de valor arqueológico.

 

 

Los investigadores españoles en Mataojo buscan rastros de fauna autóctona de hasta 10 mil años atrás

Los investigadores españoles en Mataojo buscan rastros de fauna autóctona de hasta 10 mil años atrás

Con la que se alimentaban los pobladores de la época

La excavación arqueológica iniciada el pasado 12 de febrero en la zona de Mataojo, ha encontrado elementos utilizados por pobladores prehistóricos del Uruguay y ello despertó el interés del Gobierno Local, pese a la desestimación hasta el momento de las autoridades nacionales sobre este hallazgo. Esto, pese a que las autoridades nacionales se encuentran abocadas a las celebraciones por el Bicentenario de la Nación.

Hasta el momento, en ese lugar que está ubicado a unos 200 kilómetros al noreste de la ciudad, los investigadores hallaron elementos tales como puntas de lanza, loza y carbón.

La excavación de un alero (formación rocosa en forma de galería que servía de protección) está a cargo de una delegación española, integrada por la arqueóloga Ana Mateos Cachorro (Directora Técnica), por el paleontólogo Jesús Rodríguez (Director del Centro Nacional de Investigación sobre la Evolución Humana, CENIEH) y por la geóloga Antoni Carriño.

Esta actividad, se ha convertido en el proyecto arqueológico más importante que se está desarrollando en nuestro país en la actualidad y ha pasado a ser una investigación de carácter internacional e interdisciplinario.

En consecuencia, es que este proyecto que insumirá mucho tiempo y que requiere de un trabajo denodado por parte de los investigadores, está siendo financiado por la Intendencia de Salto y por el Ministerio de Educación y Cultura de España.

CUEVAS Y ALEROS PUEDE DAR PRECISIÓN CRONOLÓGICA

La delegación de técnicos españoles explicó a los presentes en la visita guiada al lugar, el pasado sábado 19,  las tareas que están cumpliendo en el lugar. El paleontólogo Jesús Rodríguez, indicó que están realizando excavaciones en un alero. El mismo, es de grandes dimensiones, con un buen nivel de profundidad, lo que supone que sería utilizado como refugio o también podría ser empleado para realizar otras actividades.

De ahí surge el interés de hacer un sondeo en ese lugar con el fin de buscar evidencias de que haya habido habitantes en el pasado.

 ”El interés de la zona, el hecho de que nos encontramos en una zona donde hay muchos talleres al aire libre, hace difícil separar cronologías, la ventaja de un yacimiento en un alero es que tenemos una estratificación que permite separar diferentes momentos temporales, diferentes eventos y tener una datación más precisa de cada nivel” expresó Rodríguez.

Los investigadores aclararon que este trabajo comenzó el presente año, por lo cual aún no hay registros de dataciones, las que se realizan básicamente en el laboratorio mediante métodos radiométricos con Carbono 14 y esto lleva un tiempo obtener los resultados.

En el trabajo que están realizando los arqueólogos, hay un espacio de dos metros cuadrados y la intención que tienen los investigadores, es poder llegar a la base del abrigo (suelo de la caverna), que se estima, tiene un espesor de sedimentos (capas que se han formado) de más de un metro en función de la altura que está ahora.

ASPIRAN ENCONTRAR RESTOS DE FAUNA

Rodríguez agregó que “estamos en los niveles superficiales, no sabemos que cronología tienen, pero esto nos indica que mucho más abajo podemos llegar a encontrar niveles más antiguos aproximadamente de 10 mil años antes del presente”. Esto también sirve para saber la “interacción que tenían los pobladores del momento con los grandes mamíferos que se han extinguido”, dijo.

Para el investigador español otra ventaja de estos yacimientos que se han encontrado en Mataojo, es que “al ser lugares donde posiblemente los habitantes del pasado pudieron establecerse, aunque fuera mínimamente durante algunos días, también podemos encontrar restos de su actividad y no solamente herramientas, sino que esperamos poder encontrar también resto de fauna, de esta forma, podemos saber qué animales comían y que tipo de interacción tenían con los animales”.

Hasta el momento se habían encontrado algunas evidencias de tallas. La doctora Ana Mateos Chamorro, arqueóloga, indicó que “las evidencias marcan que hubo un momento de talla, ya que la materia prima son grandes lascas que preparaban para hacer sus herramientas”.

Los aleros (la estructura de la piedra que forma una suerte de galería) y las cuevas que allí existen, son lugares idóneos para poder encontrar ocupaciones humanas muy tempranas en el tiempo, ya que se pueden estimar bien cronológicamente, en virtud de que tienen mucha estratificación.

Rodríguez finalizó indicando que “en conjunto esta zona es potencialmente rica para conocer esas fases tempranas de poblamiento humano y de su fauna asociada”.

POR AHORA NADA

El Gobierno Nacional no ha dado financiamiento alguno a este proyecto, ni siquiera ha tomado contacto con quienes vienen trabajando en el mismo, algo que no ha detenido a sus impulsores los que se han instalado en el lugar y desde entonces vienen a toda marcha para lograr sus objetivos al corto plazo.

Si bien evitaron pronunciarse al respecto, quienes están llevando adelante este proyecto de investigación arqueológica, que se constituye en el más importante del país, los investigadores dejaron en claro que su trabajo está respaldado y financiado por el Ministerio de Educación y Cultura de España en cooperación con la Intendencia de Salto, cuyas autoridades el sábado 19 se hicieron presentes en el lugar, visitando las excavaciones.

 

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Investigadores extranjeros coinciden en la riqueza arqueológica de cuevas de Mataojo

Investigadores extranjeros coinciden en la riqueza arqueológica de cuevas de Mataojo

 

Rafael Suárez, investigador y docente de la Facultad de Humanidades.

 

Una investigación a “larguísimo plazo”

Doctor Rafael Suárez, investigador del museo de arqueología y ciencias naturales  de la Facultad de Humanidades y docente de la misma en Montevideo, llegó a Salto en el año 2009, a través de Mario Trindade, quien le mostró el sitio de las cuevas de Zanja del Tigre, allí se hizo una primera valoración, la que le pareció muy interesante, ya que él hizo su tesis doctoral con el tema del poblamiento temprano en América en la desembocadura del río Cuareim y como ésta es una zona cercana, le pareció interesante poder chequear con una serie de modelos en cuanto a la movilidad de los cazadores recolectores y este es uno de los lugares especiales donde se puede realizar esta investigación.

Los hallazgos indican la presencia de humanos en Uruguay de una antigüedad que ronda los 10 mil años antes del presente, denominada período Paleoindio.

COMO SE DESCUBRIÓ EL LUGAR

En el diálogo con EL PUEBLO, Rafael nos explicó que quien inició este descubrimiento fue Mario Trindade (director del Museo de Arqueología), ya que su padre fue comisario de la zona y le contaba que los contrabandistas se escondían de la policía en la “Cueva del Tigre”, lo que motivó a encontrar este sitio.

La investigación se inició a partir de la cartografía y ver que había afloramientos importantes de areniscas que es la misma materia prima que aparecen en el Catalán.

Comenzaron a relevar el lugar, actualmente se están realizando excavaciones arqueológicas para intentar avanzar en el conocimiento de la prehistoria del Uruguay.

Hay 10 mil años de ocupación humana, desde los primeros grupos humanos que recorren América y en su recorrido pasan por Uruguay hasta los últimos grupos del período histórico.

AVANCES DE LA INVESTIGACIÓN

El entrevistado manifestó que es una investigación a larguísimo plazo.

Cada vez se sorprenden más, recientemente han descubierto una cueva, con un petroglifo, que es la primera que aparece con un petroglifo en el  Uruguay, lo cual es muy importante.

El mismo está oculto, no está a la vista, no está hecho para que lo vieran todas las personas, sino para que lo vieran determinadas personas dentro del grupo.

Dentro de la cueva hay una especie de chimenea natural, donde penetra la luz y en  determinada hora del día el sol le da al petroglifo y es cuando se ve.

Este descubrimiento hace que los investigadores tengan que volver en otras ocasiones para relacionar con los tipos de equinoccios a ver si esto está marcando algún patrón relacionado con la astrología.

SITIOS ARQUEOLÓGICOS

El “proyecto Mataojo”, comprende siete kilómetros entre la Cañada Vira Vira y la Mesa, hay 87 sitios. De los cuales cinco son cuevas, y tres aleros.

“Es importante destacar que no se excava todo el lugar,  siempre se deja lo que se llama un “testigo”, porque en un futuro dentro de veinte, cincuenta o cien años vendrán otros investigadores con otras técnicas que podrán discutir lo que dijimos nosotros”, explicó Suárez.

En el futuro van a presentar proyectos para autofinanciarse y tener un mejor equipamiento.

PIEZAS ENCONTRADAS

Se ha encontrado carbón, loza, puntas de flechas

Estas serán alojadas en el museo y luego serán investigadas.

PARA INVESTIGADORA BRASILEÑA “UN SITIO MUY COMPLETO”

Viviane Vidal; investigadora brasileña, por su parte indicó que es una experiencia extraordinaria, un rico sitio, con un compacto cultural que viene desde la prehistoria hasta tiempos históricos de cuando vinieron los indios charrúas, un sitio muy completo con diferentes períodos.

Que tiene cuevas, aleros, talleres, petroglifos con mucha materia prima.

Es  una experiencia interdisciplinaria con arqueólogos uruguayos, españoles, que están haciendo un trabajo muy provechoso.

Manifestó que si bien ha trabajado en proyectos similares no han sido de estas características.

En Brasil hay sitios con aleros pero no con tantos complejos culturales, con diferentes períodos, asociaciones como cuevas, aleros, talleres, petroglifos, material tallado, como en este caso.

Este hallazgo es muy importante algo así como pionero, porque ha habido otros, pero no con tantas asociaciones culturales como de 10 mil años.

Los materiales encontrados en esta oportunidad datan  9.700 años antes del presente y también han encontrado material más reciente como loza y metal lo que posibilita identificar diferentes períodos de ocupaciones.

Esto puede cambiar la historia ya que de los charrúas, teníamos solo relatos históricos, libros, hasta ahora no había pruebas arqueológicas y los vestigios nos hablan que acá estuvieron y también hay material histórico como loza lo que muestra esa transculturación, ese cambio de cultura entre españoles y charrúas.

La arqueología nos compara ahora, las evidencias materiales lo demuestran.

 

3-2

Algunas de las piezas ubicadas.

 

 

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Equipo de “Proyecto Mataojo” halla singulares construcciones en zona de Zanja del Trigre

Corresponderían a civilizaciones anteriores a las guaraníes

 

Recientemente estuvo en Salto el Dr. Rafael Suárez, quien integra el multidisciplinario equipo del “Proyecto Mataojo.

Es uno de los responsables  de la tarea de tipología en el  laboratorio, seleccionando los artefactos hallados en las excavaciones que se hicieron en la zona de Zanja del Tigre.

La etapa siguiente es la que comprende la descripción de los artefactos para ir estableciendo una tendencia con respecto a la selección de materia prima.

Los estudios indican una clara movilidad de las poblaciones que existieron en esos sitios.

En este caso aún no se ha determinado si se trata de poblaciones guaraníes.

“Los nombres de los grupos indígenas son históricamente muy recientes después de la Conquista”.

De acuerdo a lo expuesto oportunamente por la Lic. Carmen Curbelo, es preciso mirar el mapa del Uruguay, las características que reúne la toponimia al norte del Río Negro – que es básicamente guaranítica en los aspectos.

Se habla de un período de más de diez mil años, lo que indica que no se trata de una civilización guaraní.

Son grupos cazadores y recolectores que ingresan por el norte, por la zona costera del país y la zona atlántica.

Se establecen en consecuencia nichos ecológicos, relictos de mega fauna.

Los estudios parecen indicar que esos grupos que mantuvieron una extensa movilidad territorial (hasta el sur del río Negro, retornando posteriormente al norte), constituyendo un circuito prácticamente anual.

Todo indica que el alimento básico era la carne.

NOTABLE DENSIDAD

DE MATERIAL

Aún no existen registros de la variable cantidad de elementos existentes en Pepe Núñez y Zanja del Tigre.

Sin ninguna duda, las investigaciones realizadas en el marco del Proyecto Mataojo señalan – que particularmente la densidad de material tan poco espacio.

“No llama poderosamente la densidad de material en tan poco espacio, es un hecho drásticamente inusual, que está ligado con el paisaje.

A su vez éste está relacionado con los relictos, micro paisajes que actuaron como refugio de la fauna… genuinos nichos ecológicos, vertederos de agua, zanjas por donde corría el agua en forma permanente.

En la zona se advierte una variada cantidad de especies arbóreas, que se fueron modificando ante el cambio climático en constante evolución desde hace millones de años.

Según se explica en la web de Presidencia de la República, – recordando los hallazgos anteriores -  se trata de « las primeras cuevas descubiertas al norte del río Negro con ocupación humana observable en niveles superficiales a través de artefactos líticos». En dichas cuevas podrían hallarse evidencias de las ocupaciones humanas más antiguas del continente americano, periodo denominado como «Paleoindio», y que se remonta a entre 14 mil y 9 mil años atrás.

La zona de la Cuchilla de Haedo ha sido hasta el momento muy pobre en cuanto a indicios de ocupación humana prehistórica.

Las cuevas están situadas en una zona cercana a las nacientes del río Arapey, húmeda y con un elevado nivel de precipitaciones.

Desde la entrada a una de las cuevas se puede ver, a nivel de superficie, artefactos líticos (de piedra) indígenas dispersos que se alternan con hojas. Las paredes interiores se muestran cubiertas de hollín, que es atribuible –presuntamente- al humo de fogatas realizadas en su interior, dato que resulta más que alentador para Trindade y su equipo, que se encuentran a la espera  de equipos de iluminación aún no disponibles en el país, y que son imprescindibles para profundizar las investigaciones.

Los estudios demuestran que el cambio climático ha acompañado el ciclo de la Tierra y lo que queda en claro que la fauna se comportaba de forma diferente, también el ser humano desde su surgimiento.

El aporte actual del Proyecto Mataojo desemboca en varias puntas importantes; una es que se han obtenido registros a través de mediciones satelitales la variabilidad de las alturas.  Por otra parte existen en el área complejos de construcciones denominadas caírnes, cuya estructura fue diseñada para permanecer en el tiempo.

 

 

 

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Continúa realización de Proyecto “Mataojo”: Se han detectado más de treinta localidades de interés arqueológico en el departamento de Salto

Continúa realización de Proyecto “Mataojo”: Se han detectado más de treinta localidades de interés arqueológico en el departamento de Salto

En torno al comienzo de las actividades anuales el Director de Museo Arqueológico de Salto Mario Trindade manifestó que en primer instancia se continuará trabajando en el “Proyecto Mataojo” (que comenzó a funcionar el pasado noviembre), al que responde a una investigación  y relevamientos pormenorizados que apunta a salvaguardar los sitios arqueológicos.
Incluye el estudio de unas 150.000 hectáreas.
Está dentro de la planificación el relevamiento de la topografía del área, el inventario de los atributos culturales existentes en el lugar, el trabajo relativo  a la identificación de cada uno de ellos, fichado y detalles de los centros poblados y de la posibilidad de que los propios pobladores aporten datos de relevancia.
La prospección se inició en noviembre del año pasado y dado al tamaño del área implica paciencia y demora en las actividades.
“La tarea sistemática implica mucha tensión; recorrer 150.000 hectáreas no es tarea sencilla.
Se deben dedicar muchos días a entrevistar a los pobladores.
Es importante devolver a la sociedad los datos que estamos recogiendo del lugar.”  – expresó el investigador y arqueólogo salteño.
Los lugareños – a reflexión del estudioso -  son los que de alguna manera controlan los elementos patrimoniales del departamento, pues es parte de su propia identidad.
El  proyecto promueve la integración de los bienes culturales  que surgen en el paleo – indio hasta el guaraní misionero (época posterior al descubrimiento).
“No hemos descubierto hasta el momento, elementos materiales que sean de indudable procedencia misionera, pero si  la Dra. Carmen Curbelo está trabajando muchísimo en el relevamiento cartográfico con su equipo” – destacó Trindade.
Se hace énfasis en el estudio de la cartografías jesuíticas, la corrección de la latitud y longitud con respecto a la ubicación del norte geográfico actual con el fin de tener un margen de error mínimo en la ubicación de capillas que eventualmente existieron, construcciones y referencias a lugares geográficos.
“En los mapas de América del Sur, los misioneros colocaban una capillita dibujada en el lugar aproximado donde pensaban que estaba ubicada.
A veces hay una considerable cantidad de kilómetros del papel a la realidad” – precisó el director del museo.
Con el Dr. Rafael Suárez se están cumpliendo trabajos de prospección de la zona de cuevas y en una de las áreas se han detectado más de treinta localidades arqueológicas que revisten singular importancia.
PUBLICACION
PARA FIN DE AÑO
Trindade señaló que el equipo de trabajo que integra junto al Dr. Rafael Suárez y la Dra. Carmen Curbelo realizará una publicación sobre esta investigación que se expondrá en un congreso en Argentina.
La redacción responderá a los distintos sitios en los diferentes períodos en la modalidad de breves informes acerca de las características de la población temprana, que ronda en los 10.000 años de antigüedad en la zona.
Los análisis permitieron la detección de sitios de aprovisionamiento de materia prima en distintas localidades arqueológicas, ya sea en la falda de los cerros, cerca de las lagunas, construcciones y círculos de piedra de origen religioso, éstos últimos en las áreas circundantes.
Esta noticia fue difundida en varios lugares del mundo, como por ejemplo en la radio nacional de Francia y agencias internacionales y de acuerdo a expresiones de Trindade “hay  interés en conocer, sugerir y aportar experiencias”.
Con respecto al planteo de eventual turismo arqueológico, Mario Trindade sostuvo que “los lugares más sensibles y conocidos de países que tienen una larguísima historia de socialización a través de la exposición de sitios arqueológicos están tomando medidas contrarias, como es el caso de España y Francia.
El turismo es importante, pero se puede socializar el conocimiento a través de otro sistema que no sea el contacto directo con los lugares de trabajo
Uno de los hechos que a mi juicio es inadmisible es la invasión a la propiedad privada”.

 

 

 

 

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Identificaron 38 sitios arqueológicos que muestran complejas estructuras arquitectónicas

Se planifican investigaciones de largo alcance en “Proyecto Mataojos”

Con la presencia del Intendente Carlos Gabrielli, se dieron a conocer ayer las últimas novedades del proyecto arqueológico “Mataojos”.
Se trata de un proyecto de trascendental importancia, dadas las riquezas arqueológicas que hace a la historia de nuestro territorio.
Los investigadores que forman  parte del proyecto, los Dres. Carmen Curbelo y Rafael Suárez, junto al Director del Museo Arqueológico de Salto, Mario Trindade.
Es la integración de bienes culturales de un período importante de tiempo; la iniciativa nació hace un año y medio en las mesas de acuerdos territoriales del Ministerio de Ordenamiento Territorial y Medio Ambiente.
La primera exposición fue ubicada en la página de Presidencia de la República y posteriormente se llevó a cabo una nueva visita al lugar.
“Nos causó una grata sorpresa el impacto a nivel nacional e internacional.
Fue grande la cantidad de agencias de noticias que levantaron la información y posteriormente la comunicación desde diferentes instituciones del mundo que se pusieron en contacto con nosotros” – sostuvo Trindade.
Por su parte la Dra. Carmen Curbelo, responsable de una de las áreas del proyecto destacó que se han aunado esfuerzos con el Museo de Arqueología de Salto para comenzar a trabajar en el “Proyecto Mataojos” que abarca dos grandes ramas de la investigación del pasado.
Su especialidad está vinculada a la Arqueología Histórica, el período de las Misiones Jesuíticas en adelante hasta la actualidad, relacionada con la presencia del territorio misionero, en el cual el departamento de Salto está involucrado.
También se define la presencia de indígenas misioneros, como aporte poblacional de importancia para la región.
URUGUAY SITIO DE
“GRAN PROFUNDIDAD
EN OCUPACIONES
HUMANAS”
El Dr. Rafael Suárez, especializado en arqueología prehistórica indicó que “Uruguay tiene una gran profundidad cronológica en cuanto a ocupaciones humanas y el interés fundamental de la línea de investigación que amerita hurgar en los primeros cazadores y recolectores que llegaron a Uruguay y a América, hace más o menos 12.000 a 13.000 años de antigüedad.
A partir de las investigaciones del Prof. Mario Trindade en la zona de la Cuchilla de Haedo se lograron identificar importantes estructuras, las primeras descubiertas al norte del río Negro que presentan ocupación humana.
Zanja del Tigre -  donde se ubican estas cuevas  – posee un total de 38 sitios arqueológicos en un territorio de 9 kilómetros cuadrados, lo que da un promedio de 4,2 sitios por km2, lo que advierte una gran densidad.
Existe una gran variabilidad de sitios, con cuevas, canteras prehistóricas de abastecimiento de materia prima, círculos y estructuras de piedra que se pueden considerar como estructuras arquitectónicas.
Las mismas delimitan espacio interior y exterior, marcando una complejidad muy importante en la existencia de estos grupos prehistóricos del Uruguay.

 

 

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Vestigios de pueblos cazadores: Hallan nueva cueva indígena en zona de Pueblo Fernández

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El Director del Museo Arqueológico de Salto, Prof. Mario Trindade junto a su equipo y la presencia del arqueólogo español Gustavo Piñeiro cumplen la  cuarta campaña de trabajo de investigación en Cuchilla de Haedo.
El pasado miércoles descubrieron una nueva cueva, primera hallada en la concentración de Pueblo Fernández.
Por otra parte es la quinta que presenta indicios de ocupación humana.
Una connotación particular es que allí a pocos metros corre una cascada, lo que conforma un escenario paisajístico muy atractivo.
A su vez se advierte un nicho ecológico, de los pocos montes cerrados en la zona.
Se han encontrado también materiales líticos, referentes a las herramientas y restos de las armas que utilizaban los grupos cazadores indígenas.
La cueva tiene una entrada de apenas unos treinta centímetros de alto por cuarenta de ancho, con una profundidad de más de cinco metros.
Dentro de la cueva yacen materiales antrópicos (de origen humano).
Se va confirmando así el modelo en el cual se había comenzado a trabajar, como marco teórico de adaptabilidad a los climas fríos y la ocupación de abrigos naturales como los aleros y grandes paredones.
En Pepe Núñez se han identificado sitios aparentemente rituales.
El tipo de utilaje hallado corresponde a la antigua existencia de pueblos cazadores muy anteriores al período guaraní.
Teóricamente se habla de las primeras etapas correspondientes a los primeros cazadores que ingresan a lo que actualmente es el territorio de Uruguay, otrora en condiciones climáticas muy distintas (muy frío y seco).
Se hace la lectura geológica en base a los materiales encontrados, reafirmando que toda la zona de Pueblo Fernández, Pueblo Quintana y Pepe Núñez es – desde el punto de vista arqueológico extremadamente rica y hasta el momento no había sido puesta en evidencia.
TRABAJOS
MULTIDISCIPLINARIOS
El Dr. en Arqueología Prehistórica (que trabaja en la temática de las ocupaciones tempranas, primeros cazadores y recolectores que llegaron hace trece mil años) Rafael Suárez se sumó al equipo de investigación y es encargado de dilucidar el escenario geológico.
En primer lugar, destaca la relevancia del descubrimiento de los sitios arqueológicos en la Cuchilla de Haedo, de los cuales no había referencia en la arqueología uruguaya, que tiene más de cien años de desarrollo.
En una de las localidades arqueológicas se han podido identificar treinta y ocho sitios; en un tramo de una cañada de cinco kilómetros.
Hay lugares de aprovisionamiento de materias primas – donde los grupos obtenían sus piedras para hacer puntas de proyectil, cuchillos y raspadores.
El grupo permanecerá en la zona hasta el sábado o el domingo y luego se trasladará a otra dentro de la misma área que está delimitada aproximadamente por las nacientes del arroyo Sopas y las nacientes del arroyo Arapey (un tramo de alrededor de cuarenta kilómetros de largo por veinte de ancho).
Se conforma un mapa de distribución de sitio y se estudia donde se concentran los lugares potenciales para en el futuro realizar excavaciones más intensivas.
Dentro del método científico que se utiliza se cumplen diferentes etapas y procesos.
Por el momento se experimenta la etapa evaluatoria y de sondeo.
El hallazgo más importante es el carbón, pues mediante dicho componente se pueden efectuar pruebas de carbono 14 que permite conocer la fecha de ocupación de los sitios arqueológicos.
IMPORTANTE
RECONOCIMIENTO AL
MUSEO ARQUEOLOGICO
DE SALTO
El Museo de Arqueología y Ciencias Naturales de Salto fue galardonado con el Premio Anual a la Actividad Museística por parte del Comité Nacional del Consejo Internacional de Museos (ICOM, por su sigla en inglés), una organización vinculada a la Unesco y comprometida con la conservación, continuación y comunicación de la herencia natural y cultural del mundo y su patrimonio tangible e intangible.  El reconocimiento fue instituido por la ICOM en el año 2000 con el objetivo de retribuir el compromiso de los museos alrededor del mundo con la labor de transmisión cultural que llevan adelante durante su actividad.
Quien recibió el premio fue Mario Trindade, director del museo e investigador con una nutrida trayectoria como asesor cultural de varios museos públicos y privados dentro y fuera del Uruguay.

 

 

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Se realizó la presentación de los resultados de la investigación ...

19 Feb 2011 ... Se realizó la presentación de los resultados de la investigación arqueológica realizada en Salto en el marco del Proyecto Mataojo ...www.10minutos.com.uy/.../se-realizo-la-presentacion-de-los-resultados-de-la-investigacion-arqueologica-realizada-en-salto-en-el-marco-... - En caché

 

Este sábado 10minutos se hizo presente en lo que fue la presentación de los resultados de la investigación arqueológica realizada en Salto en el marco del Proyecto Mataojo.

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Estuvieron presentes en la recorrida la Secretaria de la Intendencia de Salto, Cecilia Eguiluz, los integrantes de la Comisión del Interior Marisel Calfani y Amilcar Pereira Castro, además estuvo la alcaldesa del Municipio de Mataojo, María Alejandra Fagúndez y representantes del Ministerio de Cultura de España.

El proyecto de investigación en cuevas y aleros prehistóricos ubicados en la Cuchilla de Haedo fue elegido en un concurso europeo donde compitió con centenares de trabajos científicos provenientes de todo el mundo.

 

La aprobación del proyecto  habla de la trascendencia internacional que se le ha dado a esta línea de investigación encarada en esta parte del Norte uruguayo.

Con esta  financiación el Museo de Arqueología y Ciencias Naturales de la Intendencia de Salto podrá continuar con las excavaciones, contando con la presencia de destacados especialistas y también de instrumentos con  tecnología de última generación.

La gestión fue realizada por el Dr. Rafael Suárez (MACN) y la Dra. Ana Mateos (España), investigadora del Centro Nacional de Investigación sobre Evolución Humana (CENIEH).

 

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LaEl CENIEH es uno de los centros de investigación más importantes y avanzados de Europa. Fue creado en 2004 y cuenta con tecnología de última generación a nivel mundial en lo que a investigaciones arqueológicas se refiere.

Anualmente el Ministerio de Cultura de España llama a propuestas de investigación para financiar trabajos arqueológicos fuera de España. Así se presentó entre ambas instituciones el proyecto de investigación “Excavaciones en Zanja del Tigre. Primeras ocupaciones humanas de América” co-dirigido por el  Dr. Rafael Suárez (MACN) y la Dra. Ana Mateos (CENIEH).

Los sitios arqueológicos prehistóricos en cuevas y aleros, descubiertos por Mario Trindade en 2008, rápidamente adquirieron trascendencia a nivel local.

En 2009 fueron valorados como uno de los descubrimientos arqueológicos más importantes de la arqueología nacional por el Dr. Rafael Suárez.

Ahora el interés que demostró el mencionado centro de investigación europeo permite confirmar la valoración inicial y la importancia que tienen estos sitios en el contexto de la arqueología regional americana.

Sitios de este tipo eran conocidos en Pampa y Patagonia desde hace más de 100 años, en Uruguay su reciente descubrimiento en el departamento de Salto inicia la posibilidad de investigarlos bajo la órbita de la arqueología profesional con los últimos métodos y técnicas que conoce actualmente la arqueología.

Su investigación y protección son ahora un desafío que el Museo Arqueología y Ciencias Naturales está llevando adelante con la mayor responsabilidad.

Hallazgo. "Proyecto Mataojos"

Inician en Salto investigación arqueológica de avanzada
Indagan el período "paleoindio".

 

 

 

395144_0.gif    Antepasados. En gran parte de la región surgen evidencias humanas antiquísimas.

 

2-1-2010 - Una de las más importantes investigaciones arqueológicas de las que se han encarado hasta el presente en el Uruguay ha sido denominada "Proyecto Mataojos" y el mismo tiene por finalidad analizar las evidencias de las ocupaciones humanas más antiguas. Sus promotores indagan un lapso que denominan "Paleoindio" y que tiene entre 9.000 a 14.000 años de antigüedad, en la Cuchilla de Haedo. Las investigaciones arqueológicas que se vienen desarrollando en la zona de Mataojos, en el interior de Salto, principalmente en unas seis cuevas, hacen presumir que el hombre pudo haber caminado por estas tierras en ese período. Los arqueólogos Mario Trindade y Rafael Suárez, quienes trabajan en el "El Proyecto Mataojos" explicaron que están investigando en cuevas ubicadas en esa zona, en las cercanías de Pueblo Quintana, las cuales tienen evidencias de ocupación humana de larga datación.

Según los especialistas el sedimento que se forma en las mismas no tiene la movilidad, no tiene erosión, no está agredido por las lluvias, entonces los registros arqueológicos que hay en las cuevas permanecen prácticamente intactos.

Es que las cuevas funcionan como un ámbito en el que la sedimentación, los depósitos de tierra, se dan muy lentamente. También se dan condiciones especiales donde no hay humedad y los agentes erosivos, la lluvia, el sol, el viento, no actúan y se preservan mejor.

El licenciado Suárez explicó en el programa radial "El Péndulo" de Radio Turística de Salto que "hice mi tesis de doctorado en unos sitios arqueológicos, los sitios más tempranos del Uruguay, o sea los sitios más antiguos del Uruguay una tradición cultural que se llama el paleoindio que tiene trece mil años de antigüedad, y para esa tesis hice un modelo porque encontré un determinado tipo de punta de proyectil".

Explicó que se trata de "una punta de lanza que no se conocía, la cual la pudimos adaptar. La encontré en Artigas y en el río Negro medio, en ese momento para mi tesis doctoral hice un modelo, digamos, de movilidad de estos grupos cazadores­recolectores".

"Ellos se movían de la zona de la desembocadura del Río Cuareim en el río Uruguay hacia el río Negro medio, e hice un par de flechas, ahora hablando con Mario, justo coincidimos en un encuentro que hubo del Sistema Nacional de Areas Protegidas, y él me comentó que había descubierto unas cuevas. Le dije que sería buenísimo poder confirmar o descartar este modelo que yo estaba haciendo, porque evidentemente que si estos grupos de cazadores­recolectores se movían desde el río Cuareim hacia el río Negro medio, tenían que pasar por algún lado y una de las zonas de paso sería esta zona donde Mario (Trindade) descubrió las cuevas".

"Es un lugar ideal para confirmar o descartar ese modelo que se hizo, tampoco en ese lugar se lo puede confirmar en otros lugares pero por eso es que,

como especialista, como investigador que trabaja en el tema de las poblaciones tempranas me integré al equipo que dirige Mario Trindade".

 

 

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  Descubren grutas de 14 mil años de antigüedad

 

  30-10-2009 Montevideo, Uruguay- Las primeras cuevas descubiertas al norte del río Negro con ocupación humana observable en niveles superficiales a través de artefactos líticos, podría significar un acontecimiento en la Comunidad Arqueológica americana 

El Proyecto Mataojo prevé prospectar y excavar el área, ubicada al noreste del departamento de Salto.

Los especialistas entienden que las investigaciones arqueológicas pueden develar evidencias de las ocupaciones humanas más antiguas del continente americano, una tradición cultural denominada “Paleoindio” que tiene entre 14.000 y 9.000 años de antigüedad en la Cuchilla de Haedo, un lugar donde prácticamente no hay antecedentes de ocupación prehistórica.

La región donde se encuentran las cuevas fue recientemente definida, en una publicación científica, como “Región Arqueológica Catalanes Nacientes Arapey” (RACNA),  debido a que integra un paisaje natural y antrópico homogéneo. Allí se observan sitios canteras y talleres de arenisca silicificada y ágata, en un corredor con rumbo Norte-Sur de aproximadamente 100 kilómetros de largo por 40 kilómetros de ancho. Este se extiende desde las inmediaciones de la desembocadura del arroyo Catalán Grande hasta las nacientes del río Arapey.  La flora del lugar está asociada a los cauces de los arroyos y la ladera de los cerros en lo que se puede llamar monte de quebrada, la vegetación crece al abrigo de las laderas donde se concentra la humedad y se desarrolla la flora arbórea, arbustiva y herbácea. Es frecuente encontrar en esta zona la presencia de helechos arborescentes, debido a la influencia de las altas tasas de humedad y precipitaciones registradas.

Las cuevas y aleros se encuentran en predios privados y su acceso se ve franqueado por el monte indígena donde es posible identificar mataojos, guayabos, pitangas, espinillos, coronillas, blanquillos y acacias, entre otras especies.

Desde la entrada a una de las cuevas se puede ver, a nivel de superficie, artefactos líticos (de piedra) indígenas dispersos que se alternan con hojas. Las paredes interiores se muestran cubiertas de hollín, que es atribuible –presuntamente- al humo de fogatas realizadas en su interior. En las evaluaciones realizadas en sus paredes no se constataron a simple vista, grabados o  pinturas rupestres aunque para establecerlo con rigor científico será necesaria la utilización de equipos de iluminación aún no disponibles en el país. Lo que sí hay, son colonias de líquenes y hongos que también deberán ser analizadas.

 

 

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Sus ocupantes aprovecharon la concavidad de la piedra para refugiarse. Hay que considerar que el clima en lo que hoy es Uruguay, al final del Pleistoceno -última edad del hielo- era muy frío, con varios grados menos de temperatura que en la actualidad.

 

 

 

El arqueólogo Rafael Suárez citado por la web del Gobierno dijo que entiende que las investigaciones arqueológicas nos pueden develar “evidencias de las ocupaciones humanas más antiguas del continente americano, una tradición cultural denominada Paleoindio que tiene entre 14.000 – 9.000 años de antigüedad en la Cuchilla de Haedo, un lugar donde prácticamente no hay antecedentes de ocupación prehistórica”. Además, -dijo-“hay muy buenas perspectivas de identificar ocupaciones Paleoindias en cuevas en Uruguay. Los sitios tempranos del período Paleoindio conocidos en nuestro país hasta el presente, son todos a cielo abierto y están asociados a cursos de agua como ríos, arroyos y lagunas”.

Suárez y su equipo de investigación vienen trabajando en sitios Paleoindios en Uruguay desde el año 1999. Este especialista ha realizado su tesis de doctorado sobre las ocupaciones humanas más antiguas de Uruguay. Recuperando evidencia de los primeros americanos que llegaron al país hace 12.800 años calendario de antigüedad, así como los primeros registros de fauna extinguida del Pleistoceno (caballo prehistórico americano y Glyptodon) asociados a material de origen cultural. Estos hallazgos fueron realizados en la localidad arqueológica Pay Paso (río Cuareim, Artigas) teniendo repercusión en la comunidad académica internacional.

La relativa proximidad y amplia movilidad que tenían los grupos Paleoindios generan muy buenas posibilidades de recuperar evidencias de los primeros americanos en las cuevas recientemente descubiertas. Adicionalmente en Pampa y Patagonia hay varios sitios Paleoindios en cuevas (Cueva Fell, Chile; alero Piedra Museo y Cueva Tixi, Argentina, entre otros), por lo que no sería extraño que los grupos Paleoindios de Uruguay también hubieran ocupado cuevas o aleros. “Recordemos que el clima al final del Pleistoceno era seco y frío con varios grados menos de temperatura promedio que en la actualidad”. Los antecedentes de ocupación humana en cuevas en nuestro país alcanzan una profundidad temporal de aproximadamente 3.100 años AP (Cueva del Diablo en la Sierra de San Miguel, Rocha). Por lo tanto, poder extender cronológicamente las ocupaciones en cuevas hacia los períodos Arcaico (aproximadamente 8.500 – 4.000 años de antigüedad) y Paleoindio (13.000 – 9.500 años AP)”, constituiría un avance importante en el conocimiento de la Prehistoria más antigua del Uruguay

 

 

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9 marzo 2011 3 09 /03 /marzo /2011 23:37

                        

 

 

Famosos por su arquitectura monumental y  su rica cultura visual, los Moche habitaron la costa norte de Perú durante el período Intermedio Temprano (100-800 dC). Los descubrimientos arqueológicos en el siglo pasado y la difusión de los artefactos Moche a museos de todo el mundo han dado lugar a una fascinación generalizada por esta cultura compleja, que expresó su creencia sobre el mundo humano y sobrenatural a través objetos de cerámica y metal finamente elaborados de realismo sorprendente y sofisticación visual.

 

En este trabajo de estandarización, un equipo internacional y multidisciplinario de expertos que están a la vanguardia de la investigación Moche presentará una visión general del virtuosismo de la técnica de la cultura Moche. Los contribuyentes abordar diversos aspectos de la sociedad Moche, su religión y su cultura material basandose en varias líneas de evidencias y en varias metodologías, incluidos los estudios iconográficos, las investigaciones arqueológicas y los análisis forenses. Algunos de los artículos presentan los resultados de los estudios a largo plazo de las principales cuestiones en la iconografía Moche, mientras que otros se centran en temas más específicamente definido como los estudios de sitio, la influencia de El Fenómeno del Niño / Oscilación del Sur en la sociedad Moche, la naturaleza de la guerra y el sacrificio entre los Moche, y el papel de la cultura visual Moche en la descodificación de los marcos sociales y políticos.

 

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The art and archaeology of the Moche: an ancient Andean society of the of the Peruvian north coast.



 Escrito por Steve Bourget,Kimberly L. Jones 

 

The art and archaeology of the Moche: an ancient Andean society of ... - Resultado de la Búsqueda de libros de Google

Steve Bourget, Kimberly L. Jones - 2008 - History - 291 páginas
Bonavia, Ducio 1982 Precerámico peruano: Los gavilanes, mar, desierto y oasis en la historia del hombre. Corporación de Financiera de Desarallo SA, COFIDE, ...
books.google.com/books?isbn=0292718675   ...
 
 
University of Texas Press, 2008 - 291 páginas

Renowned for their monumental architecture and rich visual culture, the Moche inhabited the north coast of Peru during the Early Intermediate Period (AD 100-800). Archaeological discoveries over the past century and the dissemination of Moche artifacts to museums around the world have given rise to a widespread and continually increasing fascination with this complex culture, which expressed its beliefs about the human and supernatural worlds through finely crafted ceramic and metal objects of striking realism and visual sophistication.

In this standard-setting work, an international, multidisciplinary team of scholars who are at the forefront of Moche research present a state-of-the-art overview of Moche culture. The contributors address various issues of Moche society, religion, and material culture based on multiple lines of evidence and methodologies, including iconographic studies, archaeological investigations, and forensic analyses. Some of the articles present the results of long-term studies of major issues in Moche iconography, while others focus on more specifically defined topics such as site studies, the influence of El Nio/Southern Oscillation on Moche society, the nature of Moche warfare and sacrifice, and the role of Moche visual culture in decoding social and political frameworks.

 
                Photograph of a Moche (Mochica) ceramic pot vessel in the form of metallurgy craftsmen smelting metal objects from gold, copper or silver in a furnace
Photograph of a Moche (Mochica) ceramic pot vessel in the form of metallurgy craftsmen smelting metal objects from gold, copper or silver in a furnace or kiln. The Moche culture began about 200 B.C., lasting to about 1000 A.C. inhabiting the North Coast of Peru. The Moche artists produced the only realistic or naturalistic fine art sculpture visual art in pre-Hispanic or pre-Columbian South America. Much Mochican clay pottery survives, often painted with red and white slip. Photography by Nathan Benn from collection of the National Museum of Archeology and Anthropolgy in Lima, Peru in July 1989. www.mocheperuimages.com/.../
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               Photograph of a Moche (Mochica) ceramic pot vessel in the form of a recumbent anthropomorphic peanut playing a musical instrument
Photograph of a Moche (Mochica) ceramic pot vessel in the form of a recumbent anthropomorphic peanut playing a musical instrument. The instrument is a quena that is a type of Andean flute. The musician peanut legume is given a man’s head. The Moche culture began about 200 B.C., lasting to about 1000 A.C. inhabiting the North Coast of Peru. The Moche artists produced the only realistic or naturalistic fine art sculpture visual art in pre-Hispanic or pre-Columbian South America. Much Mochican clay pottery survives, often painted with red and white slip. Photography by Nathan Benn from a private collection in Lima, Peru in July 1989. www.mocheperuimages.com/.../
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               Photograph of a Moche (Mochica) ceramic pot vessel in the form of a house or a shelter with the roof supported by wood log poles
Photograph of a Moche (Mochica) ceramic pot vessel in the form of a house or a shelter with the roof supported by wood log poles. The Moche culture began about 200 B.C., lasting to about 1000 A.C. inhabiting the North Coast of Peru. The Moche artists produced the only realistic or naturalistic fine art sculpture visual art in pre-Hispanic or pre-Columbian South America. Much Mochican clay pottery survives, often painted with red and white slip. Photography by Nathan Benn from a private collection in Lima, Peru in July 1989.The Moche culture began about 200 B.C., lasting to about 1000 A.C. inhabiting the North Coast of Peru. The Moche artists produced the only realistic or naturalistic fine art sculpture visual art in pre-Hispanic or pre-Columbian South America. Much Mochican clay pottery survives, often painted with red and white slip. Photography by Nathan Benn from a private collection in Lima, Peru in July 1989. www.mocheperuimages.com/.../
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                    Photograph of a Moche (Mochica) ceramic pot vessel in the form of man or woman washing his or her hair over a tub, like a shampoo
Photograph of a Moche (Mochica) ceramic pot vessel in the form of man or woman washing his or her hair over a tub. The scene may have mystical significance beyond using shampoo, hygiene, cleanliness or health. The Moche culture began about 200 B.C., lasting to about 1000 A.C. inhabiting the North Coast of Peru. The Moche artists produced the only realistic or naturalistic fine art sculpture visual art in pre-Hispanic or pre-Columbian South America. Much Mochican clay pottery survives, often painted with red and white slip. Photography by Nathan Benn from a private collection in Lima, Peru in July 1989.
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                         Photograph of a Moche (Mochica) ceramic pot vessels in the form of a decapitator monster or god holding a tumi knife and the decapitated head of a victim or sacrifice
Photograph of a Moche (Mochica) ceramic pot vessels in the form of a decapitator monster or god holding a tumi knife and the decapitated head of a victim or sacrifice. The gruesome scene of ritual killing, torture, and sacrifice is not uncommon in Moche art. The Moche culture began about 200 B.C., lasting to about 1000 A.C. inhabiting the North Coast of Peru. The Moche artists produced the only realistic or naturalistic fine art sculpture visual art in pre-Hispanic or pre-Columbian South America. Much Mochican clay pottery survives, often painted with red and white slip. Photography by Nathan Benn from a private collection in Lima, Peru in July 1989.
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                      Photograph of a Moche (Mochica) ceramic pot vessel with fineline drawing in the form of a mystical narrative mountain scene with people hunting snails and skeletons of living dead
Photograph of a Moche (Mochica) ceramic pot vessel with fineline drawing in the form of a mystical narrative mountain scene with people hunting snails and skeletons of living dead or ghosts. The Moche culture began about 200 B.C., lasting to about 1000 A.C. inhabiting the North Coast of Peru. The Moche artists produced the only realistic or naturalistic fine art sculpture visual art in pre-Hispanic or pre-Columbian South America. Much Mochican clay pottery survives, often painted with red and white slip. Photography by Nathan Benn from a private collection in Lima, Peru in July 1989.
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                  Photograph of a Moche (Mochica) ceramic pot vessel decorated with fineline drawing depicting anthropomorphic beans being exchanged between priests or other high rank officials
Photograph of a Moche (Mochica) ceramic pot vessel decorated with fineline drawing depicting anthropomorphic beans being exchanged between priests or other high rank officials. Moche believed beans had mystical power or magic, and often appear in Mochica art decoration. The Moche culture began about 200 B.C., lasting to about 1000 A.C. inhabiting the North Coast of Peru. The Moche artists produced the only realistic or naturalistic fine art sculpture visual art in pre-Hispanic or pre-Columbian South America. Much Mochican clay pottery survives, often painted with red and white slip. Photography by Nathan Benn from a private collection in Lima, Peru in July 1989.
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                Photograph of a Moche (Mochica) ceramic pot vessel in abstract geometric design
Photograph of a Moche (Mochica) ceramic pot vessel in abstract geometric design. The Moche culture began about 200 B.C., lasting to about 1000 A.C. inhabiting the North Coast of Peru. The Moche artists produced the only realistic or naturalistic fine art sculpture visual art in pre-Hispanic or pre-Columbian South America. Much Mochican clay pottery survives, often painted with red and white slip. Photography by Nathan Benn from a private collection in Lima, Peru in July 1989.
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Libros relacionados
 
 
 
The Moche
Garth Bawden
Moche art of Peru
Christopher B. Donnan, University of California, Los Angeles. Museum of Cultural History, Heard Museum of Anthropology and Primitive Art, Denver Art Museum
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9 marzo 2011 3 09 /03 /marzo /2011 23:02

 

La despedida de Duccio Bonavia

Duccio Bonavia debe ser uno de nuestros mejores científicos de todos los tiempos. Sus trabajos e investigaciones tratan sobre todo del proceso de domesticación del maíz, los camélidos, etc. Por supuesto, no encaja dentro de la definición del arqueólogo “Indiana Jones” al que le puedes preguntar qué descubriste, pero sí qué investigaste.

 

 

duccio bonavia circa 2002

 

enviado por Roberto Bustamante publicado el 09/03/2011 a las 2:50 PM http://lamula.pe/2011/03/09/la-despedida-de-duccio-bonavia/1587

 

 

 

 

 

Entre su principal bibliografía:

 

- El maíz: su origen, su domesticación y el rol que ha cumplido en el desarrollo de la cultura (2008)

 


- El arte rupestre del antiguo Perú (1999, con Jean Guffroy)

  


- Los camélidos sudamericanos: una introducción a su estudio (1996)

  


- Enseñanza de la arqueología en el Perú (1992, con Ramiro Matos)

 


- Perú: hombre e historia. I: De los orígenes al siglo XV (1991)


- Los Gavilanes. Precerámico peruano: mar, desierto y oasis en la historia del hombre (1982)

 

Así, Bonavia se retira ya de la investigación y ha decidido irse a Canadá con su familia. La ceremonia de homenaje fue el pasado lunes 7 de marzo en el Museo de Pueblo Libre (Museo Nacional de Arqueología, Antropología e Historia).

 

 

VIDEO: http://lamula.pe/2011/03/09/la-despedida-de-duccio-bonavia/1587

Aquí sus palabras finales. Espero subir pronto el video completo, pero pesaba mucho. Temas clave: la necesidad de un museo arqueológico, a la talla de México; la importancia de la historia como ciencia; Arguedas y el patrimonio arqueológico.

------------------------------------------------------------------------------- Dr Roberto Bustamante

 

 

 

Un maestro.

Bibliografía encontrada en la red
- Sistema de depósitos y almacenamiento durante el período precerámico en la costa del Perú (1979, con Alexander Grobman)
- Importancia de los restos de papas y camotes de época precerámica hallados en el valle de Casma (1984)
- Coprolitos y dieta del precerámico tardío de la costa peruana (1985)
- Exostosis del conducto auditivo interno (1988)
- Presencia del paijanense en el desierto de Ica (1990, con Claude Chauchat)
- Análisis de coprolitos de llama (lama glama) del precerámico tardío de la costa norcentrla del Perú (1992, con John Johns)
- Un sitio precerámico de Huarmey (PV35-6) antes de la introducción del maíz (1993, con Johnson W., Laura; Reitz J., Elizabeth; Wing S., Elizabeth; Weir H., Glendon)
- La papa: Apuntes sobre su origen y domesticación (1993)
- Respuesta a Orefici y a los colegas polacos (1995)
- De la caza-recolección a la agricultura: Una perspectiva local (1996)
- El precerámico medio de Huarmey: Historia de un sitio (PV35-106) (2001, con Johnson-Kelly, Laura; Reitz, Elizabeth; Wing, Elizabeth)
- Discurso pronunciado con ocasión del nombramiento póstumo de Fernando Silva Santisteban (1929-2006) como doctor honoris causa de la Universidad Nacional de Educación (2007)
- Historia de un campamento del Horizonte Medio de Huarmey (PV35-4) (2009)

En estos tiempo de Mistura y Gastón Acurio, es bueno también leer y estudiar a aquellos que han investigado cómo así se domesticó eso que ahora mismo estás hincando con tu tenedor.

 

 

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FACULTAD DE CIENCIAS DE LA COMUNICACIÓN, TURISMO Y PSICOLOGÍA PRESENTÓ LIBRO SOBRE EL MAIZ


El pasado martes 7 de abril, la Facultad de Ciencias de la Comunicación, Turismo y Psicología, presentó en el marco de las actividades del Mes de las Letras, el libro ‘El Maíz’ de Duccio Bonavia, una investigación en donde el autor realiza un estudio del origen, domesticación e importante rol que ha cumplido el maíz en el desarrollo de la cultura peruana.

 

La presentación de esta nueva publicación se realizó en el set de televisión de la referida facultad ante la presencia de invitados especiales, docentes y alumnos. El libro fue comentado por el biólogo Dr. Alexander Grobman, asesor del Ministerio de Agricultura y presidente de la Asociación para el Desarrollo de la Biotecnología (Perubiotec), y por el Dr. Ricardo Sevilla, miembro del Grupo Consultivo para la Investigación Agrícola Internacional (CGIAR por sus siglas en Inglés).

 

La temática del libro es muy compleja y encierra una serie de facetas que atañen a diferentes disciplinas, desde las biológicas hasta las históricas. En “El Maíz” se da una visión general, de conjunto, sobre los temas principales relacionados con esta planta haciendo, sin embargo, mayor énfasis en su problemática en América del Sur.

 

A lo largo del texto se utilizan muy a menudo los términos recolección, cultivo y domesticación. Son tres palabras que se emplean corrientemente pero sobre las que también muy a menudo hay cierta confusión. Sin embargo, ellas son esenciales si se quiere entender la forma en la que una planta desde su estado silvestre, pasa a ser un instrumento de primordial importancia para el hombre.

El autor del libro, Duccio Bonavia Berber, es un reconocido arqueólogo e investigador italo peruano, que ha realizado en este libro uno de los más importantes estudios sobre el maíz, uno de los productos agrícolas más antiguos de América (Huarmey - 5000 años).

 

                                   

 

 

 

Santa Anita, 14 de abril de 2009
Oficina de Relaciones Públicas e Imagen Institucional
rrpp@usmp.edu.pe

 

 

 

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Discurso pronunciado por el arqueólogo italoperuano Duccio Bonavia con ocasión del nombramiento póstumo de Fernando Silva Santisteban (1929-2006) como doctor honoris causa de la Universidad Nacional de Educación.

 

 

Fernando Silva Santisteban

 

Duccio Bonavia
La Insignia. Perú, febrero del 2007.

 

 

 

Este encargo que se me ha encomendado por parte de la familia, de agradecer por la distinción póstuma que se le acaba de tributar a Fernando Silva Santisteban Bernal, me llena de orgullo pero al mismo tiempo me crea una sensación de vacío y de profunda consternación. La pérdida es demasiado grande y demasiado cercana y les confieso que se me hace difícil encontrar los términos para expresar, no sólo lo que siente la familia sino también aquellas palabras que Fernando se merecería y que yo no logro decir. Pues con su partida se ha quebrado una vivencia de cuarenta y cuatro años, durante los cuales caminamos por la angosta y difícil vereda de la vida muy juntos, compartiendo alegrías y penas, pocos momentos de satisfacciones muchos de congojas tremendas.

Permítaseme decir algunas palabras, recordando al amigo más que al intelectual, pues sobre este segundo aspecto se acaba de referir con amplitud y conocimiento el profesor Alcántara.

Al escribir estas líneas, pues improvisar habría sido imposible dada la emoción, he recordado aquel día de un lejano fin de 1962 o quizá principio de 1963, cuando Fernando entró en el Museo de Arqueología de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, que en aquel entonces funcionaba en la Calle Zamudio y donde yo trabajaba. Venía acompañando a Luis Guillermo Lumbreras quien iba a proponerme el ser profesor de la Universidad Nacional San Cristóbal de Huamanga en Ayacucho. Fue él quien me presentó a Fernando. Me parece estarlo viendo, con su figura espigada, su mandíbula prominente y esa sonrisa bonachona que lo distinguía. La idea de ir a Ayacucho la verdad que no me atrajo y le dije a Lumbreras que no aceptaba. Fernando al despedirse, me manifestó que le gustaría conversar conmigo en algún otro momento. Nos encontramos el día siguiente en el viejo patio de Letras de San Marcos. Durante nuestra conversación me llamó la atención que una persona a la que acababa de conocer, estuviera enterada de mi vida estudiantil y de los pocos aportes que hasta entonces había hecho para la arqueología peruana. Con gran sagacidad no me pidió que aceptara de ir a Ayacucho, ni siquiera me tocó el tema directamente, sino que me hizo ver los potenciales atractivos que tenía esa zona para un arqueólogo. Me quedé impresionado no sólo por su preparación, sino por su don de gentes que tanto lo ha caracterizado. Nos despedimos y quedé pensativo. Al día siguiente acepté el cargo.

Fue en Ayacucho donde se forjó nuestra amistad. Durante todo el tiempo que estuve allí, él fue la persona con la que más juntos anduvimos. Nos veíamos a diario, compartiendo no sólo nuestra vida académica sino también las vivencias personales. Allí nació una hermandad indisoluble, una admiración y un aprecio mutuo que se ha mantenido hasta el final y que sólo la parca ha podido truncar.

Ya en Lima, después, nuestras vidas habían tomado un rumbo bastante parecido. Nos unía no sólo la parte afectiva, sino también nuestro interés y nuestro amor por el Perú indígena. Un mundo que Fernando, como buen cajamarquino, conocía mejor pues lo había vivido desde sus primeros momentos de vida y que yo como europeo recién comenzaba a entender, pero que ambos queríamos no sólo estudiar sino lograr a compenetrarnos con él para hacerlo más asequible para aquellos que, si bien son peruanos, no lo conocen. Pues la gran tragedia del Perú, y esto lo discutimos mucho con Fernando y estábamos completamente de acuerdo, es que somos un Estado pero aún no hemos logrado ser nación. Esa tragedia la sentimos ambos, viviente, especialmente en nuestras conversaciones con José María Arguedas con el cual los dos compartimos una inquebrantable amistad. Es que tanto él como yo habíamos recibido una formación antropológica, de modo que veíamos al mundo andino de la misma manera. Esa es la razón por la que hemos invertido nuestra vida con la meta de cumplir tres tareas fundamentales. Trabajar para el estado con el fin de tratar que desde sus organismos se crearan mecanismos administrativos y legales para salvar nuestro legado andino. Estudiar ese pasado, desde puntos de vista diferentes pero que al final convergen. Y, finalmente, enseñar para poderle transmitir a las jóvenes generaciones no sólo conocimiento, sino también nuestras ansias y nuestros temores.

Cuando se llega al final de la vida y se comienza a hacer recuento del pasado, sobre todo cuando uno se ve obligado a ello por un recuerdo como el que nos une esta noche, uno se da cuenta de cuantas horas ha invertido en aquellas tareas que uno ha considerado y creído prioritarias, sacrificando a veces incluso a la familia. Esto me trae el recuerdo de cuando Fernando era director, primero de este museo y posteriormente de la Casa de la Cultura, y yo funcionario del Museo Nacional de Antropología y Arqueología. Cuántas horas hemos dedicado a discutir problemas relacionados con el patrimonio cultural, a preparar proyectos de leyes, defensas y modificaciones de otras ya existentes, búsqueda de fondos para efectuar obras. Los largos viajes que hemos hecho juntos a lo largo de la costa y la sierra norte, muchas veces en condiciones difíciles. Tengo aún presente esa noche que llegamos a Tingo, dirigiéndonos a Cuélap cuando no había camino y la única forma de subir a las ruinas era hacerlo a pie o a caballo. En dicho pueblo no había donde pasar la noche. Y cuando le informé al comisario que Fernando era el Director del Instituto Nacional de Cultura, nos permitió dormir en dos celdas de la cárcel que por suerte estaban desocupadas.

Muchos de nuestros trabajos tienen ideas comunes, porque muy a menudo, cuando estábamos escribiendo, nos juntábamos para discutir, para pedir consejo, para saber si ambos estábamos de acuerdo y si no lo estábamos, lo cual sucedía bastante a menudo, para saber si lo que se decía era coherente y tenía cierta lógica. Para mi las discusiones con Fernando han sido una forma de ampliar mis conocimientos, de aprender siempre algo nuevo, de darme cuenta que a veces se pueden ver las cosas desde diferentes ángulos y que definitivamente en ciencia la verdad de hoy no es la de mañana. Nuestros debates han sido largos y a veces inclusive muy duros, sobre todo en los últimos tiempos que nos reuníamos casi semanalmente los días domingos. Y en muchos casos no lográbamos llegar a un acuerdo. Últimamente le interesaba mucho a Fernando el gran dilema de cuándo surge el estado en el antiguo Perú. Sobre esto nuestros puntos de vista eran muy divergentes. Pero lo que quiero enfatizar, es que las discusiones con Fernando eran muy diferentes a las que sostenía con la gran mayoría de otros colegas que no tienen la capacidad de separar lo personal de lo académico, en cuyo caso una discusión de este tipo termina en una enemistad. Con Fernando nunca sucedió esto, una vez finalizada la discusión quedábamos tan o más amigos que antes.

Una de las facetas más particulares de Fernando y quizá una de las menos conocidas, ha sido el coraje con el que ha sabido afrentar la vida. Para él, como para la mayoría de intelectuales, no ha sido fácil. Y en su caso concreto, menos aún en los últimos años, cuando su salud estuvo mermada. Pero si bien es cierto que a veces me decía que estaba al borde de la depresión, nunca sucumbió a ella, siempre supo sobreponerse, sobrellevar los problemas, enfrentarse a ellos con una hombría admirable.

En estos últimos años había un tema del que terminábamos hablando en forma recurrente, cambiando ideas por largas horas. Me refiero la gran crisis que estamos viviendo. Crisis de valores, crisis de principios que ni él ni yo hemos podido aceptar. Se le desgarraba el alma al constatar la penosa situación en la que se encuentra nuestro patrimonio cultural y la total inopia del estado frente a ello. Un Instituto Nacional de Cultura que no cumple ningún rol. La situación trágica de nuestros museos. La pobreza en la que ha caído la enseñanza universitaria. Recordábamos ese gran esfuerzo que hizo José María Arguedas cuando fue Director de la entonces Casa de la Cultura y que fue seguido por Fernando, para mejorar las cosas y que en buena parte se había iniciado y se estaba impulsando, hasta que con el gobierno militar al entrar en la dirección del Instituto Nacional de Cultura Martha Hildebrandt, se produjo un vuelco totalmente opuesto a esa política y se dio inicio a la crisis de la que hoy aún sentimos los efectos y pagamos las consecuencias.

Nos preguntábamos si había merecido la pena tanto esfuerzo y tanta dedicación por nuestra parte, para que de ello no quedara nada. Frente a esta triste realidad, ha sido la única vez que he visto a Fernando darse por vencido. La última vez que estuvimos juntos, me dijo que había llegado el momento de dedicarse solo a enseñar y a escribir y no participar más, para nada, en la administración pública, ni siquiera opinando. Hubo, en cierta manera, un acuerdo mutuo que ambos tomaríamos esa actitud.

La muerte de Fernando Silva Santisteban no es más que la continuación de una vieja tradición en nuestra sociedad, en el sentido de no reconocer en vida a nuestros grandes intelectuales. En todos estos últimos años Fernando ha sido un pensionista más, que tenía que luchar por su supervivencia. Ni el Estado ni las universidades públicas o privadas supieron reconocer en vida la obra de este gran hombre. ¡Cuanta verdad, y les pido disculpas pero tengo que decirlo, está encerrada en la vieja frase del poeta Marcial cineri gloria sero venit, es decir, que es tardía la gloria que se tributa a las cenizas!

Señor rector, no encuentro las palabras adecuadas para expresarle el profundo agradecimiento de la familia frente a este gesto que ha tenido la Universidad Nacional de Educación "Enrique Guzmán y Valle" que nos reconforta y nos honra. Le ruego, a nombre de ella, transmitir nuestra gratitud a la honorable Asamblea Universitaria y por su intermedio a todos los miembros del claustro.

Fernando Silva Santisteban nos ha dejado, pero su obra y su ejemplo son imborrables y quedan como un hito que esperemos sabrán seguir las nuevas generaciones, que tienen la tremenda responsabilidad de enmendar rumbos, retomando los principios básicos que nos han dejado nuestros grandes hombres. Lo que puedo decir, con absoluta seguridad, es que él está descansando en paz, porque tuvo la conciencia limpia.

 

Lima, 10 de febrero del 2007.

 

  FORTALEZA DE CAMPOY: Discurso póstumo de Duccio Bonavia a Fernando ...

Discurso pronunciado por el arqueólogo italoperuano Duccio Bonavia con ocasión del nombramiento póstumo de Fernando Silva Santisteban (1929-2006) como ...
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TAMBIÉN:

 

Perú: "Mudo" Castañeda y Alan García coacusados de descuartizar ...

cinabrio.over-blog.es. Friday 11 february 2011 5 11 /02 /Feb /2011 22:50 .... EL ARQUEÓLOGO DUCCIO BONAVIA YA HA DADO LA CLARINADA DE ALERTA ...
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9 marzo 2011 3 09 /03 /marzo /2011 02:25

 

 

 

NUEVOS HALLAZGOS DE LA CULTURA YCHMA EN HUACA DEL PARQUE DE LAS LEYENDAS

El reciente hallazgo de una nueva arquitectura en forma de nichos dentro del parque de Las Leyendas brinda mayores evidencias sobre el uso administrativo y ceremonial que dieron hace 900 años los antiguos habitantes del valle de Lima a la huaca San Miguel, perteneciente al curacazgo de Maranga del Señorío de Ychma.

 

La jefa de la división de arqueología del parque de Las Leyendas, Lucénida Carrión, adelantó que la importancia de estos descubrimientos radica en que aportan mayores luces sobre los usos y las costumbres de esta cultura tan influyente en Lima entre 1100 y 1450 después de Cristo.

 

De esta manera, se abre una nueva posibilidad para grandes y chicos de acercarse al antiguo Perú y conocer mucho más sobre su historia y origen, a través de una visita al parque de Las Leyendas, incluyendo su interesante museo de sitio.

“Los nichos descubiertos son una especie de ventanales. Se extienden en un terreno de 1,600 metros cuadrados y dan cuenta de una técnica de tapiado en barro. Aparentemente habrían sido utilizados para el almacenaje, pues alrededor del sitio se encontraron vasijas y ollas para uso alimenticio”, explicó la experta.

Las funciones exactas que se desarrollaron en el interior de los nichos son otro misterio debido a que los antiguos pobladores de Lima dejaron limpios los espacios antes de proceder a sellarlos.

Hasta el momento, en la zona sólo se habían encontrado mates grabados con diseños ondeados que aluden a la pesca, así como tinajas y cántaros. La arquitectura elaborada en la técnica de tapial evidencia las continuas modificaciones y remodelaciones que tuvo el edificio, reocupado en la época incaica.

La arqueóloga Carrión señala que esta aproximación desvela varios misterios de la cultura Ychma, en una zona de 45 hectáreas que se encierra tras murallas de hasta seis metros de altura.

“Entre los 53 sitios arqueológicos ubicados en el parque de Las Leyendas hay zonas diferenciadas que destacan por su monumentalidad, como la huaca Tres Palos. Allí se ha encontrado una especie de reloj solar en base a tres troncos ubicados al centro de uno de estos recintos. Esto señala que la Ychma fue, al parecer, una cultura desarrollada.”

Dada la puesta en valor del recinto, los estudios continuarán reforzándose y se comenzaron a programar visitas guiadas. Todos estos hallazgos pueden ser observados en las salas del museo de sitio Ernst W. Middendorf, dentro de las instalaciones del patronato del parque de Las Leyendas.

 

 

   HERMANOS DE LA AGRUPACIÓN CULTURAL KAPAQ SUMAQ AYLLU, DEFENSORES DE LA HUACA "EL PARAÍSO" 

 

 

                  Realizan más hallazgos de la cultura Ychma en huaca San Miguel, en parque de Las Leyendas.   EL INCA Y LA COYA

 

fortalezadecampoy.blogspot.com/2011/03/hallan...

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Complejo Arqueológico Maranga: leyendas del Parque

 

 

 

Por mucho tiempo abandonado, en medio del trazado indiferente de las avenidas Universitaria, Riva Agüero y Venezuela, el Complejo Arqueológico Maranga, con sus más de cincuenta pirámides, empieza a renacer. Tras su reciente nombramiento como Patrimonio Cultural de la Nación por el INC, los trabajos para su puesta en valor avanzan fi rmes gracias a la participación del patronato del Parque de las Leyendas y del Municipio de Lima.

Este es uno de los pocos casos en que los animales han opacado un conjunto arqueológico. Hay que pasar indiferentes ante ellos para poder apreciar la maravilla arqueológica que encierra el Parque de las Leyendas. El curacazgo Maranga habitó esta parte de Lima y han quedado, gracias a la generosidad del tiempo, muestras de la arquitectura, cerámica, textiles y contextos funerarios.

Si desde un helicóptero mirásemos el complejo se podrían notar dos sectores diferenciados: el amurallado, que encierra la Huaca La Palma y el Palacio Inca; y el sector extramuros, formado por inmuebles administrativos, como las huacas Tres Palos, San Miguel, Cruz Blanca y La Cruz. Esas son algunas de un total de 52 que se distribuyen en las 97 hectáreas del parque. Sin embargo, sólo la Cruz Blanca y un sector de una muralla están habilitados para recibir visitas. Junto a Lucénida Carrión, jefa de la División de Arqueología, recorrimos cinco sitios que fueron habitados por marangas (1100-1476 d.C.), aunque también por sucesivas oleadas de pobladores incas (1450-1532 d.C.).

Troncos que dan la hora “En un día despejado, desde aquí se puede ver el Morro Solar y el entorno de Lima,” dice Lucénida al llegar a la cima de la Huaca Tres Palos. En su cúspide hay 96 agujeros, 48 a cada lado, que serían los rastros de un antiguo reloj solar, según planteamiento de la arqueóloga Josefi na Ramos de Cox. Ella hizo una prueba: colocó en cada poza un tronco, comprobando que la proyección de sus sombras hacía posible el control del tiempo.

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complejo_arqueologico_maranga   EL INCA Y LA COYA  complejo_arqueologico_maranga

 

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Lucénida menciona que aún no se ha determinado el por qué del número de hoyos, pero sobre sus formas ovaladas y rectangulares señala que guardan relación con las constelaciones y el cosmos. Esta estructura se mantuvo mientras fue templo principal maranga, pero al recibir la ocupación inca los agujeros fueron cubiertos, empleándose el lado este de la huaca como depósito de alimentos o tambo. La última ocupación estuvo formada por viviendas de españoles, dispuestas en la parte superior en forma de L. En el Parque de las Leyendas los proyectos arqueológicos se desarrollan a fi nes de los sesenta y son retomados en 1992 por la arqueóloga Inés del Águila, hasta el ingreso de Lucénida Carrión en 1993. El Parque, a pesar de contar con un patronato, es una institución dependiente del Ministerio de la Mujer (y desde este año del Municipio de Lima). Más allá del tema administrativo, nunca se ha contado con un presupuesto procedente de esas entidades para desarrollar el trabajo arqueológico. Más bien, gracias a los ingresos que obtienen del público, sus autoridades consiguen el monto para los proyectos. “Nos hemos presentado en diferentes concursos para tratar de adquirir recursos. Siempre nos califi can con un excelente, pero nunca ganamos. Al parecer, no hemos encontrado algo espectacular para los empresarios”, dice Lucénida. Por ahora trabajan con un grupo de ocho arqueó- logos, además de voluntarios y practicantes de las universida- des, que brindan mano de obra a cambio de experiencia.

Entierros y cruces Como si se tratara de una obra civil, la Huaca San Miguel tiene maderas y carretillas por todas partes. Los arqueólogos se encuentran en etapa de restauración luego de haber excavado por un año, desde julio del 2003. En su interior encontraron cuartos con muros en color blanco y amarillo ocre, además de corredores y escaleras. La especialista señala que en medio de las múltiples hornacinas incas se halló el contexto funerario de un hombre de 40 años con un tatuaje en una de sus muñecas y otro en una pierna, y también con evidentes signos de osteoartri- tis, enfermedad producida por cargar peso excesivo. El segundo hallazgo narrado por Lucénida corresponde a la Dama de los Batanes: una mujer enterrada sobre dos piedras y dos manos de moler. El tercero es de un infante, cuyo fardo aún no ha sido estudiado. Sobre la arquitectura, la arqueóloga refi ere que se han determinado muros que sirven de base para todo el conjunto.

“Es una estructura que antes no se había visto: representa un indicio de planifi cación en Lima”, señala.

Otra de las huacas encontradas al interior de la muralla se denomina Cruz Blanca. En su ingreso han colocado una representación de Chayavilca, el último curaca del señorío de Maranga. Los visitantes pueden recorrerla y familiarizarse con sus construcciones, excavadas en 1960. Entre los hallazgos hay hornacinas empotradas a lo largo de muros que forman habita- ciones. En el 92 se hizo la primera puesta en valor, un trabajo arduo que culminó en el 2000. Este es un sitio en el que se han colocado plantas nativas y carteles que explican el trueque, la pesca, la función de los tejedores y la alfarería, pues la idea no es que sólo se habiliten las huacas, sino que cuenten con elementos que las integren dentro de una época y sus costumbres.

La cuarta huaca fuera de la muralla es La Cruz. Aquí no se ha realizado investigación, así que nos desviamos para llegar al lado este de una muralla llamada ‘55E’, con 540 metros de largo y cinco de altura. En el 2000 los operarios hicieron los trabajos de conservación y restauración de 117 de esos metros. Aquí se identifi caron estructuras de adobitos de la cultura Lima y, entre ellas, varios individuos enterrados como parte del relleno. “No se encontraron armas, razón por la que se descarta haya sido una muralla defensiva”, asegura Lucénida.

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huacas_san_miguel  huacas_san_miguel  huaca_tres_palo  frisos_huaca_la_palma

 

Cruzando imaginariamente la muralla, que tiene varios momentos constructivos, llegamos a un lugar que estuvo entre palmeras. De ahí el nombre de Huaca La Palma, colindante con la escuela de chalanes del Parque. Desde aquí se divisan los montículos que aún no han sido excavados pero que ya tienen código o nombre. Una de ellas es la Huaca Ernst Midden- dorf, situada, cronoló- gicamente, en la cultura Lima, y cuyo nombre es un homenaje al médico alemán que, infl uen- ciado por Humboldt, recorrió nuestro país entre 1859 y 1862, además del complejo Maranga en 1886, que logró ver intacto. Al regresar la mirada sobre La Palma, Lucénida destaca frisos en relieve restaurados en el 2000: en la parte inferior, un muro con cruces esca- lonadas o chacanas y en la parte alta, aparecen aves marinas encerra- das en rombos, ambas de la época inca.

Recorrer las huacas del Parque de las Leyendas resulta caótico por las distancias que separan unas de otras, sin embargo conocerlas es esencial para aproxi- marnos a la antigua historia de Lima. Su excavación y habilitación ha exigido un cambio de mentalidad no sólo de parte de los trabajadores del Parque, sino también de las autoridades municipales. No obstante, falta convencer al ciudadano común, que asocia el Perú prehispánico con localidades de provincias. Ahí apunta Lucénida y su proyecto de crear un gran circuito turístico arqueológico dentro del Parque: “Los limeños piensan que Lima no ha tenido historia, pero no saben que aquí han estado los grandes arquitectos de la época prehispánica”. Sobre ello, las construcciones que esconde el zoológico hablan por sí solas.

 

 

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El Museo de Sitio "Ernst Middendorf" está ubicado en el interior del zoológico "Parque de las Leyendas" del distrito de San Miguel, en Lima (Perú). Sus ambientes muestran gráficos, maquetas, representaciones y objetos originales de la Cultura Lima (200 d.C. -700 d.C.). También tiene una sala con una replica del famoso Señor de Sipán de la Cultura Mochica (200 d.C.-800 d.C.).
Fotos del Museo de Sitio "Ernst Middendorf"
Fotógrafo: Arturo Gómez Alarcón


Museo de Sitio "Ernst W. Middendorf".


Maqueta de la ciudad de Malanca (Maranga), capital de la Cultura Lima.

 

Entierro de la Cultura Lima.

Vasija de cerámica de la Cultura Lima.

Representación de una tejedora de la Cultura Lima.

Telar de cintura.

Gráfico de un telar de cintura.
Fibras de alpaca, vicuña y algodón. fotosdemuseos.blogspot.com/2011/02/museo-de-s...

Productos usados como tintes. fotosdemuseos.blogspot.com/2011/02/museo-de-s...

Agujas y husos para tejer. fotosdemuseos.blogspot.com/2011/02/museo-de-s...

 

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6 marzo 2011 7 06 /03 /marzo /2011 17:32
En Ciudad Sagrada de Caral “clausuraban” edificios cuando su civilización alcanzaba una nueva etapa de cambios políticos, sociales o religiosos

 

5,000 Year Old Figurines Found in Caral, Peru

 

[Lima+Peru+mother+nursing+baby+figure+5000+years+old.jpg] 

Antes de iniciar una construcción monumental se enterraba siempre con el viejo edificio una estatuilla de arcilla no cocida que representaba a una mujer

Las evidencias indican que hace 5,000 años la mujer tuvo una reconocida importancia social, que se aprecia también en la Señora de Cao, de la cultura Moche (3,000 años después de Caral), y se conserva en las atribuciones de la Coya en el imperio incaico.

 

Como un mensaje de respeto a la continuidad y al pasado reciente, los antiguos habitantes de la Ciudad Sagrada de Caral ‘clausuraban’ un edificio cuando entendían que su civilización había alcanzado una nueva era o una etapa de cambios a nivel político, social o incluso religioso. En lugar de destruir el edificio para construir otro en su lugar, erigían uno nuevo encima, utilizando al antiguo como cimiento, como base. “Marcaban un nuevo inicio, pero honrando al período anterior; no olvidaban lo hecho antes”, explica Ruth Shady, directora del Proyecto Especial Arqueológico Caral-Supe (Peacs).
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Antes de iniciar la construcción, se colocaba siempre una estatuilla de arcilla no cocida que representaba a una mujer, y siempre con alguna parte del cuerpo mutilada (un brazo, un pie o la cabeza, incluso). Estas estatuillas simbolizaban un sacrificio humano ofrecido antes del cierre del recinto. Estas estatuillas, además, han servido para conocer detalles sobre la vestimenta o el tipo de peinado que se utilizaba hace 5 mil años, pero también referidos al rol de cada género en la sociedad.

 

 

 

16 oct 2010 – Arqueólogos peruanos encontraron en el complejo de la Ciudad Sagrada de Caral, considerada la más antigua de América, una nueva estatuilla que se suma a las dos encontradas ya esta año, informó hoy el diario El Comercio.

Esta pequeña estatua de arcilla, que se suma a las más 150 de entre cinco y once centímetros halladas en el sitio arqueológico desde el inicio del actual proyecto arqueológico en 1994, permiten conocer el estilo de vida que tenían los habitantes de la ciudad de Caral hace 5.000 años.

Última estatuilla descubierta en Caral

La estatuilla representa un personaje masculino de alto rango social, y fue colocada como ofrenda durante el entierro de una de las plataformas del edificio piramidal La Huanca, en un tradicional ritual que esta cultura realizaba cuando consideraba que su civilización había alcanzado una nueva etapa.

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Esta evolución o cambio a nivel político, social o religioso se expresaba en la construcción de un nuevo nivel en la pirámide, y en el que el anterior no se destruía, sino que servía de cimiento para el siguiente.

“Marcaban así un nuevo inicio, pero honrando el período anterior; no olvidaban lo hecho antes”, explicó al diario Ruth Shady, directora del Proyecto Especial Arqueológico Caral-Supe.

La nueva estatuilla, que fue hallada esta misma semana, presenta una de sus piernas mutiladas, algo habitual en el resto de piezas encontradas y que en opinión de los expertos simboliza un sacrificio humano ofrecido antes del cierre de un recinto para iniciar la construcción del nuevo.

Shady destacó, además, la importancia de este tipo de hallazgos, ya que permite conocer detalles del estilo de vida de los pobladores de Caral, como la vestimenta o el tipo de peinados tradicionales.

La estatua descubierta recientemente es la tercera que los arqueólogos desentierran este año, luego de que encontraran una similar en el sector La Cantera (en ese caso representando una mujer) y otra en La Galería (una figura masculina sin cabeza).

 

“Al parecer no hubo distinción de género. Indistintamente se colocaba la estatuilla de una mujer o de un hombre en las construcciones a modo de ofrenda, simbolizando sacrificios humanos”, explicó la directora del proyecto arqueológico.

Recientemente también se encontraron otras estatuillas en la ciudad sagrada de Caral, en la provincia limeña de Barranca. En el edificio piramidal

En “La Cantera” se halló una figurina femenina, sin cabeza ni piernas y con un solo brazo, que fue enterrada como ofrenda durante la construcción de un salón ceremonial.

En el edificio piramidal “La Galería” se recuperó una estatuilla que representa una cabeza humana (originalmente unida a un cuerpo de sexo masculino) que luce un tocado a modo de turbante, debajo del cual sobresalen las patillas y el cerquillo, muy similar al de la estatuilla del edificio de La Huanca.

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                         Caral - Petroglifo

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Ver galería

Los figurines permiten reconstruir la apariencia física de los antiguos habitantes de Caral. Las coronas de totora eran usadas por los administradores, explica Shady, flanqueada por uno de ellos.

Las piernas cercenadas no son producto del peso de cinco mil años de antigüedad y varias toneladas de tierra. Las fracturas que presentan los 145 figurines recientemente hallados bajo las pirámides de Caral fueron deliberadamente infligidos. Para alivio de los caralinos de antaño, los sacrificios humanos no eran una práctica común y, en su lugar, se enterraban estatuillas representando dichas ofrendas a los dioses. Los hombres, con las piernas rotas, y las mujeres, con los brazos arrancados, según explica la arqueóloga Ruth Shady. Pero, por estos días, la directora del Proyecto Especial Caral-Supe no solo anda ocupada desenterrando objetos, sino también argumentos para contrarrestar las denuncias que algunos miembros del Colegio de Arqueólogos del Perú (Coarpe) vienen presentando en su contra.

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El hallazgo reciente

Junto con peines, coronas de totora, collares de plumas, sandalias y demás objetos de uso personal, las estatuillas halladas permiten una mejor comprensión de la compleja estructura social de Caral. Las representaciones de mujeres de clase alta, ataviadas con mantillas, collares y aretes, han sido encontradas junto a representaciones de hombres desnudos. De esto, explica Shady, se concluye que la mujer pudo ocupar en Caral el máximo escalafón de la jerarquía religiosa, es decir, pudo llegar a ser una especie de papisa preincaica.

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                                 Caral - Ruinas

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El hallazgo de estatuillas, desde el inicio de las investigaciones del PEACS (1994), ha permitido obtener cuantiosa información sobre la compleja estructura social que caracterizó a la civilización Caral.

                          Caral - Torres

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Se sabe, por ejemplo, que habrían sustituido a los seres humanos en los sacrificios rituales relacionados con la renovación de los edificios y la propiciación de la fertilidad en sus campos de cultivo.

Asimismo, ha brindado datos sobre los diferentes estilos en el atuendo personal de los antiguos caralinos y hecho posible apreciar sus elaborados peinados y tocados.

También ha contribuido a destacar la importancia que tenía la mujer en la estructura social de esta civilización, como lo demuestra el hallazgo, en 2006, de dos estatuillas en el asentamiento arqueológico de Miraya, que representan a la sacerdotisa de la civilización Caral y a su acompañante hombre.

La mujer, de alto estatus, se encuentra en posición solemne y muestra un atuendo y ornamento fastuosos, mientras que el hombre observa a su compañera en posición de espera de una respuesta.

  

 http://archeoperu.files.wordpress.com/2008/10/mapa-ubicaion.jpg

 

A la fecha, el PEACS ha encontrado en los edificios de la ciudad sagrada de Caral y el asentamiento arqueológico Miraya más de 150 estatuillas elaboradas en arcilla no cocida, de entre cinco y 11 centímetros de altura.

Estos últimos hallazgos acaban de ser incorporados en la sala de exposiciones del centro comercial Plaza Norte, donde tiene lugar la exposición museográfica “Caral, la civilización más antigua de América, símbolo de identidad e integración nacional”.

Se ha implementado, además, un nuevo espacio lúdico para toda la familia, en el cual los visitantes pueden tomarse fotos, sin restricción alguna, con las réplicas impresas de cuatro personajes importantes: El Huno, gran señor de Caral; una maestra del taller textil de Caral y las imágenes a gran escala de las dos estatuillas de Miraya.

La exposición está abierta al público.

La ciudad de Caral fue declarada en 2009 patrimonio mundial de la Organización de Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO).

Según datos del equipo arqueológico que trabaja en la zona, en 2009 unas 48.000 personas conocieron “in situ” la realidad de Caral, ubicada en el valle del río Supe, a unos 180 kilómetros al norte de Lima, mientras que sólo hasta mayo de 2010, la cifra ha crecido hasta las 61.000.

 

MÁS DATOS
Fruto del esfuerzo prolongado
El 30 de octubre se celebrará el aniversario 30 del inicio de las investigaciones arqueológicas en Caral.

El día 29, los trabajadores del Peacs llevarán a cabo una ceremonia de pago a la tierra en la zona de trabajo.

 

     

 

Figure: Iconic mother nursing child from Huaura excavation; compare to figures of Isis and the Virgin Mary)
Lima, Jun. 08 (ANDINA).- In the last days, a team of archaeologists headed by Ruth Shady has discovered a number of anthropomorphic figures believed to be some five thousand years old near the district of Vegueta in the province of Huaura on the coast north of Lima.

These relics have been unearthed in the archeological site of Vichama, or “hidden city”, a place that belongs to the same civilization of Caral and which is located 159 kilometers north of Lima. Caral is considered the oldest city of America with around 5000 years old.

The figures represent a woman nursing and a person of high social status. It was reported that Carbon 14 dating will soon determine how old these relics are.

This discovery occurs almost a year after the start of archaeological Works on this site headed by Dr. Ruth Shady.

These objects, along with others found at the scene, will be exhibited at the Communitarian Museum of Vegueta starting this weekend. June 15, 2008

 
 
New archaeological finds from ancient city of Caral to be exhibited throughout the month of June
 

Newly discovered archaeological finds from the ancient city of Caral will be put on display throughout the month of June in Vichama, an agricultural town located about 124 miles north of Lima on Peru’s coast, state news agency Andina reported Tuesday.

The most interesting remains of this ancient civilization – including clay figurines and giant shicras, or bags able to support up to 2 tons of stones and earth– will be exhibited in Végueta’s Community Museum. The figurines were made from non-glazed clay, painted different tones of white, black and red, and made to represent various individuals, including children wrapped in blankets and high-ranking officials.

 

The Vichama finds are part of the Caral Archaeological Project directed by Dr. Ruth Shady of the University of San Marcos.
The town of Vichama will also unveil an architectural monument called “The Cornices.” Made of circular plazas, cornices and vaulted niches, the monument is designed to replicate architectural elements present in Caral, and later used by the Inca civilization.
Caral was discovered by Paul Kosok in 1948, but received little attention until recently because it appeared to lack many typical artifacts usually found at archaeological sites throughout the Andes.
 
The city of Caral was a dense, diverse and permanent settlement of socially heterogeneous people and a center of religious, political and administrative power. It formed part of a hierarchical group of settlements that had a well-defined design denoting planning, zoning, and organized management of space for differentiated use by its occupants, with physical or symbolic connotations, and diverse architectural expressions relating to a complex division of labor and the presence of specialists in a variety of production and trade activities.
The urban complex is spread out over 150 acres, or 607,000 square meters, and includes the Pirámide Mayor – which covers the size of four football fields – and 19 other pyramid complexes scattered across the 35 square mile, or 80 square kilometer, area of the Supe Valley. June 10, 2009
The Preceramic Period  
10,000 – 1,800 b.C.
The Preceramic Period  is considered between the 10,000 – 1,800 years b.C. according to the research proposed by John Rowe (1962) and Edward Lanning (1967),  based on a series of common cultural and technological facts.
 
The Preceramic is defined in three periods:
The Early Preceramic
10,000 – 6, 000 b. C.
Adaptation to the environment started, humans worked hunting or fishing.
The Middle Preceramic 6,000-3,500 b.C
Plants and animals started to be domesticated, human villages were organized in social levels to produce more complicated activities.

The weather conditions 5,800 years ago changed. The Humboldt current, of cold water, came to its present position 5ª south latitude from its original 12ª south latitude, which produced an increasing of marine resources, specially of sardines that were the basic subsistence of coastal groups and made possible the permanent settlement and the population increasing. In the other hand the right manage of water carrying from rivers  inside valleys was determinant for the domestication of  important plants such as maize, cotton, potato, oca, achira, lima bean, chilli pepper and others that permitted the sprouting  of complex  societies during the Late Preceramic.

 

The Late Preceramic Period 3, 500 – 1, 800 b.C.
 

This was a decisive period during which the beginning of more complex social organization becomes apparent and societies exhibit the progressive urbanization including public architecture on a grand scale.

While the economies of communities in the coastlands remained basically dependent on extractive industry for their subsistence by exploiting the rich potential in marine resources, the people also were practicing agriculture and herding.

Settlement in the Eastern Andean forests took another course, arising from the constant need to shift village locations for ecological reasons. Natural routes following the network of waterways made migration easy.

The alluvial plains of those rivers were favourable for settlement and agriculture, which could be supplemented by hunting, fishing and gathering.

Between 3500 and 3000 B.C. the number of village settlers near the coast increased. Squash, gourds, kidney and lima beans were cultivated, as well as cotton. These crops and others such as maize were not spread or domesticated. As a cultural phenomenon, farming of cotton was sufficiently significant to define a stage within the Late Preceramic Period. Intense exploitation of this crop for textiles replaced earlier dependence on products made from cactus, and junco-sedge fibbers and skins.

Judging by the internal differentiation visible in the relative sizes of the buildings, their forms and material used in their construction, there began on the Peruvian littoral the phenomenon of increasing complexity in the settlements. Population increases and its resultant pressures are manifest in the greater number, scale and interconnection of sites, and these now contain a variety of constructive units. The various stages in this process or urbanization are not understood but the innovations it introduced became evident in the linked concentrations of ambitious structures, comprising large and specialized buildings such as platforms, pyramids, or raised enclosures designed for purposes other than domestic.

The settlements in the highlands are represented by those of the Mito Tradition, which had been studied at the sites of Kotosh, Shillacoto and Wairajirca in the Huánuco Region of the Northern Highlands, La Galagada in the Tablachaca Valley and Piruru in the Tantamayo drainage.

These distinctive constructions were created to provide an environment for religious ceremonies in which the burning of offerings was a critical element. The excellent condition of most buried structures, and the care with which they had been covered, led investigators to refer to this practice as “temple entombment”. Apparently these centres shared a set of religious beliefs which entailed similar kinds of ritual activities and, consequently, required a similar type of ceremonial building.

The underlying religious ideology and its material expression is sacred architecture has been called the Kotosh Religious Tradition. Although there are differences in the ritual chambers, the core architectural element of these buildings that allowed the rites to be performed was always maintained. 
In the area of the Central Coastlands it is notice an Initial Space (Chu – 2008) composed by the sites between Huaura and Fortaleza where is clear the transition from simple villages to complex ceremonial centres. Currently, the sites Aspero, Bandurria, El Paraiso, Rio Seco, and Vichama correspond to this Initial Space and  the Caral site represent the organizational achievement  with complex  ceremonial architecture. http://archeoperu.wordpress.com/

 

 

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terraeantiqvaefotos.zoomblog.com/cat/1780

 

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6 marzo 2011 7 06 /03 /marzo /2011 16:36
In 2001, the oldest town in South America was officially announced. Dating to 2600 BC, it pushed back the date for the “first town” with one millennium. What is even more intriguing, is that the town of Caral has pyramids, contemporary with the Egyptian Pyramid Era.

 

Hace algunas semanas mi familia visitó Caral. De hecho no había ido hace mucho y me interesaban los últimos hallazgos. Lo más interesante, para mi, fue conversar un poco con uno de los arqueólogos de campo, Luis Alberto Huertas.

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Pyramids at Caral
Pirámide H. Foto por NPJB.

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También se puede leer:


- Environmental change and economic development in coastal Peru between 5,800 and 3,600 years ago, por Daniel H. Sandweiss, Ruth Shady Solís, Michael E. Moseley, David K. Keefer and Charles R. Ortloff


- Espacios y prácticas rituales en Cerro Lampay (2400-2200 a.C.) (Rafael Vega Centeno, 2007)

También está la crónica reciente de MVLL sobre Ruth Shady y Caral: Viaje a las fuentes (Mario Vargas Llosa, 2011)

Para una visión crítica sobre Caral, estaba buscando el texto de Krzysztof Makowski “El síndrome de Çatal Hüyük: Observaciones sobre las tendencias aglomerativas tempranas” (UNMSM, 2000), pero no he podido encontrarlo en línea. Se agradecerá a quien pueda proporcionarlo.

También busqué otros textos digitales sobre el Arcaico Tardío en el Norte Chico, un poco para contextualizar un proceso muy importante en tanto intensidad de cambios en los Andes Centrales. No he encontrado mayor información sobre Bandurria, Áspero, entre otros.

 

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5,000 Year Old Figurines Found in Caral, Peru

 

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Antes de iniciar una construcción monumental se enterraba siempre con el viejo edificio una estatuilla de arcilla no cocida que representaba a una mujer

Las evidencias indican que hace 5,000 años la mujer tuvo una reconocida importancia social, que se aprecia también en la Señora de Cao, de la cultura Moche (3,000 años después de Caral), y se conserva en las atribuciones de la Coya en el imperio incaico.

 

Como un mensaje de respeto a la continuidad y al pasado reciente, los antiguos habitantes de la Ciudad Sagrada de Caral ‘clausuraban’ un edificio cuando entendían que su civilización había alcanzado una nueva era o una etapa de cambios a nivel político, social o incluso religioso. En lugar de destruir el edificio para construir otro en su lugar, erigían uno nuevo encima, utilizando al antiguo como cimiento, como base. “Marcaban un nuevo inicio, pero honrando al período anterior; no olvidaban lo hecho antes”, explica Ruth Shady, directora del Proyecto Especial Arqueológico Caral-Supe (Peacs).

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Antes de iniciar la construcción, se colocaba siempre una estatuilla de arcilla no cocida que representaba a una mujer, y siempre con alguna parte del cuerpo mutilada (un brazo, un pie o la cabeza, incluso).
 
Estas estatuillas simbolizaban un sacrificio humano ofrecido antes del cierre del recinto. Estas estatuillas, además, han servido para conocer detalles sobre la vestimenta o el tipo de peinado que se utilizaba hace 5 mil años, pero también referidos al rol de cada género en la sociedad.

 

 

16 oct 2010 – Arqueólogos peruanos encontraron en el complejo de la Ciudad Sagrada de Caral, considerada la más antigua de América, una nueva estatuilla que se suma a las dos encontradas ya esta año, informó hoy el diario El Comercio.

Esta pequeña estatua de arcilla, que se suma a las más 150 de entre cinco y once centímetros halladas en el sitio arqueológico desde el inicio del actual proyecto arqueológico en 1994, permiten conocer el estilo de vida que tenían los habitantes de la ciudad de Caral hace 5.000 años.

Última estatuilla descubierta en Caral

La estatuilla representa un personaje masculino de alto rango social, y fue colocada como ofrenda durante el entierro de una de las plataformas del edificio piramidal La Huanca, en un tradicional ritual que esta cultura realizaba cuando consideraba que su civilización había alcanzado una nueva etapa.

 

Esta evolución o cambio a nivel político, social o religioso se expresaba en la construcción de un nuevo nivel en la pirámide, y en el que el anterior no se destruía, sino que servía de cimiento para el siguiente.

“Marcaban así un nuevo inicio, pero honrando el período anterior; no olvidaban lo hecho antes”, explicó al diario Ruth Shady, directora del Proyecto Especial Arqueológico Caral-Supe.

La nueva estatuilla, que fue hallada esta misma semana, presenta una de sus piernas mutiladas, algo habitual en el resto de piezas encontradas y que en opinión de los expertos simboliza un sacrificio humano ofrecido antes del cierre de un recinto para iniciar la construcción del nuevo.

Shady destacó, además, la importancia de este tipo de hallazgos, ya que permite conocer detalles del estilo de vida de los pobladores de Caral, como la vestimenta o el tipo de peinados tradicionales.

La estatua descubierta recientemente es la tercera que los arqueólogos desentierran este año, luego de que encontraran una similar en el sector La Cantera (en ese caso representando una mujer) y otra en La Galería (una figura masculina sin cabeza).

 

 

“Al parecer no hubo distinción de género. Indistintamente se colocaba la estatuilla de una mujer o de un hombre en las construcciones a modo de ofrenda, simbolizando sacrificios humanos”, explicó la directora del proyecto arqueológico.

Recientemente también se encontraron otras estatuillas en la ciudad sagrada de Caral, en la provincia limeña de Barranca. En el edificio piramidal

En “La Cantera” se halló una figurina femenina, sin cabeza ni piernas y con un solo brazo, que fue enterrada como ofrenda durante la construcción de un salón ceremonial.

En el edificio piramidal “La Galería” se recuperó una estatuilla que representa una cabeza humana (originalmente unida a un cuerpo de sexo masculino) que luce un tocado a modo de turbante, debajo del cual sobresalen las patillas y el cerquillo, muy similar al de la estatuilla del edificio de La Huanca.

                         Caral - Petroglifo

 

Ver galería

Los figurines permiten reconstruir la apariencia física de los antiguos habitantes de Caral. Las coronas de totora eran usadas por los administradores, explica Shady, flanqueada por uno de ellos.

Las piernas cercenadas no son producto del peso de cinco mil años de antigüedad y varias toneladas de tierra. Las fracturas que presentan los 145 figurines recientemente hallados bajo las pirámides de Caral fueron deliberadamente infligidos. Para alivio de los caralinos de antaño, los sacrificios humanos no eran una práctica común y, en su lugar, se enterraban estatuillas representando dichas ofrendas a los dioses. Los hombres, con las piernas rotas, y las mujeres, con los brazos arrancados, según explica la arqueóloga Ruth Shady. Pero, por estos días, la directora del Proyecto Especial Caral-Supe no solo anda ocupada desenterrando objetos, sino también argumentos para contrarrestar las denuncias que algunos miembros del Colegio de Arqueólogos del Perú (Coarpe) vienen presentando en su contra.

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El hallazgo reciente

Junto con peines, coronas de totora, collares de plumas, sandalias y demás objetos de uso personal, las estatuillas halladas permiten una mejor comprensión de la compleja estructura social de Caral. Las representaciones de mujeres de clase alta, ataviadas con mantillas, collares y aretes, han sido encontradas junto a representaciones de hombres desnudos. De esto, explica Shady, se concluye que la mujer pudo ocupar en Caral el máximo escalafón de la jerarquía religiosa, es decir, pudo llegar a ser una especie de papisa preincaica.

                                 Caral - Ruinas

 

El hallazgo de estatuillas, desde el inicio de las investigaciones del PEACS (1994), ha permitido obtener cuantiosa información sobre la compleja estructura social que caracterizó a la civilización Caral.

                          Caral - Torres

Se sabe, por ejemplo, que habrían sustituido a los seres humanos en los sacrificios rituales relacionados con la renovación de los edificios y la propiciación de la fertilidad en sus campos de cultivo.

Asimismo, ha brindado datos sobre los diferentes estilos en el atuendo personal de los antiguos caralinos y hecho posible apreciar sus elaborados peinados y tocados.

También ha contribuido a destacar la importancia que tenía la mujer en la estructura social de esta civilización, como lo demuestra el hallazgo, en 2006, de dos estatuillas en el asentamiento arqueológico de Miraya, que representan a la sacerdotisa de la civilización Caral y a su acompañante hombre.

La mujer, de alto estatus, se encuentra en posición solemne y muestra un atuendo y ornamento fastuosos, mientras que el hombre observa a su compañera en posición de espera de una respuesta.

  

 http://archeoperu.files.wordpress.com/2008/10/mapa-ubicaion.jpg

A la fecha, el PEACS ha encontrado en los edificios de la ciudad sagrada de Caral y el asentamiento arqueológico Miraya más de 150 estatuillas elaboradas en arcilla no cocida, de entre cinco y 11 centímetros de altura.

 

 

Caral: the oldest town in the New World

In 2001, the oldest town in South America was officially announced. Dating to 2600 BC, it pushed back the date for the “first town” with one millennium. What is even more intriguing, is that the town of Caral has pyramids, contemporary with the Egyptian Pyramid Era.

Philip Coppens http://www.philipcoppens.com/caral.html


Sometime before 3200 BC, if not 3500 BC, something happened in the Norte Chico in Peru, an agronomical no-go area, where hardly anything grows. This, however, is the site where the oldest traces of a “genuine civilisation” – pyramids included – were found in America.
Here, at least 25 large ceremonial/residential sites have so far been found, of which Caral has become the most famous. The North Chico, roughly 100 km north of the Peruvian capital Lima, consists of four narrow river valleys, from south to north, the Huaura, Supe, Pativilca, and Fortaleza. The ancient pyramids of Caral predate the Inca civilisation by 4000 years, but were flourishing a century before the pyramids of Gizeh. No surprise therefore that they have been identified as the most important archaeological discovery since the discovery of Machu Picchu in 1911.

The first full-scale archaeological investigation of the region took place in 1941 in Aspero, when Gordon R. Willey and John M. Corbert of Harvard investigated a salt marsh at the mouth of the Supe. They found a big trash heap and a multiroomed building with no pottery and a few maize cobs under the pounded clay floor. They wondered how maize could have been cultivated in a salt marsh and why these people could have agriculture, yet no pottery. Willey and Corbett also found six mounds, some of them nearly five metres tall. They were catalogued as "natural eminences of sand". Thirty years later, Willey, in the company of Michael E. Moseley, revisited the site and realised that these "natural eminences" were in fact "temple-type platform mounds". He also realised there might have been as many as seventeen such mounds, all of which Willey had missed on his first exploration of the site. "It is an excellent, if embarrassing, example of not being able to find what you are not looking for", he commented later. As to its age: carbondating revealed that Aspero could go back to 3000 BC, whereby samples from a nearby site even revealed a date of 4900 BC. Those objective findings were nevertheless seen as impossible - far too old with "what was known" and hence not accepted.

Caral is located 14 miles inland from Aspero. Even though Caral was discovered in 1905, it was quickly forgotten as the site rendered no gold or even ceramics. It required the arrival of Ruth Shady Solis in Caral in 1994 before a genuine paradigm shift would occur. She is a member of the Archaeological Museum of the National University of San Marcos in Lima. Since 1996, she has co-operated with Jonathan Haas, of the American Field Museum. Together, they have found a 150-acre array of earthworks, which includes six large platform mounds, one twenty metres high and more than one hundred on a side. But Shady Solis did not make the same mistake Willey had made: she felt that the “pyramids” were just that: they were not natural hills, as some of her predecessor had catalogued the structures of Caral. Her subsequent research led to the announcement, in the magazine Science on April 27, 2001, of the carbon dating of the site, which revealed that Caral had been founded before 2600 BC. The "impossible" carbondating results of Aspero now seemed more likely... and Caral had become the oldest city in the "New" World, older than the Gizeh pyramids.

What is Caral like? The site is in fact so old that it predates the ceramic period, the reason why no pottery was found. Its importance resides in its domestication of plants, especially cotton, but also beans, squashes and guava.
As mentioned, the heart of the site covers 150 acres and contains six stone platform mounds – pyramids. The largest mound measures 154 by 138 metres, though it rises only to a height of twenty metres; two sunken plazas are at the base of the mound and a large plaza connects all the mounds. The largest pyramid of Peru was terraced with a staircase leading up to an atrium-like platform, culminating in a flattened top housing enclosed rooms and a ceremonial fire pit. All pyramids were built in one or two phases, which means that there was a definitive plan in erecting these monuments. The design of the central plaza would also later be incorporated in all similar structures across the Andes in the millennia to come – thus showing that Caral was a true cradle of civilisation. Around the pyramids were many residential structures. One house revealed the remains of a body that was buried in the wall and appears to have been a natural death, rather than evidence of human sacrifice. Amongst the artefacts discovered are 32 flutes made from pelican and animal bones, engraved with the figures of birds and monkeys. It shows that though situated along the Pacific coast, its inhabitants were aware of the animals of the Amazon.

How did the culture begin? It is suggested that several small villages merged in 2700 BC, quite possibly based on the success of early agricultural cultivation and fishing techniques. The invention of cotton fishing nets, the cotton grown in the Supe valley, must have greatly facilitated the fishing industry. It is believed that this excess of food might have resulted in trade with the religious centres. But apart from an economic model of exchange, the new social model also meant that a labour force existed that had in essence little to do. This labour force could thus be used for “religious purposes”. Caral might have been the natural result of this process – just like the pyramids of Egypt seem to have been the result of an available workforce.
The discovery of Caral has therefore reintroduced a powerful enigma: at the same time, on two different continents, agricultural advancements created a new style of life. The available workforce that agriculture had created was reemployed in the construction of pyramids. This “template” is visible in Peru, Sumer and Egypt, all in the 3rd millennium BC. Coincidence, or evidence of design? Alternative researchers will certainly soon reopen this debate, but archaeologists steer well clear of it.

Caral is indeed hard to accept. It is very old. Still, its dating of 2627 BC is beyond dispute, based as it is on carbondating reed and woven carrying bags that were found in situ. These bags were used to carry the stones that were used for the construction of the pyramids. The material is an excellent candidate for dating, thus allowing for a high precision.
The town itself had a population of approximately 3000 people. But there are 17 other sites in the area, allowing for a possible total population of 20,000 people for the Supe valley. Indeed, the Caral archaeological team broke up to investigate some of the other sites, such as along the Pativilca River, the next river to the north, and the Fortaleza, just north of the Pativilca. All of these sites share similarities with Caral. They have small platforms or stone circles and all were major urban centres on par with Caral – though some of them were even older than Caral. Haas believes that Caral was nevertheless the focus of this civilisation, itself part of an even vaster complex, trading with the coastal communities and the regions further inland – as far as the Amazon, if the depiction of monkeys is any indication.

Modern irrigation in the Supe valley, which is likely to be very similar to the irrigation methods used in the 3rd millennium BC

In July 2006, Caral was opened for tourism, even though it had already received 7,338 visitors in 2003, 15,265 visitors in 2004 and 21,068 visitors in 2005. With the support of PromPeru, and its location being just two hours north of Lima along the easily accessible Pan-American Highway, this number is expected to rise in the coming years. It will continue to undergo a series of restorations that will provide an added value to the existing and future tourist circuits in the region.
But some of the other sites of Norte Chico are still the almost exclusive bailiwick of archaeologists. One site, Huaricanga, saw a first paper published in December 2004. The team of Haas, Winnifred Creamer and Alvaro Ruiz found evidence of people living inland from the coast as early as 9210 BC, with the oldest date associated with a city being 3500 BC. Other urban sites in the region are now dated as being older than Caral: Caballete at 3100 BC, Porvenir and Upaca at 2700 BC. Charles Mann writes how "individually, none of the twenty-five Norte Chico cities rivaled Sumer's cities in size, but the totality was bigger than Sumer."

Haas describes the civilisation of Norte Chico as the second experiment Mankind did with government: surrendering personal freedom and liberty to a centralised authority, which then apparently decided to create a ritual centre – a city, asking those who had surrendered their freedom to work hard – if not very hard – for this common or greater good. As to why this central government was created, speculation remains. The cities were not sited strategically, nor did they have defensive walls; there was no evidence of warfare. It seems that co-operation existed, because the population realised that co-operation would benefit the individual and the community as a whole. Though Haas and his colleagues put forward several "logical" reasons, Caral is primarily a religious cult centre. And no-one seems to dare to suggest the perhaps obvious reason: that these people built Caral, because of their belief and adoration of one or more deities.
That the workforce involved were not slaves or oppressed is supported by the archaeological evidence. Haas and Creamer believe that the city rulers encouraged the workforce during construction by staging celebratory roasts of fish and achira root. Afterward, the remains of these feasts were worked into the fabric of the mound. Alcohol is suspected of having been consumed, and music seems to have been played: at Caral, Shady's discovery of 32 flutes made of pelican wingbones tucked into a recess in the main temple provides the evidence for that conclusion.
The creation of a religous complex implies the existence of a pantheon. Little evidence has been uncovered of what these gods may have been, other than a drawing etched into the face of a gourd, dated to 2280-2180 BC. It depicts a sharp-toothed, hat-wearing figure who holds a long stick or rod in each hand. The image looks like an early version of the Staff God, a fanged, staff-wielding deity who is one of the main characters in the Andean pantheon, the deity that is figured prominently on the Gateway of the Sun in Tiahuanaco, on the shores of Lake Titicaca.

For an unknown reason, Caral was abandoned rapidly after a period of 500 years (ca. 2100 BC). The preferred theory as to why the people migrated is that the region was hit by a drought, forcing the inhabitants to go elsewhere in search of fertile plains. The fact that the Staff God is found two millennia later elsewhere in Southern America shows that these people did not disappear; they merely moved elsewhere, and seem to have built other religious centres on their travels.
The harsh living conditions have since not disappeared. According to the World Monuments Fund (WMF), Caral is one of the 100 important sites under extreme danger. Shady argues that if the existing pyramids are not reinforced, they will disintegrate further and money from tourism, as well as private donations, will help preserve the site. Conservation will go hand in hand with exploration. And though Caral continues to steal the limelight, other nearby sites, such as Aspero, are older. Indeed, Aspero might one day lay claim to the title of the world's oldest city – the place where human civilisation began. Perhaps we might all once realise the irony of having labelled this continent the "New World".
Solis came to Caral looking for the fabled missing link of archaeology, a “mother city”. Today, she is still trying to convince people that Caral was indeed the oldest urban civilisation in the world. "The discovery of Caral challenged the accepted beliefs. Some historians were not ready to believe that an urban civilisation existed in Peru even before the pyramids were built in Egypt," she says. "This place is somewhere between the seat of the gods and the home of man."

Still, the fame of Caral as the oldest pyramid complex might be shortlived. Archaeologists have found a 5,500-year-old ceremonial plaza at Sechin Bajo, in Casma, 229 miles north of Lima, the capital. The discovery occurred by a team of the Latin American Institute at the Freie University in Berlin, under the auspices of Prof. Dr. Peter Fuchs. It contained a platform pyramid that was originally possibly up to 100 metres tall. Carbon dating shows it is one of the oldest structures ever found in the Americas. Nearly 2,000 years later, another structure measuring 180 by 120 metres was added onto it. The discovery at Sechin Bajo means this pyramid complex is now even older than Caral.

This article first appeared in Frontier Magazine 8.3 (May 2002) and has been adapted three times since its first publication. http://www.philipcoppens.com/caral.html

 

Bandurria
Bandurria is the oldest Peruvian archaeological site, says expert
Bandurria may rival Caral as oldest citadel in Americas.

April 16, 2008. Source: Andina by Patrick J. McDonnell.

The archaelogical site of Bandurria dating back 3200 BC (located in the province of Huaura, Lima) is considered the origin of ancient American civilization, said archaeologist Alejandro Chu Barrera, director of the Archaeological Project of Bandurria.

“Several radiocarbon datings done in the United states confirmed that Bandurria dates back from 3200 B.C., while Caral dates from 2900”, said the archaeologist.

The expert mentioned that the main reason for the development of highly organized cultures along the Peruvian coast is explained in the availavility of marine resources which allowed to improve the population’s diet of the place.

Bandurria is located 140 kilometres from Lima and received this peculiar name because of a bird which inhabit this area. It was discovered by late 1973 but first excavations took place in 1977. It wasn't until July 2005 that the site begun to be excavated by a team of archeologists and students from San Marcos National University, led by archeologist Alejandro Chu



.
Aspero

El Dr. Alberto Bueno Mendoza frente a la "Huaca Alta" en el espectacular sitio arqueológico de Aspero,

de aproximadamente 5 mil años antes de nuestra era. Foto por Gori Tumi Echevarría López (2007)  groups.google.com/group/apar_peru/web/entrevi...

 

A Preceramic Stage ceremonial centre on the coastal plain near the mouth of the Rio Supe, dating to c.2800 bc. The complex comprises perhaps as many as seventeen platform mounds. Each mound was built in stages, having two or three steps or tiers rising to about 10m above the surrounding ground surface. On the summit was a masonry structure comprising a series of rooms or cells of different sizes, each elaborated with niches and adobe friezes. Dedicatory caches are found within the structures, including feathers, cotton, string and cane objects, clay figurines, wooden bowls, and carved wooden items.

One mound, Huaca de los Idolos, measures 30m by 50m in plan and 10m high. A large settled population must have lived in the Supe Valley round about.

[Sum.: R. A. Feldman, 1987, Architectural evidence for the development of non-egalitarian social systems in coastal Peru. In J. Hass, S. Pozorski, and T. Pozorski (eds.), The origins and development of the Andean state. Cambridge: CUP, 9–14]



Read more: http://www.answers.com/topic/aspero-1#ixzz1Fpt3shqy

 

Aspero is a well-studied site of the ancient Norte Chico civilization, located at the mouth of the Supe river on the north-central Peruvian coast. Monumental architecture, including large platform mounds have been discovered at the site; their significance was first determined in 1973, though research had occurred since the 1940s. The diet of Aspero is believed to have been primarily maritime. Research at the site led to the controversial "Maritime Foundations of Andean culture" theory, which suggests that the initial development of ancient Peruvian culture was based on seafood, rather than agriculture.[1] The idea is widely disputed.[2]

 

 References
  1. ^ Moseley, Edward; Gordon R. Willey (1973). "Aspero, Peru: A Reexamination of the Site and Its Implications". American Antiquity (American Antiquity, Vol. 38, No. 4) 38 (4): 452–468. doi:10.2307/279151. http://jstor.org/stable/279151. Retrieved 2007-02-01.  "We see the site as a 'peaking' of an essentially non-agricultural economy. Subsistence was still, basically, from the sea. But such subsistence supported a sedantry style of life, with communities of appreciable size."
  2. ^ Mann, Charles C. (2006) [2005]. 1491: New Revelations of the Americas Before Columbus. Vintage Books. pp. 199–212. ISBN 1-4000-3205-9. 

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More References

Aspero. Las Haldas. Huaca Prieta. La Galgada. Huaricoto ... Página de Arqueología Andina y Tiwanaku / Andean and Tiwanaku Archaeology Page ...
www.tiwanakuarcheo.net/10.../secuencia_preh.html - En caché - Similares

 

Caral: the oldest town in the New World -

The first full-scale archaeological investigation of the region took place in 1941 in Aspero, when Gordon R. Willey and John M. Corbert of Harvard ...
www.philipcoppens.com/caral.html - En caché - Similares

 

Andean archaeology - Resultado de la Búsqueda de libros de Google

Helaine Silverman - 2004 - History - 342 páginas
For example, Aspero, a large site covering 1 2 ha, has seven large and six ... Both Aspero and Caral or Chupacigarro suggest social distinctions defined by ...
books.google.com/books?isbn=0631234012...
 
Handbook of South American Archaeology - Resultado de la Búsqueda de libros de Google
Helaine Silverman, William Isbell - 2008 - History - 1191 páginas
The notable exception is Aspero, which has sizeable platform mounds dating about 3000-2500cal BC, well within the Late Pre-ceramic (Feldman 1985). ...
books.google.com/books?isbn=0387752285...
 
 
The concise Oxford dictionary of archaeology - Resultado de la Búsqueda de libros de Google
Timothy Darvill - 2003 - Reference - 528 páginas
Aspero, Peru [Si]. A Preceramic Stage ceremonial centre on the coastal plain ... A review of the known archaeology in a known area based on searches and ...
books.google.com/books?isbn=0192800051...
 
 
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2 marzo 2011 3 02 /03 /marzo /2011 01:12

The granddaughter of the American explorer Hiram Bingham admitted that his famous grandfather did not discover the sanctuary of Machu Picchu.

 

 

 

 

 

Nieta admite es falso que norteamericano Bingham “descubrió″ Machu Picchu


La nieta del explorador estadounidense Hiram Bingham admitió hoy que su famoso abuelo no descubrió el santuario inca de Machu Picchu, hace un siglo, pues los peruanos ya sabían de su existencia.

 28 de febrero de 2011 | PL - “No, no lo descubrió, porque Machu Picchu ya estaba ahí y la gente lo sabía. Él se enteró de eso y dio un paso más allá: traer la atención del mundo sobre la ciudadela inca”, afirmó Marian Bingham en declaraciones al diario El Comercio, en una visita a Perú.
El tema ha cobrado actualidad en el centenario de la llegada de Bingham a Machu Picchu, en 1911, motivo por el cual el gobierno declaró a 2011 “Año del Centenario de Machu Picchu para el Mundo”.
Marian Bingham confirmó también que su abuelo no era arqueológo y que su interés por América del Sur fue también político.
Al respecto, anotó el hecho que Bingham hizo su primera expedición a América del Sur en 1905, un año después que el presidente estadounidense James Monroe lanzara la doctrina que lleva su nombre, “América para los americanos” (orientada a someter a América Latina).
Tras la fama que ganó como supuesto descubridor de Machu Picchu, añadió, Bingham se dedicó a la política y fue elegido senador.
Confirmó, por otra parte, que su abuelo inspiró al personaje cinematográfico Indiana Jones, pese a que no fue arqueólogo de profesión.
La nieta de Bingham manifestó su satisfacción por un acuerdo que hizo posible el retorno a Perú de las piezas arqueológicas que el norteamericano se llevó prestadas y que la Universidad de Yale retenía

“Discovery” of Machu Picchu Doubted

 

 

The granddaughter of the American explorer Hiram Bingham admitted that his famous grandfather did not discover the sanctuary of Machu Picchu a century ago, because Peruvians already knew of its existence.

Marian Bingham said that her grandfather did not discover the place, because Machu Picchu was already there and people knew about it. He just drew world attention to the Inca citadel.

The issue has gained currency in the centenary of the arrival of Bingham to Machu Picchu in 1911, which is why the government declared 2011 “Year of the centenary of Machu Picchu to the world.”

“My grandfather was not an archaeologist, his was a political interest in Latin America”, Marian Bingham told the newspaper El Comercio, during a visit to Peru.

After winning fame as the discoverer of Machu Picchu, my grandfather went into politics and was elected senator, said Bingham.

Bingham’s granddaughter welcomed an agreement that made possible the return to Peru of archaeological artifacts borrowed by his grandfather and Yale University and held controversially until recently.

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27 febrero 2011 7 27 /02 /febrero /2011 18:47

Sharuco El Arrollador: padre de la arqueología peruana

Julio C. Tello, the father of Peruvian archaeology:  his discovery and excavation and pioneering theoretical ideas stressing the autonomous rise of civilization in Peru.

 

 

 

El apelativo familiar de Julio C. Tello  era «Sharuko», que significa «arrollador».  La preocupación del “padre de la arqueología peruana” era reivindicativa, la reivindicación de su pueblo, pueblo que él encuentra expresado en una larga historia. La Historia no fue pues, para él, un entretenimiento académico, sino una contribución para el logro de un destino diferente. Eso lo hace distinto a los sabios extranjeros que tienen nuestro pasado como una fuente de datos para sus especulaciones teóricas o el sustento de su trabajo universitario.     

                                                                                                          

    ————————————————– Luis Guillermo Lumbreras

 

 

 

 

 

 

EL PLANTEAMIENTO DE TELLO NO PIERDE VIGENCIA:                       

 El origen y desarrollo de la cultura peruana debe buscarse en su propio territorio, como creación heroica del hombre peruano, en el proceso de dominio de su medio. La cultura andina surgió en su propio territorio, siendo la cultura matriz: la Cultura Chavín.

 

 

Tello en Sechín

 

Julio C. Tello dicta “in situ” la descripción de los trabajos de escombramientos dirigidos por él en Sechín. La ilustración es de Hernán Ponce Sánchez y fue publicada en el libro Arqueología del Valle de Casma. www.arqueologiadelperu.com.ar/sechin.htm

 

 

Sitio Arqueológico de Sechín

 

Templo de Sechín, en reconstrucción publicada en el libro de Julio C. Tello. El templo de Cerro Sechín es uno de los monumentos arqueológicos más importantes del Perú, dada su antigüedad, belleza arquitectónica e importancia cultural. Luce, como pocos, una fachada construida con lozas de piedras grabadas con insinuantes motivos de guerreros en procesión. Descubierto en 1937, su estudio ha aportado grandes conocimientos a la historia del Perú. www.arqueologiadelperu.com.ar/sechin.htm

 

 

mapa de ubicación

 

 

 

       Monolitos Grabados de Sechín

Algunos de los sacerdotes / guerreros grabados en los monolitos del templo de piedra en Sechín.

 

 

Monolitos Grabados de Sechín

 

 

Dos de los monolitos grabados que forman la pared exterior de Templo de Piedra en Sechín.

 

 

 Luis G. Lumbreras, retrato 

 

El eminente arqueólogo Dr Luis Guillermo Lumbreras, diserta, líneas abajo sobre “el padre de la arqueología peruana”. Lumbreras es el impulsor de una arqueología social con proyección hacia el futuro, donde ésta participa del desarrollo y la integración de la sociedad. “Es un tipo de arqueología que se preocupa por el desarrollo y contribuye a las propuestas de cambio de los países del tercer mundo. Es más participativa, no es sólo la recopilación de datos del pasado”.

 

 

Apuntes sobre Julio C. Tello, el Maestro

Luis Guillermo Lumbreras

 

El nombre de Julio C. Tello está asociado a la historia de la arqueología peruana, pero por encima de ello, debe asociarse a la polémica aún vigente de las condiciones dentro de las que nos toca vivir a los peruanos. En ese tema, aunque para muchos es irrelevante, es importante deslindar la naturaleza originaria de la civilización andina y la causalidad de su proceso es un debate al que Tello dedicó su vida.

La presencia de Tello en la arqueología peruana no es un hecho casual ni mucho menos aislado. Su acción y su teoría se dan en el seno mismo de la lucha social que conmovía al Perú de su tiempo; por eso, sus teorías, su posición ideológica, su arqueología tienen que ser entendidas a la luz de estas condiciones y no aisladamente.

Cuando Tello ingresó a la arqueología desde el terreno de la medicina, la única arqueología que se había desarrollado orgánicamente en el Perú era la que había hecho Max Uhle entre 1893 y 1911. Lo demás eran esfuerzos aislados y más bien desde perspectivas distintas a las de la arqueología como técnica. Uhle tampoco era un arqueólogo; venía de la filología y su grado en la universidad, en Alemania, había sido sobre determinados aspectos del chino medieval. El Perú, en Europa, era preocupación de etnólogos y/o filólogos.

Uhle abordó el tema andino tratando de entender las relaciones espacio-temporales de los restos arqueológicos, estableciendo mecanismos de ordenamiento muy similares a los que todavía hoy usan muchos arqueólogos peruanistas. Sin embargo, al interior de su esquema sobre el desarrollo de la historia antigua del Perú, subyacía un contenido nada favorable al «indio» peruano en la medida en que de su «teoría» se deduce:

1. Que la alta cultura peruana fue de origen foráneo y que cuando ella llegó –desde Centro América– aquí sólo vivían «pescadores primitivos» incapaces de lograr el alto nivel civilizado que tenían las culturas que él ubicaba como las más antiguas; y

 

2. Que dichas culturas «recién llegadas» representan el más alto nivel de desarrollo jamás alcanzado en el Perú y que luego de establecerse aquí comenzaron a declinar paulatinamente, hasta llegar a la época de los Inkas, que es una época de total decadencia de la civilización peruana.

De esto se deduce que fue una gran cosa para el Perú que llegaran primero «los mayas» y después los españoles, pues aquí el pueblo peruano, en su proceso, sólo había demostrado tendencia a la decrepitud y la decadencia.

En aquel tiempo en que el «problema del indio» era un serio problema para el país, una «teoría científica» como la que formulara Uhle caía, pues, en un excelente caldo de cultivo para una ideología adversa a levantar la autoestima de los peruanos y proclive al dominio extranjero.

El «problema del indio» era un tema de gran beligerancia, debido a que la estructura semifeudal del país tenía sus más agudas contradicciones precisamente en el campo, donde la población era mayoritariamente indígena. El gobierno del país estaba en manos de grandes terratenientes agro-exportadores que echaban la culpa del «secular atraso del Perú» a las amplias masas de campesinos indígenas que según ellos vivían embrutecidos por el alcohol, la coca y otros vicios (que naturalmente les eran proporcionados por los propios hacendados). Eso explica porqué en 1931, durante el debate del Congreso Constituyente, había la propuesta que «los indios» debían ser eliminados para reemplazarlos con inmigrantes «blancos», pues estos últimos harían la grandeza del Perú mientras los primeros representaban su atraso. Un representante Constituyente de Ayacucho propuso que se prohibiera la procreación de indios en el Perú, que los adultos existentes fueran separados de sus hijos y que los niños fueran encargados a párrocos de origen español para que de una vez por todas olvidaran la lengua y las costumbres quechuas y las nuevas generaciones olvidaran su ancestro; se sugería una suerte de «reservaciones» de niños indígenas en las parroquias.

 

El «problema del indio» tenía tanta vigencia e importancia que de cada diez tesis universitarias, cinco se ocupaban del tema en las facultades de Derecho, Filosofía e incluso Medicina. Se debatía el «problema del indio» a partir de conceptos como el de «raza», planteando en última instancia que las razas blancas eran superiores y la «raza indígena» inferior.

El Perú era un país con una estructura agraria semifeudal y un régimen político y económico semicolonial. La burguesía peruana era exclusivamente comercial y ligada a la exportación, aunque desde la reforma de Piérola –en 1895– se había iniciado la formación de una «clase media» constituida por panaderos, traficantes de telas, comerciantes medianos y pequeños, y otros incipientes industriales, etc., a los que se sumaron sus hijos y los profesionales «liberales» (médicos, abogados, ingenieros, etc.) que fueron progresivamente creando la capa de los «intelectuales».

La agresividad ideológica contra las masas campesinas sólo era un reflejo de la violencia que se ejercía en la explotación del trabajo de «los indios».

 

El indio no había adquirido en realidad ningún derecho social con la implantación de la República y era tratado casi como un animal, en iguales o aún peores condiciones que en la Colonia. Los hacendados tenían derecho de posesión sobre la vida del indio y eran dueños de su trabajo, ejerciendo estos derechos mediante instituciones tales como el yanaconaje, la aparcería, el pongaje, etc., todas ellas de neto carácter servil. La acentuación de la penetración capitalista, que sólo desarrollaba interés por el latifundio y la explotación de las minas, agudizó esta violencia contra las instituciones indígenas, lo que fue estimulado por la «tesis» que la «comunidad» era una forma «primitiva» de organización y que debía modernizarse el trabajo y la propiedad con su liquidación.

 

Los obreros y los intelectuales que surgían en la vida del país se pudieron dar cuenta rápidamente de esta situación. Libros tan recientes como Todas las sangres de José María Arguedas o Redoble por Rancas de Manuel Scorza son extraordinarios testimonios de la imagen del Perú de ese tiempo, que duró realmente hasta los cincuentas.

Los intelectuales de la emergente «clase media» reaccionaron de diversa manera, generando corrientes de protesta tales como el «indigenismo», que logró expresarse a través de las ciencias sociales, la pintura, la literatura, etc. Es dentro de esta etapa que surgen los partidos de «clase media», como el APRA «Alianza de trabajadores intelectuales y manuales» –o los que se organizan en torno a la naciente clase obrera, el Partido Socialista (después llamado Comunista). Algunos conductores de las masas populares, como José Carlos Mariátegui, sostenían con claridad que el problema no era «el indio» sino la explotación agraria, en donde el «problema» eran en realidad los gamonales (nombre que se aplica a los terratenientes semifeudales en el Perú).

 

La arqueología, en medio de todo esto no jugaba aparentemente ningún rol. Estaba en manos de extranjeros y de algunos «curiosos» peruanos. La preocupación por los objetos, los huesos y otras rarezas no tenía lugar en esta coyuntura. Era una ciencia o un entretenimiento que tenía como único atractivo el comercio de antigüedades o el diletantismo de salón. Como no había arqueólogos peruanos, Max Uhle, un alemán, fue nombrado Director del Museo Nacional. Pero sus interpretaciones sí eran sustanciales para afianzar el agresivo aparato ideológico de los gamonales, sus teóricos y conductores políticos.

Tello desde niño –nació en 1880– acude íntegramente a este cuadro de la época desde el lado de «los índios». Hijo de campesinos, Julio César Tello1 nació en Huarochirí, en la cordillera de Lima, en la cuenca alta del río Mala, el 11 de Abril de 1880. Su apelativo familiar era «Sharuko», que al parecer significa «arrollador». Vivió en su tierra hasta los 12 años, participando de las actividades propias de un niño campesino en las faenas agrícolas, de riego, siembra y pastoreo y, desde luego, en las festividades propias de su familia, gozando de las danzas de la kurkucha, la wanka, Ingas y Pallas, así como de las costumbres comuneras de justicia y otros actos ceremoniales. Vivió al lado de su padre, agricultor de la cordillera y su madre, que entre las tareas propias de carácter doméstico cotidiano, dedicaba su tiempo al tejido de mantas y fajas que él pudo apreciar como parte de la vida cotidiana.

Aprendió a leer y escribir en Huarochirí, a los 6 años de edad, en una escuela particular. Luego estudió en una escuela parroquial por 2 años y, finalmente, en la escuela municipal, hasta cumplir los 12 años. Cuando concluyó el 3er. año de primaria, su familia decidió que vaya a Lima para seguir estudios. Se alojó en una modesta casa de sus allegados familiares y logró inscribirse en el 4º año de primaria en el «Colegio de Lima», regentado por Pedro A. Labarthe, donde continuó hasta el 4º de Media. En 1889 concluyó sus estudios, como alumno del Colegio Guadalupe, donde estuvo sólo este último año.

 

En marzo de 1900, ingresó a la Facultad de Ciencias de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, junto con Hermilio Valdizán, Ricardo Palma hijo, Baltazar Caravedo, Julio C. Bernales y Sebastián Lorente. En julio de ese año logró una colocación como auxiliar en la Biblioteca Nacional, que estaba bajo la conducción de don Ricardo Palma.

Sus primeras aproximaciones a la investigación se hicieron en 1901, por estímulo de su profesor Dr. Sebastián Barranca, quien le encargó un estudio del vocabulario del Kauki o Akaro de Yauyos como parte de una campaña para reunir plantas y animales silvestres en esa provincia.

Cuando tenía 11 años, en 1891, fue testigo y tal vez participante de una «colecta» de cráneos trepanados de los «gentiles» para ser remitidos a Lima por orden de las autoridades, a pedido del Dr. Manuel Antonio Muñiz.

Cuando ingresó a la Facultad de Medicina en 1902, descubrió que Muñiz, con el norteamericano McGee habían publicado un estudio sobre la trepanación de los cráneos en Huarochirí, donde reconoció los que su padre había enviado a Lima. Eso lo motivó para usar sus vacaciones universitarias en la exploración de los sitios arqueológicos de su tierra y en las vecindades de Lima, destacando el estudio de los rasgos patológicos que ubicó en los restos óseos que rescató en sus incursiones.

Con esos materiales, cuando era estudiante del 5º año de medicina, ofreció una conferencia en la Sociedad Geográfica de Lima, en mayo de 1906, sobre «Craniectomía Prehistórica entre los Yauyos», que se convirtió en el tema principal de sus primeras investigaciones.

 

Curiosamente, ese mismo año, en julio de 1906, se reabría el Museo Nacional, bajo el patrocinio de un grupo de profesionales destacados de la Academia limeña, bajo la conducción del Dr. Max Uhle, llamado específicamente para hacerse cargo de esta tarea, como corolario de los estudios que había hecho en el Perú desde 1894. Tello, desde luego, no tuvo ninguna participación en este evento, aún cuando ya estaba interesado en el tema arqueológico. Dos años más tarde, se graduó de Bachiller en Medicina con su Tesis sobre «La Antigüedad de las Sífilis en el Perú» y en 1909 se tituló como médico-cirujano. Ese mismo año obtuvo una beca para hacer estudios de Post-Grado en la Universidad de Harvard, por gestión de la Universidad de San Marcos, según se indica en una Resolución Suprema del 21 de agosto de 1909.

 

Estuvo en Harvard a partir de octubre de 1909, donde estudió Antropología Física, Arqueología, Etnología y Lingüística, con el apoyo de Franz Boas, Frederic W. Putnam, Alex Hrdlicka y otros, permaneciendo allí hasta junio de 1911, cuando obtuvo su grado de Master in Anthropology.

En setiembre de 1911 viajó a Londres, en compañía del Dr. Ricardo Palma, para asistir al XVIII Congreso Internacional de Americanistas y, entonces, decidió inscribirse en un Seminario de Antropología en la Universidad de Berlín, donde permaneció unos meses bajo la dirección del Prof. Dr. F. von Luschan, hasta que volvió a Londres, permaneciendo allí hasta fines de 1912, cuando decidió retornar al Perú, luego de casarse con Olive M. Cheesman.

Ni bien retornó de EEUU y Europa, en febrero de 1913 fue comisionado para acompañar a Alex Hrdlcka en sus exploraciones de los valles de Lima, desde Huaura hasta Mala, pero antes de involucrarse en este proyecto, Tello pidió ser nombrado Jefe de la Sección Arqueológica del Museo Nacional, plaza que estaba vacante luego de la salida de Max Uhle en diciembre de 1911. En realidad, era el único peruano con estudios especializados en Antropología y Arqueología, y quienes conducían la política cultural y tenían a su cargo las decisiones sobre el Museo eran fieles seguidores de las ideas de Uhle, como el Dr. Carlos Wiese, uno de los más prestigiados historiadores del momento. Fue nombrado para ese cargo en junio de 1913, lo que le permitió presentar el proyecto «Presente y Futuro del Museo Nacional», que causó un fuerte conflicto con el Director de la Sección Histórica, Emilio Gutiérrez de Quintanilla, que mantenía un compulsivo esquema conservador, con la tesis de que el museo era un lugar de disfrute para los que eran entendidos en el arte y la cultura y no un sitio para «ignorantes», como era la propuesta de la función educativa del Museo que Tello sostenía.

 

Como resultado de ese desentendimiento, Gutiérrez llevó su enfrentamiento a los más increíbles niveles, acusando a Tello de toda clase de felonías, como ya lo había hecho con Uhle en 1911, hasta lograr que el gobierno peruano no lo volviera a contratar. La lectura de sus alegatos, publicados por el Museo Nacional2, son un ejemplo de la catadura de este personaje, que es el claro ejemplo de lo que es capaz la ignorancia y la mala fe de quien tiene a su disposición los medios para enredar las cosas en nombre de la legalidad vigente, usando la diatriba, la mentira y la deformación de las cosas como arma. Logró, finalmente, que en 1915 se fuera Tello del Museo, como se fue Uhle en 1911, quedando, en ambos casos como jefe de la institución, en la que fagocitó el cargo durante largos e inútiles veinte años.

 

Durante su estancia, si bien con intención punitiva, logró que Hiram Bingham se viera obligado a reconocer una parte de los límites que le imponía la ley a quienes se llevaban los objetos arqueológicos. Lamentablemente, su alma de gendarme no tenía otra función que la de acumular antigüedades, pero no sabía para qué ni porqué guardaba los bienes del Patrimonio.

Los varios libros que publicó durante su estancia en el Museo, donde trata temas de historia, son arrebatos que ya eran obsoletos en su tiempo y que, por cierto, no justifican en nada el que el Estado siguiera sus consejos para echar del Museo a los dos fundadores de la arqueología en el Perú3.

Tello, en Marzo de 1915, luego de renunciar al Museo Nacional, hizo por cuenta propia un recorrido por el sur del Perú, la costa desde Chincha hasta Arequipa y luego el Cusco y el Titicaca. Concentró sus estudios en Nasca, publicando su trabajo sobre «Los Antiguos Cementerios del valle de Nasca» y luego el valle de Chincha. Reunió una colección de 987 objetos, los que entregó al Museo de la Universidad de San Marcos, que creó en 1919. Allí aparecen los primeros «mantos» de Paracas, que compró en Pisco al Dr. Enrique Mestanza.

En 1916 integró la «Expedición Científica al Marañón» de la Universidad de Harvard, explorando Huancabamba y Jaén, poco antes de decidir su incursión en la vida política del país, que lo hizo tanto por presión de sus paisanos, como por la saturación de lo que ocurría en el medio, digitado por personajes como Gutiérrez de Quintanilla. Por eso, entre Julio de 1917 y octubre de 1929 actuó como parlamentario, representando a Huarochirí como Diputado provincial, donde propició la creación del Patronato de la Raza Indígena y la Ley 6634 sobre Conservación de Monumentos Arqueológicos del 13 de junio de 1929.

 

Llegó al Congreso con la siguiente consigna4:

Iniciamos hoy una campaña contra todo rezago de apocamiento, de hipocresía,
de desconfianza y de esclavitud; que son sólo degeneraciones del carácter,
que hemos heredado de nuestros antecesores indígenas, adquiridas bajo el
pesado yugo de la ignorancia y la tiranía española.

Vivió pues Tello, como parlamentario, el famoso «oncenio» de Augusto B. Leguía y desde esa perspectiva fue espectador de la rebeldía urbana de la clase obrera y del famoso movimiento por la Reforma Universitaria en 1919. Pero si bien esta situación le impidió participar de dichos movimientos populares y actuar en lo político desde una perspectiva de «clase media», en cambio no le impidió desarrollar su conciencia indigenista que se expresó en alegatos como el que escribió en 1921 en su pequeño libro Introducción a la Historia antigua del Perú, donde dice5 que:

Con la conquista (española) se produjo algo así como un gran cataclismo que
derrumbó casi desde sus cimientos el edificio nacional que durante muchos
siglos había formado el genio indígena; los grandes canales y represas destinados
a la irrigación fueron abandonados, los caminos destruidos, los templos
saqueados y derrumbados, la religión perseguida, las artes olvidadas, la población
humillada y esclavizada […] Nuestra actual civilización hispano-peruana no puede
levantarse sino sobre el pedestal indígena; y no pude mantenerse
firme y perdurar, si no se adapta completamente al medio, si los hombres no
procuran utilizar nuestros propios recursos, descubrir los secretos y maravillas
de nuestra propia naturaleza, admirar la labor de nuestros antecesores […]

 

 

Eso explica por qué una de sus primeras acciones en el Congreso, en 1917, fue presentar proyectos de ley sobre la reorganización del Museo Nacional, lo que movilizó al tal Gutiérrez y sus aliados en el Congreso que, en ese tiempo, eran muchos, llegando el hacendado-congresista Borda, a retar a Tello a duelo. Sin duda, Tello no era una persona muy popular en el ámbito criollo de la época. Era un indio alzado en medio del proyecto de crear una República aristocrática de «blancos» que trataban a los «indios» como siervos. Era la etapa en que el indio era un problema que los criollos tenían que resolver.

La arqueología de Tello no persiguió un ordenamiento desapasionado de las momias y los «wakos» que él extrajo abundosamente de la tierra; su metodología no persigue ordenar una secuencia cronológica de los objetos.

Su preocupación es la tarea reivindicativa de su pueblo, pueblo que él encuentra expresado en una larga historia que él trata de entender globalmente. La Historia no fue pues, para él, un entretenimiento académico, sino una contribución para el logro de un destino diferente. Eso lo hace distinto a los sabios extranjeros que tienen nuestro pasado como una fuente de datos para sus especulaciones teóricas o el sustento de su trabajo universitario.

Tello, como corresponde a su extracción campesina, sabía que un problema principal en el Perú es el dominio del medio ambiente, el control del agua, el clima, la habilitación de tierras. Se organizó en términos de explicar esta relación primaria y fundamental entre el hombre y su medio ambiente; el dominio de ese medio ambiente es la medida de la civilización.

 

Finalmente, hasta su terminología se adaptó a su concepción: Civilizaciones de los Andes Orientales, de los Andes Occidentales y del Litoral.

 

Por eso, por todo eso, la violencia de Tello contra la teoría de Uhle, de la que participaban todos los extranjeros y afines nacionales, no era propiamente una lucha por demostrar que el alemán estaba equivocado; era una lucha por demostrarles a todos los peruanos cuál era en realidad el carácter del problema en el país, que se iniciaba con la Colonia y continuaba con la República. Que el «indio» se convirtió en «problema» sólo desde el momento en que se inició su sometimiento. Que la historia pre-hispánica del Perú demostraba un ascenso permanente desde sus lejanos orígenes vía el descubrimiento autóctono de la agricultura, hasta el desarrollo de las grandes civilizaciones.

En 1919, organizó la Primera Expedición Arqueológica a Ancash, que duró cinco meses, bajo el auspicio de la Universidad de San Marcos, que exploró Huarmey, Aija, el Callejón de Huaylas, Huari y Pomabamba, en compañía de Pedro Weiss, que era estudiante de medicina. El mismo año 1919 organizó el Museo de Arqueología de la Universidad de San Marcos, que inauguró el Rector Javier Prado el 21 de octubre de ese año, a base de las colecciones reunidas por Tello entre 1915 y 1918 y las que obtuvo en esta expedición.

 

Ese mismo año, el Dr. Baltazar Caravedo le comunicó la voluntad de D. Víctor Larco Herrera, de auspiciar en Lima una exposición arqueológica e industrial en Lima, en ocasión del centenario de la independencia en 1921.

Trató con Larco la posibilidad de montar un Museo Arqueológico a base de colecciones privadas, por lo que se dirigieron, ambos, a adquirir colecciones en Trujillo, Chicama, Pacasmayo, Lambayeque, Guadalupe, Lima, Huacho, Ica, Pisco y Cusco y las propias de Larco procedentes de Chicama, logrando reunir más de 20,000 objetos en menos de cinco meses, con piezas textiles, cerámica, metales, piedra, etc. Los objetos, comprados por Larco, permitieron formar el «Museo Arqueológico Víctor Larco Herrera» que, en noviembre de 1919, se instaló cerca del Parque de la Exposición. Tello dedicó el año 1920 a la clasificación y catalogación de las colecciones, tarea que debió suspender en mayo de 1921, por desencuentros con el Sr. Larco.

Como resultado del estudio de las colecciones que clasificó y catalogó para ese Museo y los de la expedición realizada en 1919, así como de las visitas a los coleccionistas, recogió una información muy valiosa, que plasmó en uno de los más interesantes libros que se ha escrito sobre el antiguo Perú, que intituló Introducción a la Historia antigua del Perú y que se publicó a fines de 1921.

 

Este pequeño libro es una especie de «programa» de lo que Tello se propuso probar sobre la civilización peruana originaria. Inicia destacando la necesidad de examinar el proceso histórico asociando sus eventos con las condiciones del medio andino, al que organiza dentro de una perspectiva de diversidad que recuerda mucho los parámetros contemporáneos de análisis del proceso. Inicia el examen con la llegada de «las primitivas migraciones humanas» que debieron llegar por el norte en una hipotética «Era Primordial» de recolectores-cazadores. Siguió una Primera Época o «Era Arcaica», cuando se dieron los procesos de domesticación de animales y plantas: la llama y la alpaca y la yuca, el camote, la papa, el maíz, la oca y otras6, sin cuya condición no se puede explicar la historia de una civilización.

 

Luego pasa a la Segunda Época, que es la «Era del apogeo de las culturas locales o pre-inkana», que se caracteriza sobre todo por un proceso de crecimiento y diferenciación regional de la civilización andina, fuertemente ligada a la adaptación de los procesos de domesticación a las condiciones del medio, donde señala que no existiendo un «poder político central unificador y sujeta cada provincia a su propia suerte, fueron formándose secciones culturales diversas que evolucionaron y se diferenciaron con cierta independencia, siguiendo rumbos diferentes, y adquiriendo cada una de ellas fisonomía peculiar», con irradiaciones sucesivas que fueron, según él desde la sierra hacia la costa7. Allí describe las «irradiaciones» (Horizontes) de Chavín y Tiahuanaco –en ese orden de sucesión– y, luego, una tercera «irradiación», producida por los inkas, que además pertenece a la Tercera Época o «Era Inkana». Finalmente, la Cuarta Época, que es la «Era Contemporánea» se inicia con «El cataclismo ocasionado por la conquista española».

Un esquema así, tal vez completado con la inmensa cantidad de información que ahora disponemos, podría ser suscrito por cualquier investigador de nuestro tiempo. Adquiere notoriedad si se piensa que el sustento empírico de la época era exiguo y que las ideas dominantes eran las que Max Uhle había enunciado y a la que todos los criollos acudían con fervor.

En 1922 volvió a Huarochirí, haciendo observaciones en San Pedro de Casta, y en 1923 decidió editar la revista Inca, que creó ese año a la par que fue instalando las cátedras de Arqueología y Antropología en las facultades de Ciencias y de Letras de la Universidad de San Marcos y la Católica.

Fue también en ese año que se lanzó a escribir su notable ensayo sobre «Wira-kocha», que sigue siendo uno de los trabajos mejor logrados sobre la religión andina a base de restos arqueológicos y la consulta de información etnohistórica y etnográfica. En este trabajo, Tello presentó su primer estudio sobre Chavín a base de sus hallazgos en 1919, si bien había hecho algunos alcances en 1921.

 

Larco Herrera, ya sin Tello, mantuvo el Museo de su nombre por tres años más, hasta 1924, cuando decidió venderlo al Gobierno Peruano. Éste, lo adquirió por una suma equivalente a la de un terreno de propiedad fiscal que quedaba en la plaza de Armas de Lima. El Estado le dió el terreno a Larco, a cambio de las colecciones y el local que éste había construido en la Av. Alfonso Ugarte, bajo la conducción del Arq. Jaxa Malachowsky. Éste, a sugerencia de Larco, construyó una fachada de estilo Tiahuanaco, en reemplazo de una «Chavín» sugerida por Tello. Ese es el local que ahora es la sede del Museo Nacional de la Cultura.

En diciembre de 1924, el gobierno de Augusto B. Leguía, designó a Tello para hacerse cargo del Museo de Arqueología Peruana, que es el nombre con que se inauguró el museo que había comprado el Estado. Allí Tello aplicó todos los propósitos enunciados en su arenga museológica de 1913.

 

Este encargo lo mantuvo hasta 1930, cuando se produjo la caída de Leguía, aun cuando estuvo como Director asalariado sólo entre fines de 1929 y setiembre de 1930, pues su cargo de 1924-29 fue ad-honorem. Instauró un programa de registro, conservación e investigación muy activo, durante todo ese quinquenio.

En 1925 organizó la Segunda Expedición Arqueológica de la U. de San Marcos a Cañete, para estudiar la Huaca Malena en Asia y Cerro del Oro en Cañete, luego de lo cual fue a visitar Chincha y Pisco, aprovechando la visita de Samuel Lothrop, descubriendo los cementerios de Paracas, dando inició a sus estudios, que duraron hasta 1930, con una fase central en 1927.

En agosto de 1926 exploró la costa norte y en setiembre fue a explorar los cementerios de Nasca, en compañía de Alfred L. Kroeber. Ese mismo año volvió a Tupe para estudiar el Kauki o Akaro y, desde luego, estuvo en Paracas.

El año 1927 organizó a Tercera Expedición Arqueológica al Departamento de Ica, con el Museo de Arqueología Peruana y los auspicios de la Comisión Organizadora de la Exposición Ibero-Americana de Sevilla. Allí excavó intensivamente Nasca y Paracas, extrayendo más de 400 entierros en Paracas, junto con Toribio Mejía Xesspe. En 1929, se expusieron estos hallazgos con motivo del Segundo Congreso Sudamericano de Turismo y de la Exposición de Sevilla, que condujo a España 6 fardos funerarios y más de 1000 objetos arqueológicos. Asimismo, toda esta actividad dio origen a un segundo libro sustantivo de Tello, intitulado Antiguo Perú. Primera Época, editado por la Comisión Organizadora del Segundo Congreso Sudamericano de Turismo. Es, sin duda, una obra mucho más madura que la de 1921, pero no la rectifica, más bien la ratifica, consolidando las ideas de la década anterior, con los hallazgos de Paracas.

En Antiguo Perú, Tello se propuso exponer los conocimientos adquiridos en torno a su «Era Arcaica», con énfasis en la defensa de lo que más adelante se identificaría como «Teoría Autoctonista», opuesta a la que había sustentado Uhle y que defendían la casi totalidad de investigadores que conducían trabajos sobre el Perú, que eran básicamente norteamericanos o europeos, acompañados con los pocos peruanos que se dedicaban a estos estudios y que eran fieles seguidores de los anuncios «aloctonistas» o difusionistas de Uhle. Tello estaba solo en su propuesta.

Tanto el libro Introducción como el ensayo sobre Wira-kocha, le sirvieron como pretexto para presentar sus estudios sobre Chavín y Huaylas.

 

El libro de 1929 le permitió presentar de manera orgánica sus hallazgos en Paracas. El ya había publicado8 un manto de Paracas como procedente del valle de Pisco, adquirido a un coleccionista de esta ciudad, pero recién a partir de 1925 pudo ubicarlo en un contexto que definió en Antiguo Perú, extensamente.

En febrero de 1930 hizo una de sus últimas excavaciones para el Museo de Arqueología Peruana, en Pucusana y Chilca, pues fue destituido en septiembre de ese año, luego de que se instalara la Junta Militar que presidió Sánchez Cerro. Fue reemplazado por el Dr. Luis E. Valcárcel.

 

En 1931 se decretó la reorganización de los museos nacionales y dentro del Museo de Arqueología se creó un Instituto de Investigaciones Antropológicas, que en convenio con la Universidad de San Marcos, hizo posible que las colecciones de Paracas volvieran a manos de Tello y se pudieran trasladar del local de Alfonso Ugarte al del Museo Bolivariano de la Magdalena Vieja. Tello continuó con sus investigaciones, esta vez asociado a San Marcos.

En 1931 exploró el valle del Mantaro y visitó Wari, Conchopata y Acuchimay en Ayacucho, logrando la primera sugerencia del papel expansivo que podía tener Wari –y no Tiahuanaco– en la costa peruana.

En febrero de 1933 excavó Cerro Blanco y Punkurí en Nepeña y en 1934 exploró la Muralla del Santa e hizo un recorrido por el Alto Marañón.

En 1935 exploró los valles de Lima y visitó Huánuco y luego Cusco, Arequipa y Puno. Eran los mismos años –1934-35– cuando hubo de cubrir su espacio laboral actuando como profesor de «Historia del Perú» en el Colegio Italiano Antonio Raimondi, donde usó parte de su tiempo para activar el «Instituto de Investigaciones Antropológicas». En ese mismo tiempo, entre 1931 y 1936, fue profesor de la Universidad Católica.

El año 1937 fue muy importante para Tello. Comenzó con sus estudios en Lambayeque y siguió con la organización de la Cuarta Expedición Arqueológica al Marañón, con la Universidad de San Marcos y los auspicios de Nelson Rockefeller, donde excavó Sechín, Moxeke y Pallka en Casma, Cajamarca y Cochabamba en el Marañón. Ese mismo año, el gobierno de Oscar R. Benavides cedió cuatro fardos funerarios de Paracas al Museo Metropolitano de Nueva York, el Museo Nacional, a cambio, recibió un apoyo de 3,000 dólares de Nelson Rockefeller, para el mantenimiento de los tejidos de Paracas. A raíz del entusiasmo que cundió en el equipo de gobierno del país, se dispuso de financiamiento del Estado para convertir los galpones de la Magdalena Vieja en el local del Museo Nacional de Arqueología y Antropología, que fue inaugurado por Benavides el 25 de Diciembre de 1938.

Al año siguiente, 1939, se reunió el XXVII Congreso Internacional de Americanistas en Lima y esa fue la ocasión para que Tello organizara su más ambicioso ensayo sobre la historia antigua del Perú, el que publicó en las Actas del Congreso y que Tello reimprimió en forma de libro en 1942.

 

Únicamente, se afirmó en las condiciones materiales de sustento de la civilización andina, construyendo una extensa presentación del medio geográfico, los recursos económicos y las «condiciones físicas y biológicas» que permitieron el desarrollo de la civilización andina. De allí deriva la tesis de un desarrollo desigual y combinado de los pueblos andinos, quienes organizaron su existencia diferenciada en el norte, centro y sur andinos, con un enriquecedor proceso de integración basado en la gestación de civilizaciones matrices en cada una de ellas. Nadie, en su tiempo, entendió el esquema del proceso multilineal de Tello. Su cuadro con «troncos» diferenciados entraba y entra en conflicto con los cuadros unilineales a los que nos habituó el esquema evolucionista lineal de los arqueólogos occidentales. Tello, sin duda, no era de ellos.

 

En 1940, cuando Tello cumplía 60 años, inició sus estudios en Pachacamac. En 1941 estudió Tambo Colorado en Pisco y encomendó estudios particulares a Mejía Xesspe y Espejo Núñez. En 1942 organizó la Quinta Expedición Arqueológica, al Urubamba, con apoyo de la Viking fund de Nueva York, que trabajó en Ayacucho, el Apurímac y finalmente en Wiñay Wayna, Cusco, durante ocho meses. En 1943 comisionó a Mejía estudios en Arequipa, donde hallaron restos de fina cerámica del estilo «Rukana» en el valle del Chorunga. En 1944 envió a Pablo Carrera y G. Farfán a Matucana y en 1945, a la Hoya del Pampas. Ese mismo año, Tello exploró Cajamarquilla, Makat Tampo y Orrantia. En 1945, igualmente, inició el estudio de las Necrópolis de Ancón y en 1946 envió a Cirilo Huapaya y Pablo Carrera a San Pablo, Cajamarca, descubriendo Kuntur Wasi.

En enero de 1945 se dio un nuevo dispositivo de reorganización de los museos nacionales, concentrando todos los objetos arqueológicos en Magdalena, incluidas las colecciones del Museo de Arqueología de San Marcos.

Tello consideró este dispositivo como uno de los logros de su vida, pues se disponía de un lugar desde donde se podía gestionar, de manera orgánica la custodia de este valioso patrimonio, convirtiendo el museo en un centro de conservación y estudio de los restos de nuestros antepasados, pero no le alcanzó el tiempo para gozar de estas facilidades. Tello murió, el 3 de Julio de 1947, a los 67 años de edad.

 


 

 

1 La primera parte de estos apuntes fue publicada en la revista del Instituto Nacional de Cultura«Homenaje a Tello», en Runa. Nº 3. Lima, junio 1977. Los datos biográficos siguen el orden y lainformación de base consignada por Toribio Mejía Xesspe, 1948: «Apuntes biográficos sobre el Dr.Julio C. Tello», publicado en la Revista del Museo Nacional de Antropología y Arqueología, Lima:vol. II, Nº 1 y 2.2 Emilio Gutiérrez de Quintanilla. Memoria del Museo de Historia Nacional, Lima: 1921; y, ElManco Capac de la Arqueolojía [sic] peruana, Julio C. Tello (señor de Huarochirí), Lima: 1922.3 Emilio Gutiérrez de Quintanilla, Preliminares para el estudio del Perú Precolombino, Lima:Imprenta del Museo Nacional, 1923. Se trata, según dice él mismo, de 83 artículos publicados en La

 

Patria de Lima en 1915, en cuyo prólogo se presenta a sí mismo como un sabio que hace un «Estudio

que ha hecho quien debe hacerlo».

4 Tomado de Mejía Xespe, op. cit.: 11 (Publicado en el Semanario Evolución de Matucana, en enero

de 1917.

5 Lima: San Marti, 1921, capítulo «Choque de dos civilizaciones»: 47.

6 Op. cit.: 18.

7 Op. cit.: 25. Para las «irradiaciones» elaboró un Diagrama Cronológico de las Génesis y Evolución

de la Civilización Peruana, entre las pp. 10 y 11.

8 Julio C. Tello, op. cit. Lám. XXV


 

 

Bibliografía

 

GUTIÉRREZ DE QUINTANILLA, Emilio

1921 Memoria del Museo de Historia Nacional. Lima: s.e.

1922 El Manco Capac de la Arqueolojía [sic] Peruana, Julio C. Tello

(señor de Huarochirí) contra Emilio Gutiérrez de Quintanilla.

Lima: s.e.

1923 Preliminares para el estudio del Perú Precolombino. Lima: Imprenta

del Museo Nacional.

LUMBRERAS, Luis Guillermo

1977 «Homenaje a Tello», en Runa. N° 3. Lima, junio.

MEJÍA XESSPE, Toribio

1948 «Apuntes biográficos sobre el Dr. Julio C. Tello», en Revista del

Museo Nacional de Antropología. II, N° 1 y 2.

TELLO, Julio C.

1921 Introducción a la Historia antigua del Perú. Lima: San Marti.

1929 Antiguo Perú. Primera época. Lima: s.e

 

 

 

 

 El Padre de la Arqueología Peruana, en su paso por Chilia en Pataz – La Libertad, en la Expedición al Marañón, 1937.  Se aprecia a Julio C. Tello, Toribio Mejía y Hernán Ponce acompañados por un grupo de chilianos. wilmerqueen.blogdiario.com/i2009-06/

Julio C. Tello cruzando en “Oroya” o “Huaro” el Marañón.   wilmerqueen.blogdiario.com/i2009-06/

 

En las ruinas de Lurigancho, Julio C. Tello, 1936.  espaciomuseal.blogspot.com/2008_10_01_archive…

Julio C. Tello fue diputado entre 1919 y 1929, período en el cual presentó proyectos de ley en favor de la Protección y Conservación de Monumentos Históricos y de la Reforma Universitaria, donde se enfatiza la investigación, la formación de docentes y la capacitación de profesionales a través de becas. También interpretó la relación entre el desarrollo étnico-cultural y el medio ambiente, mostrando la heterogeneidad del peruano pre y post-hispánico.

 

 

 

 

 

Profesores y Alumnos de la Escuela de Medicina UNMSM, se pueden apreciar entre otros al Dr. Leonidas Avendaño, Dr. Julio C. Tello, Dr. Sebastián Lorente, Dr. Patiño, entre otros ilustres intelectuales limeños de la epoca. 1909. www.libroviejoymas.com/producto.php?kod=73

 

 

 

 

 

El planteamiento AUTOCTONÍSTA fue defendido y sostenido po Julio C.  Tello, nacido en Huarochirí (Lima), en 1880, considerado el primer arqueólogo peruano, no sólo por su nacionalidad sino por estudiar y querer a las culturas prehispánicas, cuyos planteamientos se sintetizaron en:

  • La cultura andina surgió en su propio territorio, siendo la cultura matriz: la Cultura Chavín.
  • Chavín a su vez tenía un origen amazónico.
  • El origen y desarrollo de la cultura peruana debe buscarse en su propio territorio, como creación heroica del hombre peruano, en el proceso de dominio de su medio.

 

 

Congreso de Americanistas, Lima 1939:  se ve a Julio C. Tello  conversando con Basadre y con el hondureño Rafael Eliodoro Valle. sisbib.unmsm.edu.pe

 

 

 

Nuevo descubrimientos en el Sechín de Julio C. Tello. Sechín Bajo, en el valle del Casma, un gigantesco complejo monumental datado hace unos 5.500 años, que puede considerarse uno de los mas antiguos si no el más viejo de América.  El director del proyecto de Sechín Bajo, arqueólogo Peter Fuchs, explicó que la zona de excavaciones abarca una superficie de 30 hectáreas con construcciones de varias épocas, las mas recientes de hace 3.600 años. 
  www.heraldo.es/noticias/cultura/descubren_per…

 

“Few people outside Peru are familiar with Julio C. Tello, the father of Peruvian archaeology. In this exciting new book, leading scholars relate the rags-to-riches story of this native Quechua Indian from his humble beginnings through his discovery and excavation of several previously unknown early cultural sites, his pioneering theoretical ideas stressing the autonomous rise of civilization in Peru, and his founding of a national museum of archaeology, culminating in the almost legendary position he held at the time of his death in 1947. Most of Tello’s research was published in obscure journals and newspapers in Peru. Here, for the first time in English, is a cross section of his most important contributions.”—Donald A. Proulx, Professor of Anthropology Emeritus, University of Massachusetts, Amherst

“Self-billed as a mountain Indian, Julio C. Tello was arguably the greatest Native American social scientist of the twentieth century. Because he overcame obscure origins, secured an unprecedented education, and rose to national and international prominence, his life is an inspiring story with broad appeal. Tello’s embrace of anthropology and archaeology provides an enlightening contrast to current conditions in much of the New World, and thus his views have considerable contemporary resonance.”—Michael Moseley, University of Florida

“This volume makes an important contribution to the intellectual history of Andean archaeology by contextualizing Julio C. Tello within the dramatic events of Peru in the first half of the twentieth century, placing him in the international milieu of his times, and assessing his legacy. Because Tello published his works in what are now extremely obscure and difficult to acquire sources, Richard Burger has performed an extremely valuable service to the field by making these key articles readily accessible. This volume, with its comprehensive bibliography of Tello’s writings, is a must-read for all specialists.”—Helaine Silverman, University of Illinois at Urbana-Champaign

The father of Peruvian archaeology, Julio Tello was the most distinguished Native American scholar ever to focus on archaeology. A Quechua speaker born in a small highland village in 1880, Tello did the impossible: he received a medical degree and convinced the Peruvian government to send him to Harvard and European universities to master archaeology and anthropology. He then returned home to shape modern Peruvian archaeology and the institutions through which it was carried out.

 

Tello’s vision remains unique, and his work has taken on additional interest as contemporary scholars have turned their attention to the relationship among nationalism, ethnicity, and archaeology. Unfortunately, many of his most important works were published in small journals or newspapers in Peru and have not been available even to those with a reading knowledge of Spanish. This volume thus makes available for the first time a broad sampling of Tello’s writings as well as complementary essays that relate these writings to his life and contributions.

Essays about Tello set the stage for the subsequent translations. Editor Richard Burger assesses his intellectual legacy, Richard Daggett outlines his remarkable life and career, and John Murra places him in both national and international contexts. Tello’s writings focus on such major discoveries as the Paracas mummies, the trepanation of skulls from Huarochirí, Andean iconography and cosmology, the relation between archaeology and nationhood, archaeological policy and preservation, and the role of science and museums in archaeology. Finally, the bibliography gives the most complete and accurate listing of Tello’s work ever compiled.

With its abundance of coups, wars, political dramas, class struggle, racial discrimination, looters, skulls, mummies, landslides, earthquakes, accusations, and counteraccusations, The Life and Writings of Julio C. Tello will become an indispensable reference for Andeanists.

 

 

Table of contents: 

Introduction by Richard L. Burger
Part one. Biographical Essays
One
Julio C. Tello: An Account of His Rise to Prominence in Peruvian Archaeology by Richard E. Daggett
Two
The International Relevance of Julio C. Tello by John V. Murra
Three
The Intellectual Legacy of Julio C. Tello by Richard L. Burger
Part two
Selected writings by Julio C. Tello
Four
The Defense of the Archaeological Heritage
Five
The Museum of Peruvian Anthropology
Six
Collision of Two Civilizations
Seven
Prehistoric Trephining among the Yauyos of Peru
Eight
The Discovery of the Chavín Culture in Peru
Nine
The Feline God and Its Transformations in Chavín Art
Ten
The Remains of Three Different Pre-Columbian Cultures
Have Been Found on the Paracas Peninsula
Eleven
A Modeled Clay Scene in Ancient Peruvian Art
Twelve
The Ruins of Wari
Thirteen
Andean Civilization: Some Problems of Peruvian Archaeology
Fourteen
The Empire of the Incas
An annotated bibliography of Julio C. Tello by Richard E. Daggett and Richard L. Burger
Index

 

Richard L. Burger

- 2009 – Biography & Autobiography – 364 páginas
This volume thus makes available for the first time a broad sampling of Tello’s writings as well as complementary essays that relate these writings to his …
books.google.com/books?isbn=1587297833

 

[PDF]

Arqueología y Sociedad, Luis Guillermo Lumbreras, editado por   Enrique González Carré y. Carlos Del Águila, Instituto de Estudios Peruanos, Museo Nacional de www.scielo.cl/pdf/chungara/v38n1/art12.pdf -

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Escribió Malcolm Allison

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24 febrero 2011 4 24 /02 /febrero /2011 22:31

The Lord of Wari was recently discovered after archaeological researches made in the tropical rain forest of  Vilcabamba, Cuzco.

 

 

Señor Wari de las selvas de Vilcabamba (Sitio Espíritu Pampa)

- Unos arqueólogos peruanos hallaron la tumba de un alto gobernante de la cultura Wari con restos humanos de más de 1.200 años de antigüedad en un centro ceremonial arqueológico de Cusco (sur), informó el miércoles el Instituto Nacional de Cultura (INC).

“Lo que hemos hallado es una tumba del Señor de Wari cubierta con dos lajas de piedra, lleva consigo un pectoral, brazaletes y cetros de oro y plata” dijo a la prensa el director del INC en Cusco, Juan García.

 

 

 

Entre los objetos de valor encontrados figuran un pectoral de plata, una máscara de plata, dos brazaletes de oro, dos báculos de madera forrados de plata, y un ornamento conformado por 234 láminas de plata, y tres collares con piedras preciosas de turquesa, lapislázuli, entre otras.

-

 

La tumba del antiguo dirigente y las de otras ocho personas fueron halladas en la ciudadela arqueológica de Espíritu Pampa, en la provincia de La Convención, en Cusco (1.100 kilómetros al sureste de Lima).

 

 

 

“Este hallazgo está a la altura del señor de Sipán (descubierto en el norte peruano en 1987) y cambiará parte de la historia Inca y de la zona”, señaló García.
-

 

Junto con la tumba, encontrada en perfecto estado, también se hallaron cerámicas, joyas de oro, plata y fragmentos de textiles con influencia de la cultura Wari.

-

 

 

La cultura Wari fue una civilización andina que floreció en el centro de los Andes aproximadamente desde el año 600 hasta 1200 d.C., antes del imperio Inca, que tuvo Cusco como capital.
-
El hallazgo confirma que la cultura Wari, que floreció desde el año 600 hasta 1200, no sólo se expandió por la costa y la sierra, sino que también logró dominar la selva.
-
Según se adelantó, la la iconografía, morfología y técnicas de manufactura de los objetos hallados, corresponden al estilo de la civilización preinca Wari, que floreció entre el año 600 y 1,200 de nuestra era por una vasta extensión del territorio peruano.
-

La tumba de un personaje perteneciente a la nobleza Wari fue encontrada en el distrito de Vilcabamba, Cusco, descubrimiento que tendría la misma importancia que el hallazgo del Señor de Sipán y que cambiaría la historia de esta cultura prehispánica.

El hallazgo fue realizado por un equipo de la Dirección Regional de Cultura Cusco en el Sitio Arqueológico de Espíritupampa, ubicado en el distrito de Vilcabamba, provincia de La Convención, en la selva del Cusco, informó el Ministerio de Cultura.

 

 

Durante la excavación se halló una cesta conteniendo un pectoral de plata en forma de “Y”, además de una máscara del mismo material con una figura antropomorfa.

 

 

Asimismo, el atuendo del personaje noble enterrado en este sector se complementaba con dos brazaletes de oro.

Esta evidencia ha llevado a los especialistas a plantear la hipótesis de que la ciudad de Espiritupampa fue reocupada por los Incas, que ampliaron, perfeccionaron y modificaron los patrones constructivos de la antigua ciudad Wari.

 

El viceministro de Patrimonio Cultural e Industrias Culturales, Bernardo Roca-Rey, en compañía de la directora general de la Unesco, Irina Bokova, destacó que este hallazgo confirma que la cultura Wari, que floreció desde el año 600 hasta 1200, no sólo se expandió por la costa y la sierra, sino que también logró dominar la selva.

 

 

“Esta es una noticia de gran trascendencia para el patrimonio cultural de nuestro país. El proyecto de investigación, encabezado por el arqueólogo Javier Fonseca Santa Cruz, se desarrolló en el sector conocido como Tumbas del Sitio Arqueológico de Espíritupampa, ubicado en el distrito de Vilcabamba provincia de La Convención, Cusco”, detalló.

Por su parte, el director regional de Cultura Cusco, Juan Julio García Rivas, anunció que este año continuará el proyecto de investigación arqueológica en Espíritupampa, ya que en el sector Tumbas aún hay extensas áreas a explorar a fin de continuar develando el misterio de esta cultura prehispánica.

“Este hallazgo está a la altura del Señor de Sipán y cambiará parte de la historia y de la zona”, dijo García.

Fuente: Andina.

 

 

 

 

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Cusco unveils discovery of the Lord of Wari

The Lord of Wari, which was recently discovered after archaeological researches made in Vilcabamba, will be unveiled tonight in Cusco, Regional Director of Culture Juan Julio Garcia said Wednesday.

This would be one of the most important discoveries made in southern Peru, said Garcia to Andina news agency.

The lord of Wari was discovered inside a tomb wearing a breastplate, bracelets, scepters, feathers, ceramics, gold, silver and textiles from the Wari culture.

Unique archaeological find was made after the research work undertaken since July last year, which also had the participation of at least 20 archaeologists, technicians and assistants.

The presentation will take place tonight at 19:30 hours (00:30 GMT on Tuesday) in Casa Garcilaso. Director-General of the United Nations Educational, Scientific and Cultural Organization (Unesco) Irina Bokova will also attend this ceremony as part of her official visit to the city.

 

 

 

 

Espiritu Pampa site (Vilcabamba, Cuzco)   www.letranalumni.org/index.php?option=com_awi…

 

 

 

Espiritu Pampa

It constitutes a region that is qualified very high like the last place of the resistance against the invasions of Spain, it was build in the time of Manco Inka..

Location

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The archaeological complex of Espiritu pampa is located to the northeast of the district of Vilcabamba, providence of La Comvencion in the department of Cusco approximately at 38km from the town of Chuanquiri, at an altitude of 4,920 feet above sea level the access route is Cusco-Quillabamba-Quiteni-Chuanquiri. Coordinates: south latitude: 12º54′ 08” and west latitude: 73º12′27”

http://www.cuscoperu.com/fr/vilcabamba-valley/espiritu-pampa.html

 

 

 

 

 

Its altitude is of 11,483 feet above sea level, last refuge of the Inca Empire, Vilcabamba was founded by Manco Inca in 1539 and fell to the Spaniards in 1572, signalling the end of Inca resistance to Spanish rule. The city was burned and the area swiftly became a remote backwater of Peru. The location of Vilcabamba was forgotten.

 

 

 

 

The ruins of the city were rediscovered by Hiram Bingham in 1909 in a remote forest site 81 miles west of Cusco called Espiritu Pampa, but he failed to realize its significance, preferring to believe that Machu Picchu, which he also rediscovered, was the fabled ‘Lost City of the Incas’. It wasn’t until the 1980’s, after archaeological work by Gene Savoy and Vincent Lee and research by John Hemming, that Espiritu Pampa was generally accepted as the historical Vilcabamba.

Historical references

The truth is that Espiritu Pampa, constitutes a region that is qualified very high like the last place of the resistance against the invasions of Spain, it was build in the time of Manco Inka, and it was consider a resting place and also known as the last place that the Incas went from the Tahuantinsuyo during 33 years. It was also known as the place were native went to refuge themselves from hard labor.

How do I get to Espiritu Pampa?

You just can reach this archeological place by foot (though an amazing walk), but also you cal get there taking a truck in Quillabamba to San Miguel (10 to 12 hours, locally well-known as Chunquiri). Then you have to hike to the beautiful Concevidayoc Valley among some beautiful mountains.

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Aspects of the topic Espiritu Pampa are discussed in the following places at Encyclopædia Britannica. that Machu Picchu was Vilcabamba, and it wasn’t until the mid-20th century that his claim was seriously disputed. Bingham’s additional work in the region revealed the important sites of Vitcos and Espiritu Pampa, a larger ruin that was thoroughly excavated in 1964 by the American archaeologist Gene Savoy, who demonstrated it to be a more likely site for Vilcabamba. Nevertheless, many sources still follow Bingham’s precedent and erroneously label Machu Picchu as the “lost city of the Incas. “) Evidence later associated Vilcabamba with another ruin, Espiritu Pampa, which was also discovered by Bingham.

Itinerary / Trekking Vilcabamba Espiritu Pampa Expedition

1st day: Cuzco – Chuallcay – Quillabamba
Bus transportation takes to the semi tropical La Convention region. Here we’ll breakfast and rest before continuing to the town of Huanca Calle area where we’ll camp
2nd day: Huanca Calle – Vilcabamba
We begin our trek with visits to the archaeological groups; Ñusta Hispaña and Rosaspata. We’ll notice a great diversity in the ecological zones and pass through the small typical villages of the area. After contacting our muleteers, the expedition continues to the town of Vilcabamba.
3rd day: Vilcabamba – Cedrocasa
Today begins with a climb to Coipaqasa pass 3,696mt-12,122ft, then descend to Cedrocasa. Here we’ll be able to see the village’s daily life and the landscape of the Peruvian Amazon.
4th & 5th days: Cedrocasa – Concevidayoc
The walk is continued on an uneven road parallel to the river Concevidayoc and other creeks. You’ll see abundant vegetation and typical houses of the place area.
6th day: Concevidayoc – Espiritu Pampa – Chihuanquiri
This day this dedicated to arriving to our objective, the archaeological group of Espiritu Pampa.
7th day: Chihuanquiri – Kiteni – Quillabamba
Transport in truck going to the city of Quillabamba. We’ll tour the city and spend the night at an inn.
8th day: Quillabamba – Cuzco
Free morning. In the afternoon we leave for Cuzco, arriving the next day. This program has the level of an adventure expedition and is flexible in campsites according to the physical condition of the group.

ATRACTIVOS NATURALES (PAISAJES): Algunos de los principales atractivos naturales del Perú son mostrados en la  Figura 8.

Incluye las Áreas Naturales Protegidas, cataratas especialmente bellas, cavernas, cañones, “bosques de piedras”, lagos, mesetas y playas. La base de datos geográfica digital que está en elaboración (SEANTEC 2007) incluirá tablas enlazadas con versiones actualizadas de los mapas de las Figuras 7 y 8, conteniendo datos para cada sitio como altitud, ubicación, medios de acceso, pueblo más cercano, y otros.

Itinerary

1st day: Cuzco – Chuallcay – Quillabamba
Bus transportation takes to the semi tropical La Convention region. Here we’ll breakfast and rest before continuing to the town of Huanca Calle area where we’ll camp
2nd day: Huanca Calle – Vilcabamba
We begin our trek with visits to the archaeological groups; Ñusta Hispaña and Rosaspata. We’ll notice a great diversity in the ecological zones and pass through the small typical villages of the area. After contacting our muleteers, the expedition continues to the town of Vilcabamba.
3rd day: Vilcabamba – Cedrocasa
Today begins with a climb to Coipaqasa pass 3,696mt-12,122ft, then descend to Cedrocasa. Here we’ll be able to see the village’s daily life and the landscape of the Peruvian Amazon.
4th & 5th days: Cedrocasa – Concevidayoc
The walk is continued on an uneven road parallel to the river Concevidayoc and other creeks. You’ll see abundant vegetation and typical houses of the place area.
6th day: Concevidayoc – Espiritu Pampa – Chihuanquiri
This day this dedicated to arriving to our objective, the archaeological group of Espiritu Pampa.
7th day: Chihuanquiri – Kiteni – Quillabamba
Transport in truck going to the city of Quillabamba. We’ll tour the city and spend the night at an inn.
8th day: Quillabamba – Cuzco
Free morning. In the afternoon we leave for Cuzco, arriving the next day. This program has the level of an adventure expedition and is flexible in campsites according to the physical condition of the group.

 

http://www.andeanexplorerscusco.com/tour-trekking-vilcabamba-espiritu-pampa-expedition-8-days-7-nights.en.html

 

 

 

 

 

 

 

http://www.peruvia-gallery.com/geography/fig_25_possible_archaeology.jpg

 

 

 

 

 

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Figura 7 muestra la ubicación de algunos de los principales lugares arqueológicos del Perú.  Dado que la zona de interés alrededor de la cuenca del río Ene no ha sido explorada para restos arqueológicas, hemos insertado un signo de interrogación en esta zona (ver sección sobre potencial arqueológico).     www.peruvia-gallery.com/geography/peru_geogra…

 

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  • : cinabrio blog
  • : Ecología y sostenibilidad socioambiental, énfasis en conservación de ríos y ecosistemas, denuncia de impacto de megaproyectos. Todo esto es indesligable de la política y por ello esta también se observa. Ecology, social and environmental sustainability, emphasis on conservation of rivers and ecosystems, denounces impact of megaprojects. All this is inseparable from politics, for it, the politics is also evaluated.
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  • Malcolm Allison H malcolm.mallison@gmail.com
  • Biólogo desde hace más de treinta años, desde la época en que aún los biólogos no eran empleados de los abogados ambientalistas. Actualmente preocupado …alarmado en realidad, por el LESIVO TRATADO DE(DES)INTEGRACIÓN ENERGÉTICA CON BRASIL
  • Biólogo desde hace más de treinta años, desde la época en que aún los biólogos no eran empleados de los abogados ambientalistas. Actualmente preocupado …alarmado en realidad, por el LESIVO TRATADO DE(DES)INTEGRACIÓN ENERGÉTICA CON BRASIL

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